ENTRE LO POSIBLE Y LO DESEABLE

Dante Garnique / @dantegarnique


Lo bueno de esta guerra es que nos necesita vivos. La conversación llevaba rato, pero esa frase le colocó una especie de sello de denominación de origen. 

En medio de la plaza, con mascarillas para protegerse el uno del otro y guardando las distancias, conversaban sobre el número de muertos, como quien habla de sacos de naranjas o kilos de harina. 

Se estima que existen unos 114 millones de casos en el mundo y unos 2 millones 600 mil fallecidos, con una tendencia diaria de entre 400 y 600 mil nuevos casos, más entre 9 y 14 mil muertes (en los últimos siete días, es decir, entre el 21 y el 28 de febrero de 2021). 

¿Fue creado en un laboratorio, se trata de una guerra química propiciada para controlar el mundo?

Las estadísticas sobre el número de muertos e infectados, sustituyen hoy en día a los otrora comunes boletines meteorológicos. Es tiempo de Coronavirus. 

Los Coronavirus se identificaron por primera vez en los años 60. Bajo el microscopio, las partículas semejan una corona, de allí el nombre. En diciembre de 2019, se identificó un nuevo virus, perteneciente a la familia de los corona y fue designado provisionalmente: 2019-nCoV. En febrero de 2020, se le asigna un nuevo nombre: SARS-CoV-2 (Síndrome Respiratorio Agudo Severo). La enfermedad causada por el SARS-CoV-2, se conoce como COVID-19 (Enfermedad del Virus Corona 19) COVID-19. 

Desde marzo de 2020, el mundo debió asumir de manera sorpresiva y simultánea, la presencia de un virus que pone en riesgo la vida de las personas, esto es lo novedoso del SARS-Cov-2 con respecto a los Coronavirus conocidos hasta la fecha, causantes de gripes “normales”, y es la razón por la cual su propagación fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud.

El Coronavirus invadió todos los rincones del planeta. La alarma se hizo mundial. Los meses de abril y mayo fueron de letargo, incertidumbre, encierro y una especie de parálisis que hasta ahora sólo se habían visto en films de terror o ciencia ficción: THE DAY THE EARTH STOOD STILL (Robert Wise 1951. Aunque también existe una versión de 2008 en la que uno de los protagonistas es Neo, el de Matrix).

Fronteras, fábricas, escuelas, bares, restaurantes, cines, todo se paralizó, todo cerró. Se suspendieron conciertos, vuelos internacionales, las concentraciones políticas, el turismo; el mundo cambió. 

Nueve meses después del gran schok, el mundo es totalmente diferente. La economía está absolutamente afectada. Es entonces cuando comienzan a aparecer atisbos de realidad que nos obligan a resetear la UCP o CPU (Unidad Central de Procesamiento, o Central Processing Unit). 

Si hubiese que ambientar con música, esta parte de la historia, comenzaría ahora a sonar esa versión funny de “Still Loving You” de Scorpions, en la que una especie de hurraca hace una desenfrenada interpretación del tema, mientras pende de una línea de suministro eléctrico, cuando de pronto, un zapatazo le asesta en la cervical.

La realidad es un poco eso, versiones distintas de un mismo tema. Pero el problema no es la realidad, que puede o no ser cuestionada epistemológicamente, el problema es cómo ésta es asumida individual y colectivamente.

Los meses de abril y mayo fueron de letargo, incertidumbre, encierro y una especie de parálisis

Por ejemplo,  el COVID-19 es una realidad, está allí, el mundo tiene a razón de un año paralizado, a causa de él. Pero hay muchas interpretaciones (como versiones de una misma canción). 

¿Fue creado en un laboratorio, se trata de una guerra química propiciada para controlar el mundo y sentar las bases del “Estado Profundo” o de una enfermedad real? ¿Es una buena oportunidad para hacer negocios con las vacunas, usando el poder y los medios de comunicación, para promover el miedo causado por los millones de muertos e infectados en el planeta, y así vender millones de dosis y lograr que los empresarios farmacéuticos se embolsillen unos 26 mil millones de dólares en menos de un año? 

Al negocio sólo pueden acceder unas siete compañías en el mundo: Astra Zeneca (Reino Unido), Cansino Bio (China), Johnson & Johnson, (EEUU), Gemaleya (Rusia), Pfizer (EEUU), Biontech (Alemania) y Moderna (EEUU). 

Las cuentas que los administradores de las farmacéuticas están sacando, apuntan más o menos a lo siguiente: mil 800 millones de dosis durante el primer año, que dependiendo del cliente, podrían costar entre 5 y 10 ó 1 y 3$ c/u, para países con economías sostenibles, o para países pobres, respectivamente. O sea, hay un stock para el Corte Inglés o Macy’s y otro para las tiendas Louis Vuitton. 

Esto daría un aproximado de entre 9 mil y 18 mil millones y mil 800 y 5 mil 400 millones de dólares, dependiendo del cliente, para finales de 2021 o principios de 2022. Nada más en el primer año, después podrían venir la segunda y quizás hasta la tercera dosis; en fin, no pintan mal los números. 

Una cosa si es cierta, aun no se ha podido demostrar que el detonante de la actual pandemia de COVID-19 haya sido el murciélago de Wuhan. 

También parece coherente el argumento de que, mientras mayor sea el número de fallecidos por COVID-19, más personas se sentirían obligadas a vacunarse por el miedo a morir. En ese sentido, “lo bueno de esta guerra es que nos necesitan vivos”, para que el negocio de las vacunas marche como conviene. 

28.02.2021

ENTRE SIRIOS Y VENEZOLANOS

Dante Garnique / @dantegarnique

Hay cosas que sin formar parte del acervo cotidiano, se es capaz de ir incorporando; pero hay otras que son sencillamente inaceptables

Para quienes no me conocen, soy Dante, uno mas de los millones de venezolanos que se vio obligado a dejar su tierra a causa del narcofascismo.

Por inaudito que parezca, a 21 años de sangre, miseria y destrucción, siguen habiendo venezolanos que ante la mínima sospecha de cuestionamiento al chavismo y sus años de asesinatos, son capaces de esgrimir un “sí, pero es que…”

Hace quince ó 18 años, con la candidez correspondiente, hubiese quizás, concebido el beneficio de la duda. Pero transcurridas cientos de miles de muertes y un éxodo de más de seis millones de almas, a estas alturas, dudar es transigir, callar es apoyar y no aceptar la monstruosidad de lo que la narcotiranía instaurada por Hugo Rafael Chávez Frías, prolongada y usufructuada por Nicolás Maduro y sus acólitos, desde hace más de 20 años en Venezuela; es ignorancia, servilismo; o como decimos en Venezuela: rastacuerismo.

