LA NUEVA NORMALIDAD

Dante Garnique /@dantegarnique

Es abril, el año 2021. La filosofía se ha puesto de moda, no es una generalización afirmar que todo el mundo habla de la vuelta a la normalidad. El detalle está en que nadie tiene claro ¿qué es la normalidad?.

A ver, indistintamente de la respuesta a la interrogante planteada, lo que subyace al planteamiento mismo, parece ser la certeza de un antes y un después. El hito que demarca la frontera entre ambos puntos, es la pandemia del año 2020: COVID-19.

El año 1999 marcó también un hito en el devenir histórico de Venezuela. El sexagésimo segundo Presidente de la República, llama la atención internacional en su intento por esclarecer la dirección que daría a su mandato.

En 1998, declaraba a la prensa sentir simpatía por la “Tercera Vía” proclamada por Tony Blair y Bill Clinton. En el 2005, en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, convocó a una discusión sobre el socialismo, “un nuevo socialismo del siglo XXI”. En 2007, se declaró trotskista, durante una visita a China; en el 2008, dijo que era maoísta. Desde 2009 se autodenominó marxista, impregnando con este discurso polivalente el devenir institucional de la república.

A partir de 1998, hasta la fecha, 2021, un año después de la pandemia mundial, o existen demasiados supuestos ideológicos para comprender la lógica de las políticas públicas en Venezuela, lo cual convierte ese esfuerzo teórico en una labor tediosa con complicaciones adicionales a las de un análisis estándar, o no existe ninguna base de sustentación teórica para la comprensión del fenómeno venezolano, en virtud de su inacabado proceso. Es decir, dado que hasta el día de hoy, el aparato estatal venezolano se desenvuelve bajo los parámetros esbozados por el artífice de un modelo de muy amplio espectro sin haber alcanzado ninguna meta claramente visible, resulta poco apropiado adelantar alguna conclusión al respecto.

Esto es así para todas las esferas de la vida en Venezuela. La social, la económica, la política, la pública y la privada. Pongamos un ejemplo.

Antes de 1999, la muerte de cualquier servidor público era recogida por los medios masivos en un tono luctuoso. Sin importar las tendencias ideológicas del difunto, las manifestaciones en torno al hecho, traslucían respeto a la dignidad humana.

Acaba de suceder lo propio con un funcionario identificado sin equívoco alguno, con el proceso de cambio iniciado en Venezuela a partir de 1999 y las expresiones al respecto, traducen un poco el espíritu de los cambios introducidos desde entonces. 

“Ha fallecido anticristianamente un profesor de escuela venezolano, que logró el milagro de amasar una fortuna incalculable, con yate y putas incluídas, en un país en escombros, donde los demás profesores, aún universitarios, no ganan ni para tomarse un café. QPND” (Que en paz no descanse)

“Mis condolencias a la esposa y demás familiares de Aristóbulo Isturiz, a quien conocí por allá, a finales de los 90 y con quien siempre tuve una relación de respeto en el marco de nuestras diferencias políticas. Paz a su alma …”

“Tener una relación de respeto con quien es cómplice de la destrucción de un país es irrespetar a quienes sufrimos dicha destrucción. En la vida es importante distinguir entre el bien y el mal. Es grotesco que trates de contendor político a narco criminales que desguazaron a Vzla.”

Estas tres citas resumen grosso modo, el “nuevo estilo” de la opinión pública venezolana. Un debate encarnizado entre bandos opuestos, por encima de elementales normas de cortesía, por encima de lo que nos hace comunes como personas y como seres humanos. Una confrontación deshumanizda y deshumanizante sin ningún respeto por la dignidad del ser humano. 

¿Merece Aristóbulo tras su muerte, un mínimo de respeto, o sus familiares?. ¿Por qué hemos llegado a este punto?. ¿Alcanzará Venezuela la nueva normalidad? ¿En qué consiste la normalidad?.

Jueves 29.04.2021

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TROPIEZOS

Zeudy Acosta Paredes /@zeudyacosta

La mañana está fría en Madeira. El pronóstico del tiempo alertaba ayer de lluvias y relámpagos para hoy. En su lugar, una niebla densa arropa la ciudad; a dos metros ya no logras ver nada, ni nadie. Aún así, debo salir. Conducir en estas condiciones debe ser un riesgo. Suspiro porque no tengo esa responsabilidad.

