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Discriminacion

Belén González / @mbelengg

Nuestra historia, como entidad social, ha estado marcada por un sentimiento negativo que nos degrada y que no hemos sabido manejar: el odio, una mala semilla que al florecer saca lo peor de nosotros. Es como si nuestra humanidad -termino derivado de la palabra latina humanitas y que hace referencia a esa facultad intrínseca del hombre de comprender, sentir afecto y demostrar su solidaridad con otros-, se diluyera hasta desaparecer.

Al parecer, el odio nos convierte en individuos violentos que activa o pasivamente califican, humillan y atacan a quienes consideran inferiores. Una de las más recientes muestras de lo que ese sentimiento negativo es capaz de hacer, rompió el incómodo limbo que produjo el Coronavirus, para dejar en el reloj y el corazón una marca que recuerda muchas viejas heridas. En 8 minutos y 46 segundos, un hombre de color, un estadounidense llamado George Floyd, murió mientras un grupo de policías se arrodillaba sobre él, no en una plegaria, sino en una aberrante muestra de violencia injustificada contra otro ser humano.

… el odio hace crecer el odio, la violencia sólo genera más violencia, y la discriminación daña los cimientos de lo que realmente somos.

Lamentablemente, nunca hemos sido tolerantes, la historia de la raza humana, en prácticamente todas sus culturas, confirma que la transigencia y el sentido común son bastante escasos. Por lo visto, resulta más fácil etiquetar a las personas según su color, su cultura, su creencia, sus sentimientos o sus valores, que aprender a convivir con nuestras ¨diferencias¨, lo cual nos hace responsables de esa forma de violencia que llamamos discriminación.

El racismo, la xenofobia, el antisemitismo, la islamofobia, la homofobia y la aporofobia son sólo algunas de estas etiquetas, pero los epítetos son muchos porque también discriminamos a los que viven en la calle, a los analfabetas funcionales, a quienes padecen enfermedades como lepra, sida o vitíligo… en fin.

Habría que preguntarse, para hacer un autoexamen de conciencia, y mire que todos lo necesitamos, por qué caemos en el juego al pensar, por ejemplo, que todos los judíos son avaros, que todos los latinos saben producir y traficar drogas, que todos los inmigrantes son indocumentados, que todas las personas de color son pobres, que todas las mujeres son pésimas conductoras, que todos los minusválidos son una carga, que todos los sacerdotes son pederastas.

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Qué daño nos hace esa tendencia a generalizar y esa bizarra costumbre de pasar de una generación a otra tabúes sociales, en lugar de hacer crecer lo bueno que como humanidad hay dentro de nosotros. Es cierto que hay gente mala per se, pero también es verdad que hay personas buenas, nobles, inteligentes, sensibles y dispuestas a ayudar.

Unas cuantas manzanas podridas no provocan la pérdida de una cosecha completa, lo que si hace un daño irreparable es el gusano del odio que corroe a veces de forma incontrolable una vez que crece dentro de nosotros.

…resulta más fácil etiquetar a las personas según su color, su cultura, su creencia, sus sentimientos o sus valores, que aprender a convivir con nuestras ¨diferencias¨…

No somos iguales, pero tampoco somos tan diferentes. Los sentimientos, necesidades, obligaciones o responsabilidades de las personas con determinado color de piel, que forman parte de una etnia, que decidieron tener una identidad sexual distinta, que profesan una religión o que pertenecen a una organización política, son las mismas que para el resto, hay que educarse, trabajar, amar, ser buenos hijos y padres, honrar la palabra, ser rectos y honestos.

Aquellos que se sienten o se han sentido superiores están equivocados, nada los capacita para juzgar a otros y su intolerancia es la muestra palpable de su ignorancia. Discriminar es una idea nociva que perpetúa la desigualdad en todo el planeta. Cambiar las cosas pasa por ser responsables de nuestras acciones y sentimientos, el odio hace crecer el odio, la violencia sólo genera más violencia, y la discriminación daña los cimientos de lo que realmente somos.

La humanidad está herida, pero aun podemos rectificar, los retos que nos esperan seguramente nos podrán a prueba y para seguir avanzando; todos somos necesarios. Cómo me gustaría que pusiéramos el cronometro en cero (00:00:00), no para olvidar, sino para que a partir de ahora, no exista una medida de tiempo capaz de dar valor a una vida.

AHÍ VIENE LA OLA

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Belén González / @mbelengg

Hace unos meses nuestra cotidianidad cambió tan repentinamente que nos tomó unos días darnos cuenta; aprendimos y comprendimos de un sólo golpe lo que es una pandemia. Algunos tuvieron la suerte de mantener sus trabajos, aunque operando desde casa, a otros les tocó una reducción de jornada laboral, y los menos afortunados, se quedaron sin nada de la noche a la mañana. Los niños dejaron de ir a la escuela y los jóvenes a la universidad. La rutina diaria dejó de ser lo que era. En algunos casos hubo caos, y en otros, una inesperada oportunidad de reconectarse.

Cada uno ha vivido y convivido con el llamado enemigo invisible como ha podido y hay tantas experiencias como personas en el planeta. Están los que enfermaron, los que murieron, quienes perdieron a alguien querido, o los que se quedaron encerrados para protegerse; también los que creyéndose invencibles decidieron ignorar las recomendaciones, y los que tenían que salir cada día a cumplir su deber para que todos los demás estuviéramos bien, en la medida de las posibilidades.

ni siquiera los científicos, tienen certeza de si tendremos que pasar por esto de nuevo.

Ahora bien, el denominador común entre todos a lo largo de estos días, ha sido más que la incertidumbre, el temor a formar parte de las estadísticas; y aunque la situación tiende a mejorar, esa sensación perturbadora sigue latente ante la posibilidad, aparentemente real, de que tengamos que vivir todo de nuevo. Sí, hablo de la llamada segunda ola, esa que nos amenaza con nuevos contagios, más peligrosos, más mortales.

Y, a sabiendas de que a lo largo y ancho del planeta los fallecidos se cuenten por centenas de miles, la realidad resulta tan escalofriante que el sólo imaginar que podría pasar de nuevo, nos aterra. Pero resulta que los virus son así, venáticos, insistentes, molestos. Lo han demostrado a través de varios siglos, al irrumpir en la vida diaria, causar estragos, desaparecer y regresar, en algunos casos con más fuerza, aunque también están los que deciden quedarse con nosotros para siempre.

Hace un siglo, tres pandemias pasaron dejando tras de sí muchos cambios, y no todos de un sólo golpe. En 1918 la gripe que asoló la primavera, regresó en el otoño más mortífera que nunca y, después de una aparente calma, repuntó en el invierno de 1919. La llamada gripe asiática de 1957 se enmarcó en tres oleadas que insidiosas martirizaron a la población hasta bien entrado 1959. Y apenas un año después de mi nacimiento, en 1968, dos olas de la llamada gripe de Hong Kong atacaron con fuerza.

… el escenario que nos proporciona más tranquilidad es que, como parte de su mutación, se vuelva un elemento con el que podamos convivir sin mayores riesgos.

Además de los de aparición repentina, están los que a través de las mutaciones se acomodan para instalarse entre nosotros como la que ahora llamamos gripe estacional, para la cual no hay una vacuna, porque no deja de mutar.

Pero volviendo al tema que nos compete, la llegada de una segunda ola de Coronavirus, lo importante es tener claro que nadie, ni siquiera los científicos, tienen certeza de si tendremos que pasar por esto de nuevo. Lo único que está claro, es que nuestro futuro dependerá de tres variables: la primera, de cómo se comporte el virus; en segundo lugar, de nuestra capacidad para hacernos inmunes y, finalmente, de que hayamos aprendido la lección y lo importante de cuidarnos.