El rastacuero es una subespecie de ser, cuya conformación axiológica primaria, es tanto más, tanto menos, la de un jala mecates, chupa medias o bozalea´o, con el perdón de todos ellos. Es una mezcla de chavista con aspiraciones a junta de condominio o de vecinos, y madurista reformista de la herencia del sátrapa de Sabaneta. 

Pero no es de esa especie, de la que nos ocuparemos hoy, sino de una de sus mutaciones: Los benditos bendecidores. 

El tema Venezuela en el escenario internacional, pasa a un segundo plano ante conflictos como el de Siria, a pesar de que las cifras de muertes y desplazados, puedan llegar a ser mayores en el caso del país suramericano.

Más de 400 mil muertos y cinco millones de desplazados, son las cifras que se le atribuyen a Bashar al-Asad en Siria. Maduro puede, en Venezuela, incluso superar a  al-Asad. 

Aquí es donde comienza el crepitar de dolientes del Narconazismo venezolano. Esa gente es capaz de argumentar, que las 28.000 muertes violentas ocurridas solamente en el año 2016 en Venezuela, no son comparables con las 470.000 víctimas de la guerra civil siria en 10 años. 

dudar es transigir, callar es apoyar y no aceptar la monstruosidad de lo que la narcotiranía instaurada por Hugo Rafael Chávez Frías

Los laboratorios de guerra psicológica venezolanos intentan impactar a la opinión pública, montando un show mediático en torno a las gotas milagrosas contra el COVID-19, para desviar la atención del incremento en la tasa de homicidios de 19 a 81,4 por cada 100.000 habitantes. Un aumento del 428%; Pero eso, según los rastacueros, no se puede comparar con el caso de Siria, porque las muertes en Siria son causadas por balas, mientras que en Venezuela, las muertes son causadas por hambre, miseria, enfrentamiento entre bandas o desacato a la autoridad. 

En Siria hay una guerra, en Venezuela no, Maduro tiene más muertos encima que Bashar al-Asad y por su culpa, más venezolanos que sirios han abandonado su país; pero alguien se ha encargado de convencer al mundo en estos 20 años, de que el caso venezolano, es una cosita insignificante.

Entre 2013 y 2019, por señalar sólo seis años de la Dictadura Narcomafiosa, más de 100.000 venezolanos engrosaron la lista de víctimas de la violencia y aumentaron los casos de “resistencia a la autoridad”. ¡Ah no!, pero no podemos comparar a Venezuela con Siria, porque en Venezuela no hay una guerra como la que padece Siria, aunque en Venezuela haya más muerte y más destrucción que en Siria, con el debido respeto que nos merece el pueblo sirio. Debe ser que como  la muerte por hambre es más suavecita, duele menos, entonces por eso las muertes de venezolanos durante estos 21 años de narcodictadura, generan menos titulares de prensa que los muertos y desplazados sirios. Aunque no sea descabellada la idea de que dada la evidente manipulación de datos en ambos casos, las cifras venezolanas pudiesen eventualmente incluso superar las del caso sirio. 

Son veintiún años de narcogobierno contra 10 de guerra civil, o en palabras de Roberto Briceño León, Director del Observatorio Venezolano de Violencia, (OVV), organización no gubernamental que junto a algunas universidades, investiga los índices delictivos en Venezuela, el país se ubica en la parte más alta de las listas mundiales de violencia, superando a algunas naciones que viven en conflictos armados.

“Sí, pero es que…” empiezan los rastacueros. Sí, ¡pero es que nada!. 

El caso venezolano es comparable con el nazismo y con la guerra siria. Allí están los datos. Lesa humanidad, holodomor y genocidio, son ideas asociadas al chavismo.

Hoy desde el exilio, me pregunto cada vez con más insistencia, sobre lo que me sigue uniendo a mi País, y más allá de venezolanos que repudien la monstruosidad, eufemísticamente hablando, que se vive en Venezuela desde 1999, no queda nada. 

…las muertes en Siria son causadas por balas, mientras que en Venezuela, las muertes son causadas por hambre, miseria, enfrentamiento entre bandas o desacato a la autoridad. 

El tiempo para la presunción de inocencia en el juicio al Narcochavomadurismo se agotó. El rastacuerismo es otra forma de narcochavismo, es como decir la oposición venezolana, no hay cabida para más “sí, pero es que…”

Es aquí donde entran los benditos bendecidores, que son el verdadero tema de este escrito. 

Entre el exilio, la pandemia, la cuarentena y las nuevas formas de relacionamiento social, se encuentra uno con cada especie, que sorprende más que la otra. 

Los círculos sociales a los que nos ha confinado el confinamiento, son algo así como: “Venezolanos en el Exterior”, “Venezolanos a punto de irse al exterior”, “Venezolanos en camino al exterior”, “Grupo de amigos”, Grupo de Mejores amigos”, “Grupo de mejores amigos exclusivos”, “Grupo de Facebook”, “Grupo de Facebook en contra del uso de los datos privados en Facebook”, “Grupo los reptilianos”, “Grupo Sumerios”, “Sumerios y Anunakis”, “Los maracuchos”, “Maracuchos en Maracaibo”, “Maracuchos en el Mundo”, “Seguidores de Lila”, “Detractores de Lila”; pero hay un grupo, que es como el cero a la teoría de conjuntos. Pertenece a todo conjunto, pero no es un conjunto en sí mismo.

Es un grupo de gente que lo único que hace es bendecir. Uno no sabe si esa gente sabe escribir o no, si tiene buena ortografía o no. No se sabe si son de verdad o son una máquina programada para bendecir apenas uno acerca la mano a su celular. Es difícil determinar si son amigos o son un sistema de espionaje cibernético o un grupo de hakers comandado por Julian Assange para sacarle a la luz pública toda la porquería que se consume por las redes sociales, dos días antes de la postulación a la presidencia de tu grupo de jua sap y así entonces acabar con tu carrera política.

En fin, ellos sólo profieren bendiciones.