Salgo a la parada a esperar el autobús. Hay dos rutas, y por cuestiones del horario en los que pasa el transporte, opté por la segunda. Quizá la que menos me gusta cuando llueve, porque está más retirada de casa. Sin embargo, esta tiene su encanto. Puedo mirar la inmensidad del mar, su quietud o su ímpetu. Encuentro en esa panorámica un exceso de vida, un desbordante misterio.

Pero hoy, el blanco es una muralla sin transparencia. Alcanzo a ver ese árbol que se muestra ante mí, imponente y sabio. En cada estación se pone un traje diferente y aguanta sin pronunciar palabra alguna, frío, viento, lluvia, sol.

A veces, como hoy, me tropiezo con recuerdos de lugares o momentos que añoro. Estoy allí, asomada en la ventana de la sala, mientras el humo del espumoso café con leche  me calienta los ojos.  Aguardo, expectante al sol que comience a aparecer despacio detrás de la montaña que custodia la casa por el oeste.

No es un amanecer cualquiera lo que ocurre en Maracay. Hay una cita diaria con variedad de pinceles y una abundante diversidad de colores en la paleta. Dios ha de tener predilección por ese lugar que de tanto en tanto añoro. Rojo fuego, amarillo ardiente se van dibujando sobre el verde del Henri Pittier, y yo aquí, me tropiezo con ese cálido momento de la casa donde viví por largo tiempo antes de migrar, para apaciguar el frío que me llega a los huesos.

A veces me tropiezo a propósito… Hoy es uno de esos días.

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NOS TENEMOS

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Indistintamente de la forma en que nos tocó emigrar, los venezolanos estamos hoy como semillas regadas por el mundo. En rincones inimaginables. Y en este tránsito, no se trata sólo de reinvención, sino además de “tenernos”.

Da lo mismo, emocionalmente hablando, de estar dentro o fuera de Venezuela. Cierto que haber emigrado, en muchos casos te da la ventaja de tener acceso a recursos que son impensables para la mayoría de los que habitan el país aún. Sin embargo, hay un punto en el cual con certeza coincidimos, en la ausencia interior. Ese vacío que nos queda al despedirnos, de parte y parte. Pero aún en la distancia, nos tenemos.

Hemos trascendido en el imaginario, esa frontera digital para nosotros no existe. Las cadenas informativas, la ayuda multidimensional, créanme, no la tiene otro migrante. Somos consuelo de alto nivel, terapeutas de acupuntura digital, médicos sanadores con la palabra, los stickers y los emojis; psicólogos de la empatía y la resiliencia, especialistas del péndulo que sujeta el corazón. Abogamos a los múltiples recursos que nos provee el universo de Marvel para llegar incluso a ser super héroes para otros. ¡Y qué maravilloso que nos tenemos!

Un superpoder que trasciende, que atraviesa kilómetros por el cielo en segundos como Superman para abrazar a un hermano que ni siquiera has visto alguna vez. Un superhéroe que no necesita una capa para aliviar una noche de desvelo porque no puedes respirar, o ser la Mujer Maravilla para plantar un escudo que detenga a un mortal virus, con simples, pero sanadoras palabras. ¡Maravilloso es tenernos!

Nunca como antes, hemos sido llamados para practicar y defender la solidaridad, y que sea la serendipia de un hermano desconocido la que nos halle en medio de una fiebre, de un ahogo, de de la propia soledad. ¿Díganme si no es una bendición tenernos?

Hoy, en estos tiempos de tanta incertidumbre, trato de que gane la posibilidad de vencer, y pienso en las enseñanzas que vienen desde tantos frentes. Los girasoles siempre buscan el sol para sentirse vivos, pero cuando los días están nublados, no se deprimen, se miran los unos a los otros buscando la energía en los demás.

Después de todo, al final del día, cuando llega la noche, en el silencio de nuestro más íntimo momento, ¿qué pensamos y qué sentimos? Seguramente, en cómo esquivar al “bicho” o sobrevivir si nos ha tocado. Que la esperanza, la fe, la confianza se anteponga al miedo, y por eso justamente, es que ¡me gusta despertar sabiendo que nos tenemos!

