IRÓNICO: ESTAMOS PERDIDOS

Niños-venezolanos

Dante Garnique / @dantegarnique

Antes de desaparecer de la escena, Anunaki gira sobre sí mismo y mirando directamente a la cámara dice: No podréis recuperar el amor que os he arrebatado.¿Quién se encargará de dibujar sonrisas nuevamente en los rostros de niños desnutridos y sin educación? ¿Cómo recuperar la cordialidad, el saludo fresco de la mañana en la vía pública o cualquier antesala?

Lo absurdo encuentra terreno con frecuencia. Llegar en bañador a una entrevista para el cargo de maestra; trajearse de esmoquin si el puesto es de salvavidas en un club náutico. El uso de la Burka un tema de debate, por lo que significa para algunas sociedades insertas en otras donde su uso no significa nada. Un par de insectos que vuelan en una danza incomprensible a primera vista, aves que escudriñan con sus picos el suelo, mientras se rodean entre sí, con movimientos sin ningún sentido aparente.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos.

Lo interesante, es que en todos esos “inexplicables”, está implícito un proceso de comunicación, en el que también se insertan interacciones casi imperceptibles como el intercambio de miradas entre el lactante y su madre, un apretón de manos o una mutua reverencia, la inclinación hacia el sol de esa pequeña planta dentro de la habitación. Se trata de un tramado de códigos, signos y símbolos que tienen siempre algo que decir.

Uno de estos códigos es el lenguaje, que evoluciona al mismo ritmo que el ser humano para adaptarse, por eso la comunicación entre las personas hace 400 años era tan diferente a la que establecemos hoy día, pues se ha hecho necesario encontrar nuevos significantes para nuevos significados. Pero nuestra capacidad va más allá del código lingüístico, hay otros códigos variables y polivalentes que buscan poner orden en el entramado de interrelaciones propias, de otros, entre otros y con otros, pero el asunto es por demás complejo. El mensaje, cuyo nivel más básico se concentra en el lenguaje hablado y escrito, viene empacado en un sinfín de envoltorios con el poder de alterar la codificación y decodificación del contenido.

Por ejemplo, las posturas corporales agregan contenido a una conversación entre dos personas, así como la indumentaria, los colores, el tono de voz, la mirada, el ritmo, las inflexiones. En una época, el púrpura, representaba la majestad; una toga la academia o magistratura; la heráldica, un cetro, una corona o una banda presidencial, el poder. Pero, las cosas cambian. Desde hace bastante tiempo (20 años aproximadamente) en Venezuela, la investidura de los más altos cargos de poder ha sido trastocada.

Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno

Hace 20 años, era difícil imaginarse a un diputado presentando una moción ante el foro asambleario, luciendo camisa con mangas cortas, mucho menos, haciendo uso de un lenguaje llano y ofensivo. Los términos: “La Bicha y La Moribunda”, sustituyeron al de “Constitución Nacional de la República”. Entre “La Dama” y “La vieja esa”, hay demasiadas diferencias aunque el personaje sea el mismo.

Ironico

Hay quienes hablan del Presidente Maduro, quienes hablan del usurpador venezolano y quienes se refieren a él como el dictador de Venezuela. El asunto no es meramente lingüístico, porque ahí subyacen las implicaciones del lenguaje en la conformación de ideas y cultura como elemento cohesionador o de disociación. Es un hecho que el desdén por la investidura y el uso de lenguaje vulgar en el caso venezolano, ha tenido como consecuencia un cambio en la relación ciudadano-Estado.

La política fue (antes de la dictadura Chávez-Maduro) para el venezolano común, una actividad digna. Los líderes políticos de las décadas de los 20’s y 50’s, contaban con el respeto de sus contemporáneos. Fueron esos líderes quienes escribieron la historia venezolana del siglo XX. De hecho, su acción política desembocó en un régimen de emergencia como respuesta a la acumulación de pequeñas fallas que no se corrigieron a tiempo: clientelismo político, populismo, inmediatismo, cortoplacismo, rentismo, provincianismo.