Bendecido día, te dicen. Bendecida semana, bendecido domingo. Nada de bendito seas, ni que te vaya bien, no, es el verbo bendecir conjugado, ni siquiera en pasado simple o en pretérito, sino como en copretérito pluscuamperfecto, calculo yo, y me imagino que está conjugado en ese tiempo, para que la bendición sea, lo suficientemente bendecida y bendecidora. 

Esta gente, además de bendecida, tiene la particularidad de ser de teflón. Les resbala como esté uno. Si uno está preso o en el hospital. Esa gente no sabe si uno anda de luto o de parranda, ellos no saben si uno es feliz o si está siendo martirizado en uno de los círculos del infierno, no saben si uno fue abducido, o si fue poseso por uno de los ángeles caídos. No, ellos sólo bendicen, esa es su única función, su razón de existir. Ellos lo único que hacen es postear, o como se dice ahora en buen castellano, “guasapear” emoticones que tengan el verbo bendecir adjunto. Pero uno se desaparece tres meses y a los tres meses le estampan en la pantalla su bendecido MSM, no se interesan por saber el motivo de la prolongada ausencia, sólo les interesa que uno esté bendecido. Uno le puede haber deseado el feliz cumpleaños cada 30 de febrero puntualmente durante 48 años y deja de hacerlo durante quince, y al felicitarlos nuevamente después de 16, ellos se limitarán a mandarle su bendecido mensajito cuando lo ven a uno conectado a la red.

Claro, hay excepciones, las que confirman toda regla. Un bendito bendecido puede dar consejos. Dante saca todo ese odio de tu alma, tu no eras así. No permitas que tu risa se marchita por el pesimismo. Vive tu fe desde el amor, desde la tolerancia, no permitas que las fuerzas del mal opaquen tu luz. Vibra en positivo, desde la llama violeta y envuelve a Venezuela en tus pensamientos en verde de sanación. 

Pero como te digo una cosa, te digo la otra. Si a la madera le cae polilla, hay que buscar una solución. Si al perro le caen pulgas, se le busca remedio, al huerto hay que desmalezarlo para cosechar el buen fruto. Si el niño está adquiriendo malos hábitos, se le corrige y en ninguno de esos casos el odio tienen que ver. No se le tiene odio a las polillas aunque haya que exterminarlas, ni se odia a las pulgas ni la mala hierba ensombrece la luz de tu alma, mucho menos pretendes maltratar al niño. El tema es que todos sabemos qué es lo que corre por las cañerías; pues bien, en Venezuela las cañerías están tapadas por el ejercicio del poder a manos del narcotráfico y la miseria humana. 

Pues si amigos, entre sirios y venezolanos, bendecidos sean todos. 

HEMOS SIDO VIOLADAS

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

María Teresa, 25 años, Chile; Eloísa, 32, Colombia; Matilde, 18, Argentina; Carmen Luísa, 45, Venezuela… Rosario, España… Brasil, Portugal, México, África….Ácido en el rostro, mutilaciones, violaciones múltiples, muerte… La víctima común, una mujer, una niña.

Así como reza “cuando se tiene un hijo, se tiene a todos los hijos del mundo”, cuando una mujer es violada, nos han violado a todas. Cada mujer debería sentirse ultrajada. No importa si la conoces, si es familia, compatriota, debe moverte por dentro. La solidaridad, la empatía y la frustración, la impotencia, el dolor que representa un acto tan cruel como ese, no nos puede ser indiferente.

un acto inhumano, ejecutado sólo por una bestia. Y ese animal, debe ser castigado. Debe ser juzgado y sentenciado.

Pero no sólo de la boca para afuera, diciendo o pensando que es lamentable, que es un hecho atroz; es alzar la voz, hacer viral nuestra inconformidad, hacer viral el rechazo a la impunidad con la que se conducen muchos casos. No es preciso ser feminista, feminazi, militar en colectivos, organizaciones, sino ser mujer, cuyo motor sea el de oponerse de viva voz a estos despreciables eventos. Para eso sí que sirven las redes sociales, o cualquier otro mecanismo que permita expresar nuestra inconformidad, en especial, cuando quien impide expiar la culpa es también una mujer.

Si bien es indistinto el término jurídico que se le imprima, en el entender del caso, basta con el simple acto de obligar a una persona a tener sexo sin su consentimiento, indistintamente de su religión, raza, nacionalidad, edad; es por demás un acto inhumano, ejecutado sólo por una bestia. Y ese animal, debe ser castigado. Debe ser juzgado y sentenciado.

La manera en que legal o judicialmente se le llame en Venezuela o Argentina, o donde ocurra, en estos momentos, no tiene peso, al menos para mí. El término, aunque funcione para el litigio y establecer condenas (donde sí ocurren y no son absueltos los criminales) para la víctima y para todas las mujeres que nos solidarizamos con ella, es VIOLACIÓN, simple y pura… No se le puede llamar y definir de otra manera.

No es preciso ser feminista, feminazi, militar en colectivos, organizaciones, sino ser mujer

En muchas sociedades, las agresiones contra las mujeres son una constante, un tema cotidiano. “Es que iba vestida con poca ropa”, “Estaba provocando”, “Quién la manda a salir sola en la noche”, “Se emborrachó y no se resistió”. Aquello de que el fin justifica los medios, o las formas. Excusas, justificaciones para cometer un delito abominable.

Que no se nos vuelva costumbre. El tema de la venezolana en Argentina, sin restarle méritos, está por debajo de realidades que no son públicas y mucho menos se convierten en virales en Twitter, Instagram o TikTok. Es imperativo que las instituciones, en cualquier país que se precie de defender los derechos humanos, castigue con el peso de la ley, actos como el que hoy nos ocupa y preocupa. Que no se esfume en la cotidianidad, en el día a día.

DOS DE 23

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta 

Pasará cierto tiempo antes de que caiga en cuenta de lo que exactamente ocurrió en su vida en 2014. Es apenas un muchacho y a los 16, las cosas se miran con menos rigor. 

Es agosto 25, dos días atrás se había despedido de sus mejores amigos, lo mismo había hecho con sus profesores, con su computadora de siempre, su confortable cama y su cálida y desordenada habitación. Realmente, se había despedido de más gente, más lugares y más cosas, pero un muchacho a su edad, ve la vida con menos aspereza.