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De momento, la salida no es la tan esperada inmunización, porque elaborar una vacuna es un proceso largo y delicado, y si llegamos a tener una pronto, algunas interrogantes surgen: si habrá dosis para todos, los países pobres tendrán acceso, estaremos a tiempo. Porque esta tragedia llamada Coronavirus nos trajo problemas de salud, sociales, económicos y hasta políticos, porque se trata de una situación global que cada nación está enfrentando como puede, y lo cierto es que son muchos los que prácticamente no pueden. La desigualdad en el mundo está hoy, y gracias a esta pandemia, más latente que nunca.

La llamada inmunidad de grupo, con la que muchos están contando tampoco es una realidad comprobada científicamente, y si bien se han probado varios fármacos, ninguno en particular ha demostrado ser un tratamiento completo y eficiente.

Dicho todo esto, sólo podemos hacer inferencias de nuestro futuro inmediato. La primera, que el COVID-19 seguirá importunando nuestras vidas y que este próximo invierno podría estar marcado por una nueva visita del virus y de sus subproductos, el confinamiento y la paralización.

La llamada inmunidad de grupo, con la que muchos están contando tampoco es una realidad comprobada científicamente…

Otra posibilidad es que a lo largo de 2021 vivamos no una, sino varias nuevas olas, o en su defecto, pequeños brotes, quizás menos agresivos y más controlables dependiendo de lo que ya se haya aprendido del virus. Y finalmente, quizás el escenario que nos proporciona más tranquilidad es que, como parte de su mutación, se vuelva un elemento con el que podamos convivir sin mayores riesgos.

Lamentablemente, el Coronavirus nos atacó a todos, hayamos enfermado o no, nos mantiene atados, nos ha dejado sin aliento porque además de afectar los pulmones, desestabiliza la mente, las emociones. A su alrededor, la única certeza es una enorme interrogante. En lo personal, pensar en la posibilidad de una segunda ola, me remite de inmediato a una de esas frases célebres y llenas de sabiduría de mi abuela: “más vale paranoico que pendejo”, usted, interprétela a su gusto.

INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA DELINCUENCIA

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta 

Hablar de delincuentes y Gobierno en Venezuela, es prácticamente redundar. Lo primero que quiero aclarar es que dije Gobierno, para que se entendiera la premisa, pero a partir de ahora las cosas por su nombre: RÉGIMEN DICTATORIAL o NARCODICTADURA. El punto es que el esquema delincuencial que se ha tejido durante las últimas dos décadas, lógicamente con auspicio del innombrable y repotenciado por su heredero, ha dado frutos; no favorables para el país, claro está, sino para el régimen dictatorial que, aprovechándose de sus viles estrategias, ha convertido a la nación en una cantera de malandros, a quienes organiza, adiestra y auspicia, dentro y fuera de las cárceles. Entiéndase, la delincuencia es una institución, es un Estado mafioso. 

Hablar de pranes -una palabra también institucionalizada en las cárceles venezolanas, y de uso exclusivo del país que tuvo su génesis en el mandato de Chávez-, es hacer alusión al liderazgo que sostienen, algunos individuos entre sus iguales, en los centros de reclusión. El tema se ha vuelto tendencia no sólo en redes sociales, sino en la cotidianidad de nuestras vidas, en especial, en los últimos días cuando Petare está como Troya, ardiendo a punta de balas de muy alto calibre, “para capturar a un pran de calle”. Y por aquí viene el asunto.

Parece que uno hablara de lo mismo cuando se refiere a malandros y ministros, delincuentes y gobernadores, narcos y presidente…

Resulta que extraoficialmente, la palabra PRAN, tiene una escalofriante connotación. Se emplea para identificar con cada una de las letras que la componen, como si se tratase de un acróstico, lo siguiente: P de preso, R de rematado (*), A de asesino y N de nato. En palabras simples, un pran, es aquel que se encuentra recluido en una cárcel, ha sido o es rematado, y aún más horripilante, se concibe como un asesino nato; es decir, nació siendo un asesino. Visto así, quiere decir que no tiene escrúpulos ni sentimientos de moral al momento de ejecutar o quitarle la vida a otra persona. ¿Me van siguiendo?

Por tanto, por más que uno se niegue, al entender esto de robar vidas sin pudor, se termina pensando en quienes han estado a la cabeza de las instituciones venezolanas en los últimos 21 años, es el mejor referente. Allí están, todos sin excepción, en el banquillo de los acusados, porque la responsabilidad pesa sobre sus hombros, ante las más de 300 mil personas que han perdido la vida en manos del hampa desde 1998. En una suerte de avalancha recuerdo a ministros de Interior y Justicia, de Asuntos Penitenciarios, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía General, los cuerpos de seguridad y un largo etcétera.

Asimismo, en este desfile se pasean nombres como el de Lina Ron, “El Pollo” Carvajal, Valentín Santana, los colectivos (Tupamaros, Carapaica y La Piedrita), por su complicidad en la constitución de lo que bautizaron como “el brazo armado de la Revolución”, hoy, los dueños de las calles del país. Son la ley, al mejor estilo de Juárez y Sinaloa. Parece que uno hablara de lo mismo cuando se refiere a malandros y ministros, delincuentes y gobernadores, narcos y presidente, y así sucesivamente; caimanes de un mismo pozo diría mi abuelo. Ha surgido una estrecha vinculación a tales niveles que, por ejemplo, la propia ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela, sostiene una relación casi íntima con pranes de diferentes centros de reclusión, con quienes se le ha visto retratada con un áurea de amistad y cercanía inusitados. Ella junto a Tareck El Aisami, conjugan un duo más que dinámico, yo diría, explosivo.

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Por donde uno se asome para tratar de comprender lo que ocurre, se tropieza con el horror. Lo de Petare, pudiera uno creer que es la gota que ha rebozado el vaso, pero esa agua se ha derramado hace bastante; lo que ha cambiado en este caso, es la manera en que se va fraguando todo. El cabecilla de una banda de delincuentes del segundo barrio más peligroso de América Latina, ha retado y burlado al sistema de seguridad venezolano. FAES, CONAS, CICPC y GNB, hoy son un todo, muy cohesionado intentando eliminar y silenciar a “Wilexis”, quien ha demostrado ser un “duro de matar”, mientras ofrece declaraciones, amenazas y gira instrucciones vía Twitter. Este conflicto armado que comenzó con supuestos enfrentamientos entre grupos criminales -en medio de la cuarentena por el COVID-19 y la escasez de gasolina-, ha dejado en evidencia lo que fueron secretos a voces en la opinión pública nacional e internacional.

Por una parte, que el confinamiento no reduce el nivel de criminalidad imperante en la Gran Caracas, donde cohabitan las denominadas “Zonas de Paz” bajo el estricto control del pranato; además, se muestra claramente el arsenal que disponen, por cuanto desde hace una semana, en las redes sociales, audios y videos dan cuenta de detonaciones de armas automáticas; así como ráfagas de disparos al aire, fogonazos de metralletas, acompañados de la inevitable angustia que los propios residentes del barrio José Félix Ribas y de urbanismos cercanos denuncian a medias. ¿Cuánto tiempo tardó el régimen en pronunciarse al respecto? Al parecer estaban demasiado ocupados por atrapar a tres “pelagatos” involucrados en un supuesto golpe ideado desde tierra estadounidense, cuya entrada al país tendría como escenario algunas playas venezolanas, a bordo de unos peñeros.  Acaba uno por concluir que todo ha sido planificado con saña y alevosía.