Venezuela abrió sus ojos al mundo y el mundo descubrió a Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX, por su riqueza petrolera. La internacionalización fue resultado de dos hechos fortuitos: el descubrimiento de los yacimientos petrolíferos más grandes del planeta, y al especial atractivo físico de los venezolanos resultado de una mezcla de genes que hace destacar nuestra raza. Pero además, nuestro comportamiento también capturó la atención de muchos. El concepto de amistad del venezolano es único en el mundo, y aunque pareciese irrelevante, esa peculiaridad, habla de nuestra idiosincrasia.

Nuestras relaciones económicas internacionales comenzaron con el intercambio de perlas por objetos carentes de valor comercial entre Caribes y europeos, cuando nadie imaginaba que la riqueza descubierta 500 años más tarde, sería mayor a la de Coche y Cubagua. A pesar de lo siglos, los términos del intercambio siguen dando de qué hablar, como en el caso del embargo de alrededor de 60 toneladas de oro venezolano por parte del gobierno alemán por incumplimiento de pago de compromisos adquiridos en 2016. Un pequeñísimo ejemplo.

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Ahora no son los colonizadores los que sacan provecho, la venta de otras tantas toneladas de oro a Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Dubai, de manera soslayada con intermediación de Uganda, nos da otra pista del tipo de “política monetaria” del narcogobierno, que trastoca todo el deber ser, porque la política es el núcleo de toda sociedad, desde antes de la escritura hasta hoy y lo seguirá siendo mañana; porque ella articula la convivencia, pero en Venezuela, lo del régimen no es la política.

Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX.

El cártel venezolano, es decir, el gobierno en ejercicio ha desarrollado su propio lenguaje “político” y ha redefinido el aparato de poder atendiendo a sus intereses, lo que ha generado en el ánimo colectivo una relación de desapego a la institucionalidad; por no decir una relación de desprecio. Ello implica un ejercicio del poder libre de tutela popular. El krátos venezolano no es, está huérfano de démos.

Lo que existe en Venezuela es un régimen cuyo nombre aún no ha sido escrito. Se trata de una combinación de banda delincuencial involucrada en el negocio internacional de las drogas; pero que se involucraría en cualquier otra empresa ilícita que considerase provechosa. Quizás esto tenga que ver con la procedencia social de la horda que gobierna. Las organizaciones delictivas se fortalecen porque respetan su propia institucionalidad. El narcoestado chavista conducido por Maduro no es ni de casualidad, una organización, es, como ya se dijo, una horda advenida al poder. Probablemente sea eso lo que la conduzca a su destrucción; su nula naturaleza. Su inconsistencia.

Esa es la verdadera razón por la que Venezuela no resurgirá tras la implementación de estrategias de rescate, ya que al parecer, o no hay quien quiera proponerlas o no hay nadie capaz de hacerlo. Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX. El Chavemadurismo naufragará en su propio mar de estiércol.

El Cártel criollo es sólo un puente útil para la mafia internacional. Los mafiosos venezolanos son guapetones de barrio con poder. Lumpen político. Gente que llegó a donde está, por un accidente de la historia, quienes una vez encumbrados, recibieron apoyo de las mafias transnacionales de la política y el narcotráfico. Esa casta vandálica se deja utilizar a cambio de unas migajas del negocio de estupefacientes. Esto nos da otra idea de la “ideología” del régimen.

Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo.

Así que la propuesta de realizar elecciones en Venezuela solo obedece a una de las siguientes razones: Se es cómplice de la dictadura; se desconoce el problema; se conoce el problema pero se ignora porque produce beneficios; o finalmente no existe el problema. Lo cierto es que la transición venezolana no es institucional, sino cultural. No se trata de cambiar un gobierno por otro, sino de reconstruir las instituciones, la idiosincrasia, la identidad nacional, sin tomar esto en cuenta una la propuesta electoral pierde sentido.