Despedirse, no con un hasta luego, sino con un quién sabe hasta cuándo

Todo lo que podía cargar consigo tuvo que entrar en dos maletas de 23 kilos por lado. Todo lo que al final no entró, se quedó en el limbo, como sus juegos, sus cuentos, hasta las fotos, los muñecos, la ropa que alguna vez le sirvió, la pelota de waterpolo que tanto cuidó.  

Aquello que no entró en las maletas, incluso sin ocupar espacio o aumentar el peso, se lo llevó en los ojos; el amanecer por el este, la puesta del sol de su playa favorita, la lluvia cayendo en el techo de la casa, el primer beso en la escuela, todo cuanto aprendió.

Danzando en el tiempo se quedaron las papitas fritas y la malta que el abuelo le regalaba al salir de colegio y cuando le dejó guiar el volante del carro con apenas cuatro años de vida.   

Todo cuanto suma en recuerdos, los primeros, los siguientes y los de siempre, no entraron en las maletas. Allí va todo lo material, lo estrictamente necesario, porque cuando dominó la bicicleta sin ayuda, cuando bateó su primer hit, cuando anotó un gol por vez primera, cuando corrió su primera ola; eso que vivió con pasión donde nació, ya nunca más será.  

Aquello que no entró en las maletas, incluso sin ocupar espacio o aumentar el peso, se lo llevó en los ojos…

Ese muchacho, sentado en su par de maletas de 23 por lado, como una sombra en el aeropuerto, no imaginaba lo que era emigrar. Despedirse, no con un hasta luego, sino con un quién sabe hasta cuándo; despedirse por fuera pero no por dentro, nada de eso lo sospechó.

Habría querido que su equipaje incluyera todo el valor que iba a necesitar después, la determinación que le impulsaría años más tarde. Habría querido que su despertar siempre fuese en esa ciudad de flores, estudiar en la universidad de sus anhelos, pero no siempre se nos permite decidir. En esos 46 se escondió el aroma de la tarde maracayera, se introdujo como polizón la sonrisa desmedida y la complicidad de su abuela; se filtraron los aromas y el sabor de la cocina venezolana, el perfume tempranero de su prima cuando iban juntos al liceo.  

Si hubiese podido, ese muchacho, que no mira con mucho rigor, no se habría despedido… 

UNIVERSOS PARALELOS

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Hace bastante tiempo que hemos tenido la oportunidad de ver películas o series televisivas que muestran la posible existencia de universos paralelos. Siempre creímos que todo era un asunto de ciencia ficción; sin embargo, en pleno año 2021, basta echar una mirada a la “realidad” venezolana para entender que no todo es producto de guionistas con mucha imaginación y fertilidad creativa. En un mismo territorio hacen vida dos mundos tan ambiguos, que superan el imaginario y el asombro personal y colectivo. 

Y como cualquier asunto en la vida hay un génesis, en este también. Una vez que fue reelecto Hugo Chávez en diciembre de 2006, dio luz verde a un conjunto de nacionalizaciones de empresas de “sectores estratégicos” como el petrolero, el eléctrico, el telefónico y el alimentario. A partir de ahí, se radicaliza la transformación de Venezuela en una potencia, pero en reversa. El avance ha sido en materia de destrucción; la evolución va en dirección al desfalco y la corrupción. La prosperidad es sólo para los del régimen, quienes han cargado con toda la riqueza del país, como una especie de aplanadora, que destruye todo a su paso. Un escenario que se mantiene vigente. 

…una verdad que abofetea por igual, a quienes han creído y apoyan a un proyecto que, de socialista y revolucionario no tiene absolutamente nada, y por supuesto, a quienes le oponen.

En Venezuela, como es consabido, las reglas son excepciones. Prácticamente nada se rige por la normativa, todo funciona de forma surreal, incluso en ambos universos, donde uno parece una obra pintada por Salvador Dalí; y el otro, una creación de Claude Monet.

Tanto Juan “El Interino”, como Maduro “Toño El Amable”, corresponsables, establecen decretos, promulgan leyes, firman convenios y, ambos, no sólo creen tener el don de mando, sino que les importa un bledo el destino del país y sus habitantes. Acerca de su legitimidad hay demasiado por explicar y argumentar (eso queda para otro momento).  

Lo esencial ahora es destacar que, ilegítimos o no, para los ojos de muchos –nacionales o extranjeros-, Venezuela tiene todos los atributos del primer mundo en uno de sus universos, desde avionetas privadas, yates de lujo, plantas eléctricas, pozos privados de agua, seguridad de primera, internet satelital, que no necesariamente son producto del trabajo honesto de algunas familias; allí se beneficia todo aquel enchufado militante o militar del régimen (valga la redundancia). 

A lo anterior hay que sumar los bodegones en distintas partes del país, abarrotados de productos nacionales e importados a precios intergalácticos que muchos no ven o compran desde la era del hielo, y que, sin embargo, podríamos encontrar fácilmente en cualquier cadena de supermercados en la Venezuela que yo conocí por décadas, ¿quiénes o cuántos pueden hacerlo ahora?, en una nación dolarizada, pero sin dólares, y sin salarios justos dada la hiperinflación que supone un manejo inadecuado de la economía, aunque se persista  en culpar al “bloqueo impuesto por EEUU”. 

En contraparte, ya en 2018, UNICEF alertaba de la situación de desnutrición que vivían los venezolanos, y cuyas proyecciones eran como un capítulo de terror escrito por Stephen King, sin estimar que todo empeoraría con la llegada del Covid-19, que –como es de suponerse-, ha golpeado a Venezuela, tanto o más que muchas naciones consideradas desde siempre como las más pobres del mundo.  

En medio de la pandemia, la organización humanitaria británica Oxfam publicó en 2020 una alerta sobre “el virus del hambre” en la que Venezuela figura como uno de los diez principales “puntos críticos”. En efecto, en un artículo publicado por la BBC News se indica que es uno de los países más seriamente afectados, en especial refiriéndose a los niños menores de cinco años. “Incluso antes de la pandemia, más de la mitad de la gente con hambre en América Latina estaba viviendo en Venezuela”, según Oxfam. Como tuve la oportunidad de leer en Twitter: Muchos de estos niños ya perdieron años de vida sin haberlos cumplido. 