Paradójico resulta además, que el régimen emita ahora orden de aprehensión a unos sujetos implicados en estas operaciones fantasmas, mientras la sombra de una orden de captura con recompensa incluída de manos de las autoridades de EEUU, les persigue. Parece el cuento del gallo pelón.

…el confinamiento no reduce el nivel de criminalidad imperante en la Gran Caracas, donde cohabitan las denominadas “Zonas de Paz” bajo el estricto control del pranato…

Ahora bien, es más que evidente que les ha salido el tiro por la culata, porque son esos mismos delincuentes de barrios,  quienes en su momento, han formado parte de grupos represivos que en diversas manifestaciones se han encargado de asesinar a jóvenes estudiantes y de delinquir a sus anchas; sin embargo, parece que la tortilla se les ha volteado y el perro ahora muerde la mano del amo. Detrás de este crucial y magnánimo operativo peinando todo Petare con tanques de guerra incluídos -que se ha llevado a su paso la vida de inocentes-, debe esconderse una tramoya de dimensiones inimaginables.

Es muy sencillo, matemática simple. Cualquiera que haya formado parte de este régimen, aunque ahora se presente como víctima o mansa ovejita (Ortega Díaz, Rafael Ramírez, Juan Barreto, Gabriela Ramírez, entre muchos), debe tener el mismo talante y haberse prestado para su juego sucio. Una persona honesta y comprometida con el país, jamás podría coincidir en el mismo partido de fútbol, para defender la misma camiseta junto con los cabecillas de cárteles de drogas, que han confinado al país -no por causa del Coronavirus precisamente-, a merced de paramilitares, guerrilla, colectivos, pranes y narcotraficantes, valga la redundancia, del Gobierno.

 (*) Rematado: Se refiere a los reclusos que ya han sido condenados con sentencia firme por un tribunal de justicia.

RATATOUILLE III/III

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Dante Garnique / @dantegarnique

Aparte de las arepas con mantequilla y queso blanco rallado, acompañadas con una tasa de café con leche batido en la licuadora, de preferencia en la casa de Ocumare de La Costa, el Ratatouille, es mi comida favorita.

La Señora Olga nació en 1920, a los 5 padeció poliomielitis y eso dejó su huella como una firma personal. Ella fue mi casera durante los años universitarios. La tarde que la conocí, me ofreció una taza de café con una y media cucharaditas de azúcar en el recibo de su apartamento en el Bloque 17 de Ruiz Pineda. Decía ser familia de Francisco Narváez, de lo que se sentía orgullosa, de eso y de su orientalidad, era margariteña. Yo  iba cargado con dos maletas, una de ropa y la otra, la conservo, estando en el exilio. La conocí por medio de mi Tía Aura, quien vivía en el Bloque 24.

Ella era la señora regañona del Bloque, los niños la respetaban, le temían y era poco querida. A causa de la hipertensión arterial, sólo veía por el ojo derecho. Era diabética, apasionada de las orquídeas y observaba un, para mi edad, riguroso régimen dietético.

Años más tarde, vino la producción de los Estudios Pixar, bajo la dirección de Brad Bird, y hasta entonces no sabía que había comido muchas veces Ratatouille.

En las ventanas del apartamento florecieron durante algún mes de mayo, más de veinte orquídeas simultáneamente. Rojas, como su apellido, moradas y amarillas. Aunque le parecían muy “chinchosas”, también cultivaba violetas, de las cuales una vez me robé un pequeño ramillete y se lo regalé a la mujer más bella del universo de 1981, sólo porque era mi compañera de clases.

De los Narváez, solía decir, le provenía la vena artística y su bohemia, diría yo. Ella me tomó de la mano y me paseó por la Caracas del esplendor cultural, el Teresa Carreño, las Salas Ríos Reyna y Rajatabla. Me dio a conocer a Pirandello, también el teatro de pacotilla. Me enseñó a apreciar la personalidad sobre el podio, de José A. Abreu, Eduardo Marturet y a disfrutar de la voz de María Rivas. Me mostró el Museo de Bellas Artes y me llevó a las funciones de la Cinemateca Nacional y me enseñó a leer a Cabrujas cada domingo. Juntos disfrutamos de conciertos de la Camerata Barroca, de laúd o clavecín.

Junto a la Señora Olga me tocó vivir mi primer toque de queda en Venezuela, luego de El Caracazo. De camino de la Universidad al apartamento, en la estación de Plaza Venezuela, tomada militarmente, me interceptó un raso de unos 19 años a lo sumo, con un arma que medía algo más de un metro, diría yo. Me pidió que vaciara mi morral, verde campaña, y lo primero que rodó por el suelo del andén fue mi envase de tinta china, ante cuyo desconocimiento, el efectivo castrense casi pierde el control, por lo que de modo compulsivo, puso arma en ristre. Con la velocidad del rayo, antes de que el aturdido mozalbete accionara su violencia sobre mi, vacié el contenido de la botellita de Pelikan sobre el piso y le mostré mi pluma fuente que lancé a un lado. Por suerte hoy puedo narrar el incidente.

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Los sábados ella cocinaba para toda la semana. Arroz sin sal, con dos dientes de ajo y “Potage”. Lo hacía porque la rutina diaria no le daba tiempo a otra cosa, su jornada laboral comenzaba a las siete, y debía tomar el transporte de las seis. Las colas en las paradas caraqueñas a las seis de la mañana en ese entonces, eran como las colas para comprar gasolina en el 2020. Era telefonista en el Hospital Materno infantil de Caricuao.

El potage consistía en una cantidad de legumbres cocidas a fuego lento en una cacerola tapada, durante unos 45 minutos o poco más de una hora, con un poco de aceite de olivos y algunas hierbas, nada de sal. Eso se convertía en nuestros almuerzos por al menos tres días de la siguiente semana, eso y un poco del arroz con ajos. Esa fue la primera versión del Ratatouille que conocí. Años más tarde, vino la producción de los Estudios Pixar, bajo la dirección de Brad Bird, y hasta entonces no sabía que había comido muchas veces Ratatouille. Desde entonces hasta la fecha he puesto en práctica la elaboración de mis propias versiones del platillo.

A Belén le debo el gusto por la música, las flores en la casa y la cocina. Una vez le pedí que me escribiera la letra de “El Día que me Quieras” y la cantábamos juntos. Luego le pedí que me enseñara a preparar su inigualable pasticho o lasaña. No he logrado hacerlo como ella, y probablemente no lo volveré a degustar por culpa de la dictadura y el exilio.

Si en algún momento de mi vida vaciaba los platos de mis compañeros de mesa, hoy procuro llenarlos y compartir con quienes la vida ha sentado a mi lado en el devenir de esta dimensión. Por eso hoy comparto con ustedes mi versión del Ratatouille:

Necesitarás un molde redondo para hornear, de 24 cm de diámetro por 3 de alto. Igual, puedes utilizar una olla con tapa con suficiente capacidad para la cantidad de ingredientes, que merman en un 30% aproximadamente. 

Ingredientes:

Una botella de vino blanco.

37 grm. de pimentón rojo asado

20 grm. de pimentón amarillo asado

30 grm. de ajo picado lo mas pequeñito posible

22 grm. de cebolla también picada muy finamente

164 grm. de tomate pelado, despepitado y cortado en cuadritos pequeños

765 grm. de tomates en ruedas de unos 4 milímetros 

225 grm. de calabacín en ruedas de unos 4 milímetros 

261 grm. de berenjenas rebanadas de similar diámetro a las ruedas de tomate y calabacín.

