LETANÍA DE 360 GRADOS

 

Giro 360 grados

Belén González

Hace mucho que no puedo dormir tranquila, me despierto de madrugada, por lo general a la misma hora y me quedo en la cama inmóvil sometida por pensamientos oscuros, negativos, mecánicos, repetitivos, en fin, lacerantes.  Busco refugio en la oración, pero la mente se empeña en torturarme con asuntos que no puedo cambiar en lo inmediato, especialmente los tropiezos económicos, la falta de estabilidad, la situación de mi país, tanta gente que quiero pasando necesidades.

Lo cierto es que, usando el argot militar, el cansancio es la divisa en mí día a día.

Ante una condición que pareciera permanente, no me ha quedado más remedio que aprender a vivir con el desasosiego, convencida de que es una situación propia en la vida de todo inmigrante que ya en los cincuenta busca reorganizarse, con la duda constante de si está viviendo o simplemente sobreviviendo ante las circunstancias.

Según los especialistas el cansancio es un asunto normal producto del aburrimiento, la infelicidad, la desilusión, el hastío, la falta de sueño o el exceso de trabajo, y que desaparece después de un periodo adecuado de descanso. Ese no es mi caso, pues mi letanía de pensamientos insanos solo da giros de 360 grados.

Leo un poco más y descubro  entonces que existe un cansancio patológico, anormal y desproporcionado que pareciera irrumpir de manera sorpresiva, pero no es así. Se le conoce como  fatiga y  provoca dispersión, pereza, falta de atención… pero lo más grave es que disminuye nuestra capacidad resolutiva, y nos envuelve en una actividad mental estéril y agotadora. Se acerca a lo que siento, pero falta algo.

Como en el caso de prácticamente cualquier individuo en el planeta, por mi mente pasan  unos 50.000 pensamientos al día, solo que más del 50% son negativos a pesar de mi empeño en llevarles la contraria y a la certeza de que estos no llevan a ninguna parte.

Tras cinco años de lucha cotidiana buscando razones para sonreír, ser agradecida, rendir en el trabajo, inventar nuevos proyectos y superar las pequeñas montañas que me impone la cotidianidad, lo cierto es que la constancia de los problemas a mi alrededor y las ideas turbias que no me abandonan están mermando mi optimismo; eso sin contar a la gente negativa y toxica que encontramos en cada esquina.

Por eso estoy convencida que justo ahora me enfrento a algo más que lasitud, fatiga o tristeza. Investigue, porque sé que esta sensación profunda de desasosiego no me afecta solo a mí, sino a muchos que, al igual que yo, se vieron obligados a dejar la Guarapita de parchita de Choroni, por sabores nuevos, que aunque buenos, no se parecen en nada a la fraternidad con los panas en territorio venezolano.

Fue así como descubrí que el siguiente escalón en esta sensación de que solo tengo problemas es una variedad de depresión endógena, una cosa sencilla y compleja al mismo tiempo: una profunda melancolía, que te mantiene circulando hasta el infinito es lo negativo de la vida si no tomas las medidas necesarias.

Confieso que me asusté, porque el hecho de que mi cuerpo no me está dando la serotonina que necesito (así se llama la hormona de la felicidad), puede llegar a ser un problema grave.  Pero cuando me sinceré con la realidad y abandoné  la lectura científica, me tocó asumir que en realidad  no he superado del todo ese proceso de adaptación a los cambios. Extraño a mi familia, a mis amigos, mis costumbres, mis rutinas, mis facilidades, en fin, mi pasado.

Si vas a un médico, puede que decida mandarte un antidepresivo, pero eso no va a equilibrar tu química cerebral para siempre, por lo que siendo más naturista y orgánica, lo indicado es aceptar que la verdadera solución, en este caso, está en asumir que lo que deje atrás ya no es y nunca será lo mismo.

Mi familia y mis amigos, en su mayoría, también se han tenido que ir, muchos de los lugares que frecuentabas han cerrado ante la crisis económica del país, si estuviera allá seguramente me tocaría someterme a la aberración de sacar un carnet de la patria, y el sueldo no me alcanzaría para pagar aquellos pequeños placeres de antaño, como un masaje de Nadia o visitar un restaurante distinto cada domingo.

Ser sincera con lo que siento, me funcionó porque me dio la oportunidad de ver que esta nueva vida, lejos de mi tierra y del espacio en el que me sentía cómoda y segura, está llena de experiencias, de vivencias que no habría tenido si mi mundo no hubiese cambiado tan drásticamente.  Así que he decidido transfigurar mi perspectiva y visualizar  una oportunidad de aprender más, de ser mejor en muchos aspectos, de interiorizar que la edad es un asunto bastante mental, y de aceptar genuinamente que mi fe, mis capacidades y  mi fortaleza  son mucho más grandes de lo que creía.

La melancolía siempre van a estar por ahí, pero al igual que pasa con el miedo, lo importante es decidir si te hunde o lo usas como impulso. Al final de toda esta disertación que me sirve de catarsis, te confirmo que los problemas se harán presentes, aquí, allá y en cualquier lugar; que nunca dejaras de extrañar lo que amas; y que la oportunidad de descubrir nuevos sabores, amores o dolores, te recordará que sigues sintiendo, que sigues vivo más allá de esa odiosa e insidiosa sensación de pérdida.

No es un camino fácil, pero es posible, generaciones lo han hecho antes que nosotros, es cuestión de darnos la oportunidad. Piénsalo al seguir girando contantemente 360 grados siempre llegaremos al mismo sitio.

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