Mientras en el universo de Dalí, en una rampante apariencia se muestra un país pujante, fortalecido y de primer mundo; en el de Monet resuena en el asfalto que a diario pisa la pobreza reinante, el compromiso de construir un Gran Gasoducto que llevaría incluso el producto al resto de Sudamérica, convertida ahora en la promesa de llevar leña para cocinar en fogones. En el medio: 20 años de saqueo al país.

…dos grupos de criminales disfrazados de políticos que se han lucrado a punta de la desgracia e ignorancia de millones de venezolanos.

Así pues, dos universos, dos TSJ, uno que funciona desde el exterior y otro dentro de casa, éste último en manos de un funcionario con antecedentes penales, lo cual no debería causar asombro cuando el propio cabecilla de la apocalíptica banda, es buscado internacionalmente por encabezar una red de narcotraficantes en el continente y fuera de él.  

Por otra parte, en una Caracas, que gobiernan los pranes (otro tema álgido que requiere de mucho tiempo), donde impera la inseguridad, escasez de gas, agua, fallas eléctricas, y reina la calamidad, basta con llegar al pie de El Ávila y montarse en un funicular (que no es gratis ni barato tampoco), para hacer apuestas, comer y beber como burgueses en el casino que funciona en el Hotel Humboldt. Lujos que sólo un grupillo puede darse; al igual que hacer turismo interno a lugares como los cayos en Morrocoy o a Los Roques.  

Pero lo más decepcionante de todo esto es que no se trata de la imaginación, sino de una verdad que abofetea por igual, a quienes han creído y apoyan a un proyecto que, de socialista y revolucionario no tiene absolutamente nada, y por supuesto, a quienes le oponen. En esto se incluyen, tanto quienes han logrado emigrar del país para procurarse un futuro más digno, como aquellos que siguen allí adentro tratando de sobrevivir y de comprender dónde comienza y dónde termina la línea fronteriza entre ambos universos, sin morir en el intento. 

Dos presidentes, dos asambleas, dos fiscalías, dos tribunales supremos y, al mismo tiempo, dos grupos de criminales disfrazados de políticos que se han lucrado a punta de la desgracia e ignorancia de millones de venezolanos. Esta gente, a mi entender, no es de izquierda ni de derecha; no tienen moral, ética, principios ni respeto por el ser humano; simplemente, lo que prevalece es la demagogia, el dogmatismo y el populismo que usan como máscaras. Su única religión e ideología es el dinero.

DOBLE CRISTAL

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

En esta era de globalizaciones, en la que las redes sociales potencian su impacto, también sirven – además de medios para especular y exponer sobre nuestras vidas-, como tribunas de opiniones que cada vez evidencian de forma más vigorosa, que no importa cuántas pandemias amenacen la humanidad, su principal enemigo, es el hombre en sí mismo.

Cuesta determinar el origen de tanta podredumbre interior. Se asoma a diario, no sólo en publicaciones personales, sino aún peor, en los comentarios emitidos en las colgadas por otros usuarios. Hay un claro y absurdo empeño en querer tener siempre la razón, por encima de todo y de todos. Y a esto se suma, la aberrante tendencia a generalizar acerca de todo y de todos.

el detalle estriba en la vorágine de contenidos que se difunden sin filtro ante los ojos de cualquiera.

Así se ponen de manifiesto las xenofobias; los fanatismos religiosos, políticos, sexistas. Los extremistas de naturalezas diversas pretenden convencer a los demás, que sólo ellos tienen la razón sobre lo que creen y piensan. Nadie tiene la verdad absoluta, pero el ser humano persiste en creer que sí, y pone todo su empeño en convencerse y desarrollar estrategias para que los demás también lo hagan. Las generalizaciones apestan y las imposiciones también. Si a usted le gusta la sopa, a todo aquel que no la coma, se le enciende la vida a punta de brasas a quema ropa, incluida Mafalda y, hasta a Quino, su creador, sólo por citar un ejemplo.

Todo esto, sin entrar en honduras, involucra de muchos modos a la denominada “generación de cristal”; esa que se ofende por minúsculas opiniones o pensamientos adversos. Pero que, al mismo tiempo, le encanta lanzar la piedra a la ventana ajena y esperar que otros recojan los vidrios. Recordemos que lo importante acá es ser “tendencia”, al precio que sea. Que no sabe incluso diferenciar entre un pronunciamiento serio y la cuota de humor de un comediante.

Está prohibido hablar de algunos temas de manera natural e incluso especializada; sin que esto conlleve a reacciones inmediatas y alarmantes. Sin embargo, otro asunto preocupante aún más es que, en muchos casos, son los propios administradores de Twitter, Facebook e Instagram quienes, bien parados sobre su falsa moral, justifican determinados contenidos que no deberían estar al alcance de todos (pornografía, pedofilia, violencia contra niños y/o animales), mientras censuran asuntos banales, sólo porque “hay denuncias” que en numerosos casos obedecen a caprichos personales. Parece que no se toman la molestia de investigar los contenidos, sino que son guiados por algoritmos , o qué sé yo.

En esta era de globalizaciones, la libertad se confunde con libertinaje.

Hace aproximadamente un año, publiqué un artículo que titulé “Maduro Suicídate”, (https://wordpress.com/block-editor/post/metamorfosisforzada.com/404), por el cual me gané una penalización en Twitter. Me cerraron la cuenta “por incitar al suicidio”, ¡Joder! Ojalá tuviese esa capacidad persuasiva, para ponerle fin a la vida de ese ser tan despreciable; pero no. Yo me imagino que ni me lee (él no sabe leer, mucho menos interpretar). En todo caso, de hacerlo, le debe importar un bledo lo que diga y piense sobre él, es que a decir verdad, al sujeto en cuestión no le importa nadie más que sí mismo.

Además, el contenido del escrito, tenía argumentos claros sobre las acciones y crímenes que Nicolás Maduro (Toño el Amable), ha cometido en contra del pueblo venezolano desde que asumió el mandato en 2013. Pero, ¿a quién le importa eso? A Twitter no. A ellos el algoritmo y sus propios intereses de comercialización les limitan, y mucho.

El punto es que, yo he visto en Twitter fotos de hombres completamente desnudos, mostrando todas sus partes en pleno izamiento de bandera, por decir poco. He sabido de cuentas que alimentan bajo códigos de conciencia interna, la pedofilia. Y los reconozco porque junto a otros colegas y amigos, le hacemos la guerra.