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Aceite de olivos. Aceto balsámico. Azúcar, sal, romero fresco, de preferencia. Tomillo fresco, de preferencia. Hierbas de Provenza. Orégano, opcional (yo no lo uso pero la receta original lo incluye) Albahaca, opcional, yo no la uso, pero la receta original la incluye. Las hierbas de Provenza contienen orégano y albahaca.

4 cucharadas de salsa de tomate.

Papel para hornear suficiente para cubrir el molde, o en su defecto, papel de aluminio.

Las versiones mas clásicas indican que para el Ratatouille, los ingredientes deben cocerse por separado. Esto da un poco más que hacer, pero como tú tienes una botella de vino que te acompaña y buena música de fondo, esto no es inconveniente.

Lo que debes hacer inmediatamente después de tu primera copa, es envolver los pimentones en papel aluminio y hornearlos a 120 grados centígrados durante unos 20 minutos o hasta que sientas el olor de pimentones asados en tu cocina, esto sucederá aproximadamente cuando te vayas a servir la segunda copa.

En sartén caliente con unas tres cucharadas de aceite de olivos, transparenta las cebollas, pero a mitad de la cocción incorpora los ajos. Los pimentones ya están asados y deberán ser despojados de esa fina membrana que los recubre. Trocéalos e incorpóralos al sartén junto con la cebolla y el ajo. Agrega ahora el tomate en cuadritos, regula su acidez con un toque de azúcar y algo de ketchup. Coloca unas ramitas de romero que sean fáciles de retirar al final de la cocción, una y media cucharaditas de café, de tomillo y si lo tienes al alcance, una cucharadita de café, de hierbas de Provenza. Si  lo deseas, puedes agregar sal a tu gusto, yo lo prefiero sin sal.  El resultado debe ser una mezcla algo rústica, cuya humedad irás ajustando con unas cucharadas de agua a medida que la cueces si la salsa lo va requiriendo. Debe estar húmeda pero no líquida . Prueba la sazón y no te olvides del vino.

Cubre el fondo del molde redondo con la pasta de tomates que ha resultado después de unos 25 minutos de cocción y retira las ramitas de romero. 

Viene ahora un paso que puede ser obviado si optas por una olla en lugar del molde redondo. En el primer caso (olla), la diferencia es que no tendrás que tomarte el trabajo de cortar en rodajas berenjenas, calabacín y tomates, sino que podrás cortarlos en trozos de entre 50 milímetros o un centímetro e incorporarlos en tu cacerola, mezclándolo todo con la pasta que has preparado y lo vas a cocinar a fuego bajo durante tres cuartos de hora o una hora y cuarto, el vino te lo dirá; removiendo de cuando en cuando.

En el segundo caso, ordena rodajas de berenjena, calabacín y tomate, de manera repetida y ve acomodándolas en el molde de forma ordenada, parados de canto, hasta llenar todo el molde. No te estreses, el vino también te guiará en este proceso, la idea es que al final, se aprecie dentro del molde una especie de caracola de colores. Con un poco del aceite, elabore una emulsión con algo de azúcar, hierbas de Provenza y aceto para barnizar tu caracola. Horno precalentado a 120 grados, cubierto el molde con papel para hornear o de aluminio durante una hora. Retira el papel y hornea otra media hora.

El Ratatouille funciona como guarnición para carnes y pescados, también  para rellenar un buen panecillo fresco, a modo de sanduche. Para mí, es un plato principalísimo. Buen provecho.

Sábado 02.04.2020

A Rosaura.

RATATOUILLE II/III

 

169b378d6c0ab2bf8a0a679518ee6e96Dante Garnique / @dantegarnique

Una vez, navegando en aguas de Heráclito, a un reducido grupo de amigos, le tocó compartir el resultado de la quinta tarde de ocio dominguero (26.04), de la cuarentena de 2020. Sobresalió una foto de unos espárragos con lomo de cerdo ahumado. Se trataba de una Ensalada Tibia de Espárragos y Cerdo. Esa tarde decidieron reunirse para pasar el rato. Unos desde Madeira, otros desde los Estados Unidos y algunas otras partes del mundo. Video llamadas, fotos, en fin, una de esas divertidas reuniones cibernéticas que han aprendido a disfrutar los venezolanos en el exilio, a causa de una de las más perversas dictaduras de la historia de la humanidad: El Narcorégimen chavomadurista, instaurado en Venezuela desde 1999.

Habiendo decidido no hablar en público sobre el tema de la comida, ni de cuánto habían engordado durante el tiempo de reclusión, para no ofender a coterráneos muriendo de hambre y de miseria, por la misma razón, la Narcocracia venezolana, de pronto aparece la disyuntiva de callar o hablar.

Los participantes de aquella reunión digital habían tenido la fortuna de vivir en el destierro, por lo que no los hería el tema de las recetas o las costumbres gastronómicas de los países de adopción, cosa que sí hubiese sucedido si semejante tertulia, hubiese sido compartida entre familiares y amigos que aún vivían confinados, en la capital del país con las reservas petroleras más grandes de la humanidad; acabándose en la miseria, la desidia y con el estómago pegado al espinazo, porque hasta el agua potable hay que administrarla con criterio de escasez en la tierra de Simón Bolívar.

En Venezuela, si alguien fuese tan afortunado de tener un empleo, percibiría mensualmente, cuatro euros, a partir del primero de mayo…

Por conocer “el cebo de mi gana’o”, dijo uno de los ciberamigos, vendría bien hacer algunas precisiones con respeto a una receta que pudiera parecer pomposa y hasta algo presumida, cual quimbombó, según versión del poeta.

Comparó entonces la Ensalada Tibia de Espárragos, con un plato de corocoro frito con yuca salcochada. Y es que en Alemania, por ejemplo, la primavera tiene un aroma muy especial, el de los espárragos blancos, que desde mediados de abril se venden por todas partes y por ser temporada, a precios muy variados y accesibles. En 1919, Alemania fue el mayor productor de espárragos en toda Europa, con 133.000 toneladas recogidas. No está demás, sin embargo, acotar que en tiempos del COVID-19, la cosecha de la legumbre estuvo a punto de colapsar. Pero esa sería otra historia que contar.

Venezuela, por otro lado, posee más de 70 mil km2 de mar territorial y una temporada de jurel y sardinas, de siete y seis meses, entre abril y octubre, y mayo y octubre, respectivamente, por lo que comer espárragos en Alemania en temporada, es como comer en Venezuela pesca’o frito. En Alemania, una sardina congelada puede llegar a costar 30 centavos, mientras que un espárrago, 10, o menos centavos. Cien gramos de cerdo ahumado pueden costar en Alemania, 99 centavos. En Venezuela, cien gramos de carne de cerdo oscila entre 50 y 70 centavos. Pero hay un pequeñísimo detalle. En Venezuela, si alguien fuese tan afortunado de tener un empleo, percibiría mensualmente, cuatro euros, a partir del primero de mayo, antes eran dos euros cincuenta. Mientras que en casi toda Alemania, el sueldo mínimo no baja de mil euros. El monto aplica también para empleos a destajo, es decir, se calcula el valor de la hora de trabajo, con base en ese monto. El número máximo de horas de la jornada laboral es 40 por semana, ocho diarias.  

Era así como la comparación entre una ensalada de espárragos y lomo de cerdo, con unas tres sardinas fritas y una porción de yuca, adquiría sentido.

Claro, además de la degustación comparativa, sale a flote otra, la de las políticas sociales, económicas, de higiene, laborales, etc; entre Venezuela y cualquier país del mundo. Pero esa si es verdad que nos dejaría un sabor decididamente amargo. De momento, mejor debatir entre sardinas fritas o lomo ahumado de cerdo.