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Estamos en la era de la revolución digital y el mundo de los valores está siendo reseteado, estamos en proceso de reprogramación. Izquierda, derecha, comunismo, socialismo, democracia, nación, Estado, familia, son todos conceptos sometidos a revisión y actualización. Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno.

Veámoslo desde una perspectiva postmodernista: el New Age. Los seres humamos proyectamos lo que pensamos, las energías deben ser canalizadas apropiadamente, tenemos que enriquecer nuestro mundo interior. Toda crisis es una oportunidad, hay que ver el lado positivo de las cosas. En consecuencia, el universo nos está dando la oportunidad de replantear el concepto de gobierno. Colocarnos a la diestra histórica de Atenas.

Los más escépticos, pueden ver el asunto desde otro punto de vista. Quizás la solución al problema venezolano no se ha encontrado, porque está siendo abordado a partir de una falsa premisa, quizás en Venezuela no exista ningún problema ni nada que reparar, quizás con un llamado a elecciones todo se resuelve. Quizás la venta de oro haya sido la decisión económica más acertada del “conductor” del régimen. Quizás los tres millones y medio de venezolanos que han salido del país, lo han hecho bajo los auspicios de George Soros, y quizás los índices de desnutrición, prostitución infantil y deserción escolar, son producto de una guerra mediática. Irónico. Absurdo.

Es posible que tras nuevas elecciones en Venezuela, toda duda sobre la viabilidad de la democracia desaparezca. Quizás, tras nuevas elecciones, resurja la empresa petrolera más poderosa del planeta, y los Guerreros del teclado, que viven privilegiadamente en el exilio, cual Avengers, o GOT, dando lecciones de “Real Politik” muy necesarias para comprender lo que sucede en Venezuela, descubran que todo es una cyber ilusión.

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Probablemente, después de las elecciones, sea conveniente convocar a una consulta popular para revisar la Constitución y entonces ajustar, entre muchas otras cosas, los períodos presidenciales, para que así, dentro de cuatro o cinco años, dependiendo de la nueva reforma, se pueda convocar a nuevas elecciones, ajustadas a la nueva constitución. En el ínterin, Venezuela se habría procurado el lugar que le corresponde en el siglo XXI. Sí, sería cuestión de uno o a lo sumo, dos períodos presidenciales el tiempo requerido para sacar al país del laberinto en el que se encuentra.

Definitivamente, esta es la solución a los problemas de Venezuela: elecciones periódicas. Campañas electorales, candidatos abrazando niños y ancianos. Esperanza, mucha esperanza y mucha fe. Lo más importante ya se ha logrado: demostrarle a la comunidad internacional que no se requiere de ayudas externas.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos. Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo. Si a los Estados Unidos se le ocurre interesarse por comprender por qué hay tanto ruido en la encrucijada de América, Stanley Kubrick, se lo podría explicar.

En Venezuela ya no vuelan mariposas amarillas. Ya no quedan más jardines. Ya no se escuchan risotadas en los parques. ¿Qué es un parque? ¿Qué es un niño feliz? ¿Dónde vive la inocencia? Hace tiempo ya la gente no se saluda con gentileza, ni siquiera se saluda. Se nos rompió el amor y nadie parece darse cuenta, sólo los anunakis.

Lunes 22.06.2019
A Nicole Mary Kidman.

4 comentarios sobre “IRÓNICO: ESTAMOS PERDIDOS

  1. Genial escrito, por lo menos sabemos q la implosión criolla se dará y solo entonces comenzaremos a re-construir mi amada Venezuela, por lo pronto mantengamos viva la esperanza, tiempo mejores vienen!

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  2. Gracias por esta publicación. Excelentes análisis, ilustra claramente acerca de la corrupción y sus impunidades, y que ya rebasó los niveles de tolerancia para poder cumplir con el bienestar de todos los ciudadanos y su progreso como país.

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