En Instagram y en Facebook, que es otro caso, hay cuentas de mujeres bien subidas de tono. Hay tutoriales de “técnicas específicas de cómo hacer sexo oral” y otras especies. Y antes de que me cataloguen de moralista o anticuada, o como les venga en gana, lo que me genera choque es la doble moral. Incluso por encima de la alta probabilidad de que esas cuentas sean vistas por menores de edad, pues para ello deberían estar supervisados por sus padres o representantes, pensarían muchos, sin admitir que el detalle estriba en la vorágine de contenidos que se difunden sin filtro ante los ojos de cualquiera.

En efecto, redes sociales como Instagram se diferencian de YouTube, porque la persona tendría que colocar en el buscador lo que pretende encontrar, aunque en IG también en otros tiempos ocurría, porque ahora aparecen arbitrariamente cuentas de personas completamente desconocidas (al menos en la mía) fuera de la ráfaga de publicidad. No necesitas seguirlas, allí están alimentándose de tu perfil. Siempre el algoritmo.

Ahora bien, retomando lo que planteo al inicio, esta doble moral que funciona como una bola de nieve en estos tiempos, es asumida y atizada en gran parte por usuarios que cada vez, en menos proporción, les importa un bledo las consecuencias de lo que publican, de lo que comentan y de lo que respaldan, puesto que al parecer, lo esencial acá es la tendencia, es la “influencia” y fortalecer ese doble cristal que muchas veces, sin darse cuenta, les puede estallar en el rostro.

HE RENUNCIADO

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Pérdidas y ganancias. Ese es el resultado del balance de la vida. Han transcurrido seis años desde que vi desdibujarse la costa litoralense en mi retina. Cuántas veces aquellas playas bañaron nuestros sueños y esperanzas de pequeños, de adolescentes. Cuánto de despedida se respiraba en el aeropuerto internacional venezolano ese agosto de 2014. No lloré, no lloramos.

Había demasiada renuncia, y no quedaba rendija, recodo para el desahogo. Mucho de expectativas encausaban el pensamiento, el corazón. Cuando emigras renuncias a todo.

Aquello que fuiste, por lo que definiste gran parte de tu vida, queda atrás. Comprendes que aquello que leíste, lo que aprendiste, los títulos, son una recompensa personal, sólo eso. Fuera de la frontera, poco es lo que cuenta.

He renunciado a ser la que en una especie de stand up, entre lo personal y profesional, explicaba cómo hacer periodismo en un país enfermo y maltrecho. Renuncié a esa paradójica felicidad que creí tan mía. He renunciado a reírme a carcajadas con la frecuencia que acostumbraba.

El ego se tropieza con paredes, con calles, con rostros que no te son comunes, con un idioma que parece simple, pero que no terminas de comprender ni aprender. En caracteres y actitudes que nunca terminan de amalgamarse contigo.

Dejas atrás los afectos, los lugares, los sabores. Renuncias a lo que fue, porque por más que insistas, ya no será.

Las tecnologías reducen distancias, acortan tiempos. Un abrazo, una palmada, una mirada nunca es igual a través de una pantalla. Hay calores que son necesarios sentirlos, que es preciso que empañen tus ojos, y que te rocen la piel y el alma.

Hay dos cosas a las que no quiero renunciar, no puedo renunciar. A mi lengua materna. A ella porque la encuentro plena de riqueza, de plurales dimensiones. Amo su sonido y lo que representa cuando me expreso. Y al periodismo; porque es un escape a medianoche, una fuga con poco aliento, pero deseoso de saberse y darse a conocer.

Por eso me desnudo en cada oportunidad que se me ofrece, por eso me escapo entre las ramas de sus múltiples manifestaciones. Siempre tengo sed de contar historias, de narrar lo mío y lo de otros, y en él puedo hallarlo y hacerlo.

Las flores, los tejidos, el dibujo, la fotografía, las caminatas, han rescatado parte de lo que tenía muy dentro y no conocía en esos inmortales silencios que ocupan mi vida desde que emigré, pero el periodismo es mi bomba de oxígeno, la bujía de mi motor intelectual, el sabor más dulce en mi lengua, la dinamita en mis dedos anhelan. El periodismo me ha salvado de los males del mundo. He renunciado a mucho, quizá demasiado.

POCO PAN Y MUCHO CIRCO

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

En Venezuela escasea todo menos las malas noticias. La maldad, el egoísmo y la criminalidad, conforman un plato que a diario se sirve bien caliente y, en consecuencia, las noticias de la desgracia recorren el mundo entero. 

Desde hace unas semanas, una información que ocupa la atención del país y de organizamos internacionales, así como de países conscientes de la tragedia que vive Venezuela, es la del llamado a elecciones parlamentarias para diciembre de 2020. Sí, en unos escasos meses. Sin embargo, más allá del conflicto de ilegitimidad gubernamental reinante, los políticos han puesto sus cartas sobre la mesa.

Y aunque muchas caretas continúan sin caerse, Maduro (a ese que llaman mundialmente Toño El Amable), y varios líderes de la traidora comparsa de seudos adversarios, como Henrique Capriles Radonski y Stalin González, bajo la sospecha de una negociación tras bastidores, han anunciado al país no sólo su disposición de acudir a las urnas, sino además de presentar una lista de “honrosos candidatos”, porque en Venezuela el mejor negocio es ser parte del régimen; el segundo mejor ser de la oposición, pero el peor es ser ciudadano

Como es sabido, el pacto entre ambas partes, trajo consigo la “libertad” de 50 presos políticos y el “perdón” para 60 dirigentes y opositores perseguidos o exiliados. Vaya descabellada y absurda creencia: indultar a inocentes. Mientras tanto, a Guaidó se le acusa de incapaz “por su falta de rectificación en la conducción del gobierno interino que ha impedido derrocar la dictadura y aliviar el sufrimiento de los venezolanos”, según el partido Primero Justicia (pese a que sus principales dirigentes forman parte del gabinete de la Presidencia encargada). Como si fuese tan simple acabar con un Estado criminal que ha sido catalogado, y con mucha razón, como un narcoestado.