Viernes 01.05.2020

A los trabajadores, en especial los venezolanos

RATATOUILLE I/III

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Dante Garnique / @dantegarnique

A la hora de la comida, eran habituales los sermones sobre la salud y el crecimiento para llegar a ser grandes y fuertes, como si eso le importase a tres chiquillos revoltosos.

El discurso terminaba con la siguiente frase, palabras más, palabras menos: “de allí no se levantan sin haberse comido todo”. Era entonces cuando comenzaba una danza de platos llenos y vacíos, hasta que uno de los párvulos acababa con la comida de los otros dos hermanos. Vacíos los tres platos, resonaba el consiguiente grito “¡mamá, ya terminamos!”. Ella llegaba, supervisaba con un vistazo vestido de severidad matriarcal y todos contentos. A seguir jugando encima de la mata de guayaba o llamando por el patio trasero, a los imberbes del fondo, de al lado, o a seguir con el charquito que unas veces era lago para polluelos de patos y otras, jardín acuático.

¡Y nada de estar comiendo en la casa ajena, que ustedes no están pasando hambre!”.

Algo parecido ocurría los fines de semana, cuando había que visitar a las tías. Las tres vivían en casas contiguas. Vereda tres, sector cuatro, números 24, 26 y 28. Al entrar la invasión de enanos, eran interrogados: -“¿ya comieron?”. Dos sí y un no. Se escuchaban simultáneamente. -“Bueno, ven para que comas algo y después vas para casa de Norys”. Acabado el platillo, lo debido era visitar a la siguiente tía. Una vez en la segunda casa, el interrogatorio era el mismo, las respuestas las mismas; aunque esta vez la sazón tenía otra personalidad. Pero quedaba aún una tía por visitar. Idem; pero ya lo que quedaba por hacer era correr por la vereda con los primos y vecinos de similar estatura.

En ocasiones, la escuela despacha a media mañana, -”Ya saben, si por alguna razón salen temprano, se van para casa de La Comadre y me esperan allá hasta que yo vaya a buscarlos. ¡Y nada de estar comiendo en la casa ajena, que ustedes no están pasando hambre!”.

Al llegar a casa de la Señora Francisca, la pregunta era la misma que en las casas de las tres tías, las respuestas, las mismas, con un pequeño agregado. El café de la Señora Francisca no lo superaba ni el de la abuela Santiaga. ¡Ah, bueno!, había otro detalle. El patio de la casa de La Señora Francisca lindaba con el de Bolas Criollas del Señor Amalio, padrino de Talia y abuelo de Gladys, Livita, José, Nené e Iris, hijos de La Comadre. La cuerdita era de ocho mas Peyuya, la perra, a quien apodaban Yuya.

Mamon

¿Cómo describir aquel mundo sin quedarse a medias? Bueno, ¡Narnia se quedó pendeja! Había como mínimo una docena de matas de mango y una de mamón. Los tobos eran azules algunos y otros naranja. Los mangos de hilacha eran los preferidos de las mamás. Había una técnica especial para comerlos y evitar el apretujamiento producido por los hilos enredados entre los dientes y la presión que se producían sobre las encías. Se golpeaban contra las paredes de los alrededores de aquel mundo bucólico, hasta conseguir que estuviesen lo suficientemente blandos como para extraer a sorbos, de su interior, a través de un pequeño orificio que se hacía en la parte opuesta al pedúnculo, con un mordisquito; el almíbar de ese producto maravilloso de la naturaleza.

El Boca’o es la única fruta que viene con receta incorporada, los hay para todos los gustos y no hay que saber cocinar ni leer…

Las mangas, había que tomarlas, de preferencia, directamente del árbol. Existía para ello, una vara de mamón de unos tres metros, con un garfio en uno de sus extremos. Esto se hacía para que su jugosa y anaranjada pulpa conservase su consistencia y ese acidito que producía cada bocado, al fondo del paladar, con sus justos tonos azucarados, como el de la natilla o del arroz con leche. Pero si no, igual se recogían del suelo, con su piel repujada por decenas de pequeñas piedras que el sol hacia brillar como si fuesen diamantes. Cuando se recogían del suelo, se veían así como las palmas de las manos o la piel de las rodillas, luego de un aterrizaje forzoso en viaje a patín o en bicicleta. En este caso, su dulzor se multiplicaba de manera exagerada y la consistencia era gelatinosa.

Los de boca’o. ¡no, no, no, no no!, de no saber que en la Grecia antigua no existían matas de mango, pudiera decirse que ellos eran la Ambrosía. El Boca’o es la única fruta que viene con receta incorporada, los hay para todos los gustos y no hay que saber cocinar ni leer, ni se requiere de ninguna otra habilidad distinta a tenerlo entre los dedos. Ellos vibran entre un verde salud y un rosado cachete de bebé, sublimes. Los hay amarillo pollito, moteados con la piel rojiza y se pueden comer solos, maduros o a medio madurar, o verdes, con sal y sazonador. Dios ha debido inspirarse en el Mango Boca’o, para crear el círculo cromático. Después de los juegos de futbol, la “R”, el Loco Escondido, o cualquier otra aventura propia no sólo de la edad, sino sobre todo de la época, estaban aquellos tobos llenos de melosos mangos con ese sabor a gloria, esperando a ser vaciados.

Dios ha debido inspirarse en el Mango Boca’o, para crear el círculo cromático.

Una vez, trabajando en una emisora de radio, al salir de cabina, se estableció una de esas conversaciones necesarias para llenar el espacio entre un programa y otro, había que esperar la hora para el espacio de Reggae. Memerula, todo un personaje, contaba con orgullo de su alucinógena plantación en una casona recién comprada en El Limón y en remodelación respetando la arquitectura original y los deseos de su esposo extranjero, ingles, quizás; detalles que se escapan. Ese día, sobrevino, así como la afortunada muerte de Voldemort, el tema de las frutas, los postres y la sobremesa. ¿Por qué, un pedazo de pera con algo de Brie, o unas fresas endiabladamente grasientas a punta de crema batida o ciruelas tibias envueltas en jamón serrano son tan deliciosamente degustados, cuando una rebanada de Mango injerta’o no le da ni por las patas?. Es cuestión de elegancia, decía.

En aquella Narnia criolla, habitaba también Crispín, un monito quien una vez mordió en la pierna a uno de los chicuelos, en medio de una disputa por un mango. Sabrán ya, quien ganó. ¡Mono igualado! Allí también, se podía aprender a batir chicharrón y a hacer morcillas y que del cerdo no se desperdicia nada más que lo que lleva en sus cerdas entrañas, los pelos y los huesos. También se vendían, a medio, las más crujientes empanadas de carne molida que niño alguno haya podido comer.

Hoy ya, El Club Don Amalio no existe, tampoco La Señora Francisca, para no decir de las matas de mango. “¡Nadie en lo alegre de la risa fíe; porque en los seres que el dolor devora, el alma llora cuando el rostro ríe!”. Garrik. Juan de Dios Peza.

Jueves, 30.04.2020.

A Tí, Esma y a La Comadre Francisca, quien nunca habrá de conocer estas palabras.

NADA SERÁ IGUAL

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Para todos, sin excepción alguna, hay un antes y un después del Coronavirus. Bien, para los habitantes de China (donde se originó todo), como para los países que progresivamente se vieron afectados en la cadena de contagio, hasta convertirse en la pandemia que conocemos hoy. Las consecuencias, en todo orden mundial, son innegables, como también la posibilidad de que, una vez superado este trance (porque en algún momento ha de ocurrir), nuestras vidas prosigan como antes. No existe manera de que volvamos a ser los mismos.

Para entendernos mejor. No importa cuán religioso o creyente seas, o si por el contrario eres ateo. Tampoco el nivel de positivismo, o disciplina metafísica que te acompañaba antes o ahora. Si practicas yoga, si logras aislarte con meditación; en quién o qué creas, mucho menos cuánto escepticismo te rodee. No resulta relevante a qué te dedicabas, cuáles eran tus aficiones, tus hábitos, tus planes y proyectos, tus sueños. Después del COVID-19, absolutamente, nada será igual. Incluso para aquellos que, aún confinados, trabajan desde casa cuando antes lo hacían en oficinas, empresas, negocios personales.

¿Por qué afirmo esto? Tiene una sencilla, pero clara explicación. Nunca nos habíamos visto bajo una amenaza de tal magnitud. Y no una ciudad, una región, unos cuantos países. Se trata del mundo entero, los más de 7, 8 billones de habitantes del planeta (al menos antes de la asombrosa cifra de muertes que ha dejado el Coronavirus). Ha sido como si una enorme ola se avecinaba, y la veíamos venir, pero muchos creíamos que podía ir bajando de nivel hasta apaciguarse y ser una inofensiva. Muchos en nuestra terquedad, incredulidad y “positivismo” estábamos convencidos, que nada pasaría. Por tanto, no nos preparamos para llenar los pulmones de aire y hundirnos mientras la veíamos pasar, sintiendo apenas cómo nos mecía; muchos fueron quienes creyeron que podían montarse en la cresta y salir ilesos, y el resultado, ya lo conocemos. Allí en la orilla de la playa, entre tanto -luego de ser vomitados por la ola-, sin saber qué les aguarda, también hay otro tanto de gente.

teniendo una amenaza tan cerca, nos hemos atrevido a plantarnos frente a ella sin máscara, como si fuésemos eternos, cuando quedó demostrado que los “superhéroes” también mueren.

Para los médicos y enfermeras que han atendido la emergencia del COVID-19, para quienes gobiernan. La propia ciencia que ha sentido en carne propia el coletazo del huracán, los maestros o profesores que han debido reinventarse en materia educativa. Los padres que han asumido 24/7 la crianza de sus hijos y desarrollar la creatividad; para los deportistas que se prepararon por años para las Olimpiadas o la Eurocopa. Las familias que perdieron a parientes o aquellos que luchan por sobrevivir; el saludo y los abrazos, para todo y todos , hay un antes y un ahora.

Ahora mismo, las incidencias de la pandemia no sólo se resumen a un elevadísimo y lamentable número de fallecidos, que suscribe aquello de “sin distinción de razas, credos, ni religiones”; además de los contagiados que luchan por sobrevivir. Hay cifras que se deslindan de la crisis económica que padecerá el mundo por meses, quizá años, mientras busca recuperarse; como los divorcios que se han derivado de la insana convivencia de los últimos meses, con especial énfasis una vez declarada la cuarentena mundial. Pero no todo queda allí, hay un registro inusitado de embarazos no deseados que podría ascender a los 7 millones, según calcula la ONU, cuya principal causa –valga decir-, es la imposibilidad de adquirir anticonceptivos. Sin embargo, destacan que otros se derivan del incremento de la violencia de género (pues se estima aumentan en un 20% durante los períodos de encierro y, suelen terminar en encuentros sexuales de diversa naturaleza).

Por eso recalco e insisto, ni que queramos, las cosas volverán a ser las mismas. Y siendo más sensatos ante la realidad y, con nosotros mismos, la actitud, el pensamiento y el comportamiento humano, indefectiblemente, no debería ser el mismo, si en realidad deseamos que nuestro entorno, el mundo y nuestras propias vidas se transformen. Nos encanta hablar sobre la necesidad de cambios, de modificaciones, pero siempre que sean los otros, nunca que comiencen en nosotros.

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Dicen que esta pandemia, con todo lo que ha conllevado, ha logrado sacar lo peor y lo mejor de cada uno (los políticos meren un capítulo aparte). Estoy de acuerdo con ello, pues pareciera que la tendencia es a comprendernos y respetarnos cada vez menos, a sabiendas de que somos tan vulnerables, y de la forma en que nos ha encarado el virus frente a la vida. Hicimos una pausa, un sostenido STOP, pero teniendo una amenaza tan cerca, nos hemos atrevido a plantarnos frente a ella sin máscara, como si fuésemos eternos, cuando quedó demostrado que los “superhéroes” también mueren.

Nos encanta hablar sobre la necesidad de cambios, de modificaciones, pero siempre que sean los otros, nunca que comiencen en nosotros.

En contra parte, logramos ver cómo los más pequeños de la casa, pudieron adaptarse mejor a ciertas condiciones del confinamiento. Felices seguramente porque han tenido cerca, por más tiempo, a la familia, cantan en balcones, tienen cuentas propias en redes sociales para desarrollar creatividad, aprendieron nuevas formas de educación; ayudan en la cocina y, por qué no, aparecen sorpresivamente en videollamadas de trabajo de sus padres. Resiliencia, le llaman.

Las almas caritativas se han multiplicado, las bolsas de comida colgadas en árboles, o en porches de casas para consumo de quien necesite, se han hecho presentes. Patrullas de policía dejan su rol represor para conectarse con Dios en los vecindarios. La música, como idioma universal, ha abierto ventanas y multiplicado sonrisas al amanecer o en noches de temible soledad y oscuridad con violines, saxofones, flautas o un cuatro venezolano en el exilio. Bailarines embelesan con sus performances en calles fantasmales, al tiempo que éstas son testigo de dudas, confusión y desobediencia, pero puertas adentro, la renovación, regeneración de fe, por ejemplo, hacen lo suyo, aun en pensamientos e intenciones; porque necesariamente, de ahora en adelante, nada será igual.

GUERRA HÍBRIDA

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Dante Garnique / @dantegarnique

El caos, la anarquía, la corrupción, el narcotráfico, el hambre y la miseria generalizada son los aspectos más sobresalientes, aún para el más distraído de los observadores, sea cual sea la forma en que éste haga contacto con la actualidad venezolana. Actualidad que parece estar encaminada hacia un escenario de violencia que ha venido siendo propiciada desde hace algún tiempo, tanto por sectores que dicen llamarse de oposición, como por la propia dictadura.

Desde el 2014 la sociedad civil venezolana no se ha vuelto a mostrar tan agitada como en aquel febrero. Esa fue la fecha de caducidad de la protesta ciudadana contra el narco régimen que domina desde hace 21 años.

…quien enfrió la calle y le enfrió el guarapo a esa pseudo dirigencia, fue el Coronavirus…

El escenario de la violencia es la salida más fácil y deseada por algunos sectores políticos venezolanos, para justificar su incapacidad histórica de propiciar una salida seria a la crisis del País, que creó y lideró el comercio mundial de hidrocarburos.

Petróleos de Venezuela (PDVSA) pasó de ser la tercera empresa con capacidad de refinación en todo el mundo (3.300.000 barriles diarios), con 24 refinerías, 18 en el exterior y 6 en suelo venezolano; a producir menos de 600.000 b/d en 2019. Con 11 refinerías; 6 en el País y 5 en el exterior.