La única razón que justifica unas elecciones ante un panorama como el que vive Venezuela, es echar al traste lo poco o mucho que se haya avanzado para contrarrestar a la narcodictadura

Respecto a las postulaciones del régimen, a esa lista que parece un museo del crimen no ahondaré para no embarrarme de estiércol. Haré referencia, como es de suponerse, a quienes dicen de la boca para afuera que serían sus oponentes, y con ello, intentar ocupar la mayor cantidad de curules en el capitolio nacional. A mi entender, es como aquella frase que inmortalizara el poeta Juvenal en la antigua Roma “Pan y Circo”. Teniendo lógicamente, algunas apreciables diferencias como el hecho de que, en este momento, es poco el pan y mucho el circo.  

Ahora bien, Juvenal intentaba describir de manera cínica la modalidad de ciertos emperadores de su época, quienes obsequiaban al pueblo trigo y entradas al circo romano –cuyas escenas sangrientas y aborrecibles han sido descritas a lo largo de la historia-, con la solapada intención de mantener a los ciudadanos alejados del mundo político; es decir, que les interesara cada vez menos el deber que como gobernantes tenían. Hoy, por su puesto, tiene plena vigencia, dado que amplios sectores de la población venezolana permanecen distraídos de temas medulares, mientras se mantienen ocupados buscando algo para comer, medicamentos, gasolina y, pare usted de contar.  

Aparte de las calamidades que desde hace años azotan al país y que han obligado a cerca de 5 millones de sus ciudadanos a emigrar –muchas veces bajo condiciones infrahumanas-, se le encima la desmedida propagación del COVID-19, en buena parte por falta de políticas de salubridad que ha profundizado el número de fallecidos del personal médico y de un incremento abismal de la población. Y en medio de esta calamidad, sin esperanzas de que oficialmente se establezcan medidas para contrarrestar la pandemia, cuando todo parecía que nada peor podría pasar, a Maduro “Toño El Amable”, no se le ocurre invertir en salud (sobre todo ante el Coronavirus), en educación, en reactivar la economía, en realmente apostar al progreso del país, sino que se antoja de convocar a elecciones.  Otro circo, y seguimos sin pan. ¿Qué dictadura pierde unas elecciones?

Todo parece una idea descabellada, pero no. No se trata de situaciones aisladas. Cuando pensamos en frío, las piezas comienzan a encajar en el rompe cabezas. Mientras el pueblo se preocupa y ocupa por la adquisición de sus bienes esenciales, por no decir de sobrevivir a la inflación más tenaz que haya vivido Venezuela, la idea del régimen es –sin un orden específico- restarle méritos al Gobierno interino, en especial, en el ámbito internacional, porque justamente ese reconocimiento es el que ha permitido que se rescatara a CITGO de manos de la dictadura, por ejemplo. Con el régimen llevando el timón en la AN, la jugada está hecha, pues recuperarían el oro y los miles de millones de dólares que hoy reposan en EEUU y Europa. 

No importa cuánto intenten maquillar la realidad que circunda estos comicios parlamentarios, cuánto pretendan mantener el espectáculo circense, matando de hambre al pueblo. La única razón que justifica unas elecciones ante un panorama como el que vive Venezuela, es echar al traste lo poco o mucho que se haya avanzado para contrarrestar a la narcodictadura, y en especial, dejar muy claras las pretensiones de apoderarse nuevamente de la Asamblea Nacional; aparte del evidente quiebre del sector opositor. 

Sin embargo, preocupa aún más cuando desde el sector opositor, en la denominada “Fuerza del Cambio” se leen nombres como Luis Felipe Acosta Carles, el famoso eructador del chavismo; Henri Falcón, el rey de las talanqueras. Y por si fuese poco, se monta la gata sobre la batea, con la candidatura de Javier Bertucci. Si nos les suena, muevan esos dedos en Google. Otro payaso más para el espectáculo. 

Todo este circo asquea y no por capricho y ganas de ser controversiales, pero no pinta nada bien cuando las inscripciones se han hecho a la medida del régimen; es decir, se postergaron en tres ocasiones a la espera del nuevo partido que HCR ha creado de forma apresurada logrando inscribirse en el trasnocho del país, con el beneplácito revolucionario.  

Sin agua, sin luz, sin alimentos, sin medicinas, sin internet, sin gasolina, pero con elecciones; esa es Venezuela en manos de dos grupos de poder a quienes no les interesa más que sus intereses personales. Por ello, creo que es muy cierto cuando se afirma “Cuando dos elefantes se pelean, quien más sufre es la hierba que pisan”. 

INTERINATO DE POR VIDA

Dante Garnique / @dantegarnique

Por definición, interinato es sinónimo de provisionalidad, de cortedad en el tiempo, de debut y despedida. Interinato alude a la o las acciones que se ejecutan durante un período muy breve, para dar respuesta efectiva a alguna anomalía, que probablemente, sin el interinato no desaparecería. Un interinato vendría siendo algo así como una intervención quirúrgica de emergencia; excesivamente riesgosa, pero casi ineludible. Un interinato nace con fecha de caducidad. No hay necesidad de forzar el fin del interinato. El interinato surge para desaparecer. Un interinato es un puente; no es el camino.

La única función, la única razón de ser del interinato, es la transitoriedad. La perpetuación de lo interino es una aberración. El único logro exigido a lo interino, es su fin. El interinato no bebe ir tras otra meta distinta a acabarse, a terminar. Si lo interino se prolonga, quiere decir que se ha convertido en un problema adicional al que se suponía debía resolver.

Pongamos, por ejemplo, un país en donde las estructuras jurídicas han desaparecido. En donde no existe ley, en donde la vida de los ciudadanos se puede comparar con el valor de un teléfono celular de última generación, o al de un automóvil; debido a la debacle política social y económica, de considerables consecuencias en el sistema de valores del conglomerado al que representa.

En un país con esas características, podría plantearse la necesidad de un interinato.

Asumamos que con algún grado de dificultad, logra ser activado un interinato. ¿Cuánto tiempo debería prolongarse esa transición? ¿Un año, dos, tres, un período presidencial? ¿Sería sensato “evaluar los objetivos logrados por el interinato” a lo largo del tiempo? ¿Cuánto tiempo, y cuáles deberían ser “los logros” del interinato, distintos a llegar a su fin?.