No hay que abandonar la calle, repetían una y otra vez por todos los rincones del País los desfasados políticos venezolanos. Hay que calentar la calle. Pero resulta que quien enfrió la calle y le enfrió el guarapo a esa pseudo dirigencia, fue el Coronavirus, haciéndole un tremendo favor a la narcocracia, que ahora justifica el toque de queda permanente y los arrestos indiscriminados, bajo la excusa del distanciamiento social, adoptado mundialmente como medida sanitaria.

…los bodegones, es la más reciente modalidad de lavado de dinero instaurada por la narco burguesía, que maneja esa red de abastos con productos importados.

En medio de esta coyuntura pandémica, resurge la idea de una escalada de violencia bajo otras circunstancias. El hambre, la escasez generalizada, una de las inflaciones más altas del mundo y la pérdida casi absoluta de valor del signo monetario nacional: el bolívar. Producto de la corrupción y el narcolavado, la economía venezolana se ha dolarizado de facto y aunque las transacciones en dólares no son legales, es el dólar, la moneda con la que los venezolanos compran y “hacen negocios”. Los estados de Whatsaap, por mencionar sólo una de las redes sociales más populares, hacen la función de bolsas de valores.

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Los venezolanos se han convertido en los mejores corredores de bolsa del mundo, se levantan, averiguan como se está cotizando la moneda norteamericana y comienza la puja: compro 20, vendo 50, remato 40 antes de las cuatro de la tarde. Todo ello, con el objeto de acceder a las cadenas de bodegones, que es la más reciente modalidad de lavado de dinero instaurada por la narco burguesía, que maneja esa red de abastos con productos importados. Entonces, los “corredores” venezolanos, van corriendo a comprar medio cartón de huevos y un paquete de mantequilla, en dólares, a un Bodegón, que por lo general, se encuentra dentro de una zona militar. El Círculo Militar, el Club de Suboficiales, etc.

Ahora, como producto del Coronavirus, el toque de queda y la falta de combustible, la escasez persiste y el hambre aumenta, trayendo como resultado, la reaparición de situaciones que demuestran la precariedad del venezolano. Se han producido saqueos y manifestaciones por falta de gasolina. Bolívar, Mérida, Monagas, Portuguesa, Sucre y Trujillo, son algunos de los estados en donde se han presentado, durante la tercera semana de abril de 2020 manifestaciones de descontento social (saqueos a establecimientos o protestas).

El precio de las cabezas del Cártel de los Soles y el operativo en las aguas del Caribe y el Pacífico, no son una agresión al pueblo venezolano ni una invasión norteamericana.

Pero las precauciones que se toman desde fuera con respecto al caso venezolano, no son para evitar un potencial estallido social, sino para poner freno al Cártel de los Soles, que está invadiendo, saltándose el código de honor de las mafias, mercados de estupefacientes, de un modo descontrolado. En tal sentido, la respuesta ha sido el operativo antidrogas más grande de la historia de occidente, en aguas internacionales, frente a las costas venezolanas; que ya ha producido frutos, entre otras cosas, resultado de la traición, de la que se dice fue víctima el Cártel de Paraguaná. Tres toneladas incautadas el 14 de abril cerca de Curazao. Y esto si que puede generar una escalada de violencia, violencia entre bandas de narcotraficantes, que por supuesto intentará hacerse pasar como descontento social.

Al comenzar la violencia, la dictadura gritará que la oposición apátrida y traidora, manejada desde el imperio, está jugando a la desestabilización del gobierno, creando focos de agitación social.

Existe toda una justificación teórica para ideologizar a la masa chavista y hacerle ver que la capital venezolana es un laboratorio de guerra para el Colegio de Guerra de los Estados Unidos. El argumento es el siguiente: tras la derrota israelita-norteamericana frente al Hezbola en el 2006, el ejército de USA, en el contexto de la Guerra Fría, tiene la necesidad de entender cómo llevar a cabo guerras convencionales en entornos no convencionales. La capital venezolana es uno de esos espacios con características apropiadas para desarrollar las estrategias de la llamada guerra híbrida, dado el caso de los colectivos. Coerción, violencia indiscriminada y desorden criminal, son algunos de los conceptos que se desprenden de “Los Conflictos del siglo XXI: El Auge de las Guerras Híbridas”.

 

Coerción, violencia indiscriminada y desorden criminal, son algunos de los conceptos que se desprenden de “Los Conflictos del siglo XXI: El Auge de las Guerras Híbridas.

Así viene armado el enemigo, es la advertencia que le hacen al pueblo chavista rodilla en tierra, sus maestros, para prepararlo para el combate. Surgen entonces las voces del pacifismo: ¿es este un momento adecuado para una acción de esas proporciones? Refiriéndose al operativo antinarcótico y tratando de hacerlo ver como una acción de agresión hacia el pueblo venezolano. El precio de las cabezas del Cártel de los Soles y el operativo en las aguas del Caribe y el Pacífico, no son una agresión al pueblo venezolano ni una invasión norteamericana.

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En el caso de que algún sector de la sociedad venezolana, bajo adoctrinamiento o por convicción, se sienta agredido ante una eventual aprehensión de los narcolíderes; pues bien están en su pleno derecho de defenderse, para eso están bien armados, desde que el anterior narcojefe deambulara por el mundo. Lo que no hay es que confundir eso con una guerra civil. Una guerra civil es la que tiene lugar entre dos o más sectores de una sociedad y que no forman parte de una fuerza militar o policial, pero que ante el fracaso de los acuerdos o negociaciones, intentan dirimir sus diferencias de manera violenta. Los colectivos, son organizaciones creadas por la narcotiranía, como brazo armado de la dictadura; y que ellos en caso de sentirse amenazados ante una eventualidad como el desmontaje del narcoestado, salgan en desbandada a arremeter contra el pueblo desarmado, eso es otra cosa, eso no es una guerra civil. A lo sumo, vandalismo.

Una postura que ha encontrado mucha resistencia de parte de quienes tienen el poder de crear corrientes de opinión pública a través de los medios de difusión, ha sido la de un posible operativo policial asistido internacionalmente para extirpar las cabezas del régimen dictatorial venezolano. Es que conllevaría a demasiadas muertes innecesarias, esgrimen. ¿Las muertes de quiénes?, habría que preguntarse. ¿La de los integrantes de los colectivos armados? En efecto, cualquier muerte es no deseada; pero si por ignorancia, convicción o adoctrinamiento, hay gente que opta por ello, sería lamentable. Pero el pueblo, la gente que tiene hambre, quienes ven morir a sus familiares en lo que antes eran hospitales y ahora son ruinas, por falta de antibióticos, no está en condiciones de salir a lavar una afrenta, si es que así considerasen la caída del narco.

Pero habría además que recordar, la tasa de homicidios en Venezuela, es del 56,3%, en supuesto estadio de paz, mientras que en países en guerra, como Yemen es del 6,7. Afganistán 7,1; Siria 2,2 y Somalia 4,3. Sólo para tener algunos puntos de comparación.

Jueves 23.04.2020
A todos los lectores del mundo

QUÉ FRUSTRACHERA

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Hace días que respirar bien me cuesta. Me siento como ahogada, falta de ese aire que completa a los pulmones en una respiración profunda. Veo al país donde vivo (Portugal) y me asfixio, al mundo y me ahogo, veo a Venezuela y colapso.

Sentir que, cuando parece que ya no hay más espacio para la maldad, la crueldad, aparecen otros indicios, otros síntomas. Parecían insuficientes las penurias que se vienen atravesando, y aparece el COVID-19. Hay países con cierta disposición o preparación, y aún así, el número de casos y fallecidos supera la credulidad. A veces no quisiera saber las cifras reales en Venezuela, esas que desde la ciencia y con cálculos avalados por estudios reales podrían revelarse. Eso me ahoga. Una simple ecuación: casos + paupérrimo sistema de salud.

Siento un ahogo por impotencia, por dolor, por eso que ahora encaja perfecto en este desdén, la frustrachera. Cuando desdibujas la crisis venezolana, aún consciente de quiénes son los criminales, los maladros, los esbirros, los torturadores, racionalmente no logro comprender qué nos pasó.

Siento ahogo, por la burla del régimen, de sus seguidores; a esos que nadie les paga necesariamente para sentir repulsión por sus propios hermanos venezolanos. Como cuando al lanzarse al Guaire para salvarse de la represión, se dijo “mezclar mierda con mierda, es lo justo”.

Antes hubo gobiernos represores, pero al menos lo disimulaban. Esta gente nos odia, y lo dice en cadena nacional. Odia incluso al pueblo que cree en ellos, en sus mentiras, que termina justificando su crueldad, su egoísmo. Que termina pasándole la mano por la cabeza a sus “líderes” de pacotilla, porque creen que el imperio estadounidense es el culpable – entre tantos males-, de que no haya gasolina en el país, y que el precio del petróleo se ubique justo en el lugar de donde lo extraen, pero convenientemente se olvidan que las refinerías El Palito, Cardón y Amuay dejaron de funcionar porque el narcoestado tiene manos de estómago. Leí que eso seguramente no debe importarles porque para ello exportan cocaína, y no lo pongo en duda.

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¿Ya vieron los videos de los motorizados en Caracas intentando echarle gasolina a sus máquinas? Parecían la manada de ñus que embistió a Mufasa, pero con una furia incapaz de nada, porque son también parte de la narco dictadura. Esos jamás “prenderán el peo”. ¿Qué pensaría CAP en un momento como éste? “El gocho fue un bebé en panales comparado con estos tiranos y bandidos

Aplaudamos a Maduro porque tomó medidas a tiempo. Sí claro, sobre todo porque la manera de descartar contagios es con una encuesta que lideran los médicos cubanos. “Si usted cree que tiene riesgos, vaya a hacerse el test incómodo”. Hay gente en la calle como un día normal para la Venezuela de Chávez y Maduro, en colas interminables para abastecerse de gasolina o comida, y en otros extremos haciendo hasta reuniones y fiestas, ¿creen que irán voluntariamente a hacerse una prueba?

Hay gente cuya prioridad es encontrar que el dinero les alcance para llevar comida a las mesas, que a veces pierde los alimentos y las esperanzas, porque pasan días sin luz. Otros que no encuentran gas, que olvidaron la última vez que el agua salió por el grifo. Hay gente que no sabe si está presentando los síntomas del Coronavirus, o está somatizando la penuria del abandono. En efecto, la cadena de cuarentena se fracturó, se han registrado saqueos, porque hay hambre.

Por sí no fuese suficiente, luego de 40 días de confinamiento, Venezuela es escenario de hechos lamentables, con el registro de atroces asesinatos entre familiares por agua, el incremento de feminicidios; han lanzado a personas desde lo alto de edificios, y ante la mirada perpleja de la policía, la delincuencia -valga la redundancia-, anda campante.

Si desde afuera la impotencia y la frustrachera a veces no nos abandona, me cuesta imaginar cómo sobreviven quienes permanecen en el país, enfrentando la pandemia, y las decepciones propias de la situación económica y social reinante. Respira hondo Venezuela, respira.

KöNIGSTEIN

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Dante Garnique / @dantegarnique

El respeto hacia la naturaleza lo aprendimos de manera natural, valga la redundancia. Teniendo al Parque Nacional Henri Pittier como “patio trasero”, nuestros fines de semana estuvieron enmarcados en un paisaje de exuberante verdor. Traspasar aquel bosque para competir por quien primero avistase el azul marino de la Bahía de Cata, era una aventura primigenia cada año. “Al que lo mordió macagua, bejuco le para el pelo”, dice el verso del ilustre Alberto Arvelo Torrealba.

… ya la lección había sido otrora aprendida: A la naturaleza se le respeta.

La primera vez que vimos una Tigra Mariposa, serpenteaba cual Tongolele, en sus tiempos de esplendor; sobre el frío macán que nos conducía a nuestro paraíso. El para nosotros querido y nunca bien ponderado Henri Pittier sigue siendo, a pesar de los pesares, una joya en bruto. Un espacio de aventuras convertidas hoy en reminiscencias. En uno de nuestros recorridos apareció también un Paují o Pauxí, majestuoso, incólume. En las dos oportunidades, el carro se detuvo para que ambos especímenes se enseñoreasen.

Entre uno y otro acontecimiento transcurrieron mas de 45 años. Si en la primera ocasión, durante aquel paseo vacacional, el auto no se hubiese detenido pese a los gritos histéricos de quien le temía a la mapanare y hubiese preferido que fuese pisada por las yantas; muy probablemente, en el segundo episodio, 45 años más tarde, quien conducía, tampoco lo hubiese hecho. Pero ya la lección había sido otrora aprendida: A la naturaleza se le respeta.

Hagamos un alto para contarles a quienes no lo conocen, que el Parque Nacional Henri Pittier, es la reserva natural más antigua de ese país que un día fue y que gracias a la Narcocracia, ha dejado de ser. Creado en 1937, irónicamente, por un General. Eleazar López Contreras. A los venezolanos nos encanta un militar en la presidencia y un gocho; pero si es gocho y militar, pues, mejor.

…entre el presuntamente colombiano dictador de Venezuela, no militar, sino chofer de autobuses, con el perdón de los profesionales del área y, la comunidad judía…

Inicialmente, se llamó Rancho Grande; pero se le cambió el nombre en 1953, por el de Henrri Pittier, en honor al suizo que clasificó treinta mil plantas de esa tierra en la que se cultiva uno de los mejores cacaos del mundo y donde habitan al menos 500 especies de aves, además de otras 22 endémicas.

Sí, una ironía del destino, que siendo militar y presidente de Venezuela, Eleazar López Contreras, desafiando al nazismo, recibiera al Königstein y al Caribia, para que casi ochenta años más tarde los descendientes de aquellos pasajeros tuviesen que hacer aliá. Se estima que cuando el dictador de Sabaneta –también militar-, llegó al poder, en el país vivían entre 17 y 22 mil judíos. Hoy (en el 2020), existe una gran tensión entre el presuntamente colombiano dictador de Venezuela, no militar, sino chofer de autobuses, con el perdón de los profesionales del área y, la comunidad judía; tanto así, que se estima que quedan apenas unos cinco mil en suelo criollo.

Cuarenta y cinco años entre la serpiente y el paují y casi ochenta entre López Contreras y la narcocracia, han transcurrido. En ese lapso perdí un Samán y una Acacia, para no hablar de la libertad, mi tierra, mis amigos, la familia y el hogar.

Esa Acacia fue nuestra guarimba cuando jugábamos a la “r” o “pisicorre”, fue testigo de diálogos de complicidad preadolescente; pero un día no estuvo más allí. Se empezó a ver desierto el portal de la que un día fuese la casa de la señora Macinda y el Compadre Amalio, justo al lado de los Zambrano. Alguien se la llevó y no fueron precisamente los hijos de Israel, ni mucho menos para construir el Arca de la Alianza.

Ya no está más mi Acacia de Siam, ya sus flores amarillas no tienen más color, son apenas una sombra en nuestras memorias. El Samán le siguió, todavía escucho su llanto como ruido de sierra eléctrica. ¿Dónde estuviste Greta, cuando nos robaron nuestra infancia?

Sábado 19.04.2020

A Los Arroceros.