¿Cuál sería, por ejemplo, una propuesta para mejorar un interinato, o para fortalecerlo? Que cese lo más pronto posible. Ello sería la prueba de su eficiencia: su corta duración. La longevidad del interinato es proporcional a su ineficiencia. Una cirugía, mientras más larga, supone más riesgos para el paciente, ya que esa intervención no es lo que se diría, un estado natural. Eso es un poco un interinato y arengar a las masas para crear propuestas que “fortalezcan” un interinato, sería como tratar de convencer a los familiares del paciente en quirófano con el corazón abierto, para que le pidan al médico que alargue un poquito más la operación.

Lunes 07.08.2020

¡NO! A LAS CAMPAÑAS HUMANITARIAS EN DICTADURA

Dante Garnique / @dantegarnique

La excarcelación de un preso político en Venezuela, fue uno de los temas del 9no episodio de Metamorfosis Forzada correspondiente al 30 de agosto de 2020. Al expresar mi rechazo a campañas humanitarias o de cualquier otra índole en Venezuela, mientras exista una dictadura, estaba consciente de que éste generaría interrogantes que deberían ser aclaradas. Intentaré hacerlo.

A veintiún años de narcodictadura, me parece que la única campaña que tiene sentido es aquella cuyo objetivo sea acabar con el régimen asesino, o aquella encaminada a impedir que la gente olvide que en el País existe un narcorégimen, dicho con palabras de Mauricio Claver-Corone, asesor para los asuntos del hemisferio occidental, en la Casa Blanca: “Maduro preside el Cártel de los Soles y Venezuela es actualmente el único narcoestado del mundo”. 

¿Por qué vale más la libertad de Requesens que la de Pablo Pueblo?

En este momento, cualquier esfuerzo, cualquier campaña, por filantrópica que parezca, pero que sea diferente a salir por la fuerza del Cártel de los Soles, arraigará más al oprobioso régimen neofascista venezolano. Por eso me opongo a ellas. Lo cual no significa y esto que quede claro, que esté de acuerdo con el encierro de personas por el hecho de opinar diferente.

Pero es que hay muchos otros asuntos que se escapan a la vista cada vez que se pierde el tiempo con ese tipo de campañas de distracción orquestadas, unas veces por la rancia casta política venezolana disfrazada de oposición, otras veces por la dictadura y otras, por ambas, como han declarado descaradamente las dos partes (Henrique Capriles Radonski y Nicolás Maduro), en el caso Requesens, que se trata de una negociación con miras a las elecciones parlamentarias de diciembre 2020. Un proceso literalmente pírrico concertado como estrategia de terapia intensiva para la actual élite narcocondutora, conjuntamente con su médico de cabecera. 

Pues bien, se pierde de vista el hecho de que en Venezuela es un misterio el número de presos políticos que mueren en los campos de concentración de los narcogenerales. En tal sentido, el Director del Foro Penal Venezolano, Alfredo Romero ha declarado que de los 110 indultados; por Maduro y Henrique Capriles Radonski, sólo 50 están entre los 386 de los que se tiene conocimiento. En otras palabras ¿qué pasará con los restantes 336 ignorados? ¿Se quedarán en las mazmorras por su baja cotización en el mercado político en donde la moneda de cambio son vidas de personas políticamente valuadas o devaluadas? ¿Por qué vale más la libertad de Requesens que la de Pablo Pueblo?

Es esta autopercepción del éxodo venezolano, lo que nos indica que si hay una campaña que emprender, ésta debe ser para establecer un objetivo de emergencia nacional: MATAR A LA DICTADURA

Pero además, el acuerdo dictadura – falsa oposición, distrae, sepulta, el tema de los Derechos Humanos en el Sistema de Cárceles de Venezuela. ¿Es válida la violación de los derechos humanos de los delincuentes comunes por el sólo hecho de haber delinquido, también sus vidas valen menos que la de Requesens? 

Y si abrimos este debate, entonces se nos olvidará el tema de los hospitales, o el del agua, o el del desbordamiento del hampa mezclado con el de las milicias y el paramilitarismo, el de la paralización absoluta e indefinida (por lo de la pandemia) del sistema educativo o el de la inexistencia de transporte público, sin mencionar el caos de la infraestructura vial; el del hambre, la miseria y la desnutrición del pueblo venezolano adulto e infantil, o el del COVID-19 al interior de las cárceles en Venezuela y Las Fuerzas Armadas y el llamado pranato. O el tema de la gasolina, o el detallito de la inexistencia de un Estado, jurídicamente hablando, dos tribunales supremos de justicia (uno en el exilio y el reconocido por los narcos), una Asamblea Constituyente y una Asamblea nacional o el de las reservas de oro rodando de banco en banco por todo el mundo, siendo perseguidas cual jauría tras su presa, tanto por el interinato Guaidosiano, como por el oficialismo narcótico.

Pero es que además, en Venezuela nadie sabe, hoy día, septiembre de 2020, cuánto petróleo se produce, si es que acaso se está produciendo en uno de los países fundadores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), y muy probablemente, poseedor de una de las mayores reservas mundiales del mineral.

En Venezuela no se sabe nada que a los traficantes de drogas disfrazados de políticos no les interese que se sepa.

Tan efectiva ha sido la propaganda de la narcodictadura venezolana, que sólo después  de 19 años y con mucha timidez, ha comenzado a llamársele dictadura a la dictadura. Antes del plebiscito organizado y puesto en práctica por sectores de oposición y desconocido por la narcodictadura, el venezolano era tratado como un régimen más del grupo de los políticamente aceptables. Es por eso que queda mucho por hacer en términos de propaganda en contra del neofascismo narcomafioso venezolano. 

Los medios masivos, a través del lenguaje, crean corrientes de opinión y sistemas de creencias que anidan en el inconsciente colectivo.

Es digno de análisis el hecho de que muchos venezolanos desplazados, se refieren a su autoexilio como el resultado de una decisión “voluntaria” en procura de una mejor forma de vida y no por causa de una dictadura mafiosa. Es esta autopercepción del éxodo venezolano, lo que nos indica que si hay una campaña que emprender, ésta debe ser para establecer un objetivo de emergencia nacional: MATAR A LA DICTADURA, tumbar al Narcodictador, cualquiera otra, sería una campaña orquestada por la dictadura para desviar la atención del pueblo y, con ello, alargar su permanencia en el poder. Por eso, LE DIGO ¡NO! A LAS CAMPAÑAS POR LA LIBERACIÓN DE LOS PRESOS POLÍTICOS EN VENEZUELA.