LAS MALAS JUNTAS

Dante Garnique / @dantegarnique

Que te quemen las plantas de los pies o de las manos o que te las corten con hojillas, es malo; hacérselo a alguien aunque sea con el pretexto de proteger a otro alguien, también es malo. Que te consientan y te mimen es bueno, consentir y mimar a los seres queridos es bueno. La relativización de la moral es vulgar manipulación. Hay cosas buenas y hay cosas malas. 

La amistad es algo hermoso, los seres humanos, al igual que la mayoría de los animales, vivimos en manadas. La diferencia es que nosotros escribimos poemas exaltando el tema, mientras que ellos sólo disfrutan de manera prístina, el placer de compartir toda la vida con sus congéneres, sin preguntarse, sin cuestionarse. Desde las entrañas, desde lo instintivo.

El proceso de socialización va manchando el inocente afecto que desde niños se va desarrollando por los semejantes. Hay algunas almas rebeldes que se imponen y son capaces de llegar a viejas, con unos dos o tres amigos. Y juegan imaginariamente o con palabras, y reviven emociones a través de los recuerdos y se ponen cursis narrándoles sus anécdotas juveniles a los nietos. 

Cocinar es una forma de amar, tener sexo es una forma de amar, ser amigos, es una forma de amar, seguramente habrá muchas otras.

…desde 1999 acaban con el País y exterminan a la población mediante una política sistemática de hambre y humillación…

El acto amatorio es un torbellino de emociones incontroladas. Sufrimos por amor. Padecemos la súbita partida del hijo, del padre, de una amiga, incluso, hasta de una mascota. Ese nexo afectivo nos hace vulnerables o salvajes, según la circunstancia.

Cuando buscamos esa mirada cómplice o queremos escuchar su voz sólo para que nos diga, estoy bien gracias, ¿y tú, cómo estás?, no esperamos nunca un: ME SIENTO MAL.

De entrada nos descontrola, pero casi simultáneamente comienza a movernos ese instinto de pertenencia a la manada que nos dice: algo no está funcionando, hay que resolverlo. Indagamos, preguntamos, no conseguimos respuestas.

Hacemos una pausa, tomamos un baño caliente, un té con galletas. Un cigarrillo, volvemos al escritorio, revisamos las redes, leemos algunas noticias y le seguimos dando vueltas al asunto. ¿Qué le puede estar pasando?, ¿por qué no me dice qué le hace sentir mal? No se trata de enfermedad, su voz se percibía serena, los niños tampoco están enfermos, ni los abuelos, ¿qué pasa?

De pronto, se te ocurre la idea de reunirte con esa persona y piensas tomar el aparato para planear el encuentro. Se ha caído la señal y debes posponer la llamada. Te pones en los zapatos del otro, lo que es también un acto de amor y comienzas a repasar todas sus opciones.

Su celular tiene la pantalla rota desde hace meses porque no ha conseguido el repuesto, me dijo en una conversación reciente. El servicio de internet funciona de manera intermitente, por lo que se le complica planear citas o llamadas a horas determinadas. Revisa las redes de manera azarosa, sólo cuando hay señal, lo cual es absolutamente imprevisible, lo mismo que cargar el aparato, puesto que con el servicio eléctrico ocurre igual o quizás peor que con el de internet.

Cuando podamos comunicarnos, si es que logramos hacerlo, tendré que evitar temas relacionados con recetas o comidas, porque sería indelicado de mi parte, conociendo su precaria situación, hacer de los placeres gastronómicos un tema de conversación.

Se me cruza la idea de fijar una cita a través de Zoom para compartir un vinito o un café, ya que debido a la cuarentena – no nos olvidemos del COVID-19-, por estos días que corren, los encuentros personales no so aconsejables. Pero además, recordé lo de la Internet y el servicio eléctrico, la laptop se le dañó por los bajones de electricidad consecutivos durante las pocas horas que llega el servicio, y que sería una grosería sugerir siquiera, lo del vino, sabiendo que no ha podido comprar café en dos meses, porque un kilo le cuesta 6$ y su ingreso mensual es de 3$.

Para poder ser operado, un amigo común se vio en la necesidad de emprender una campaña de recolección de dinero a través de Feisbuk. Luego de haber conseguido la suma requerida y en vista de que pasaban los días, las semanas y no había fecha establecida para la intervención quirúrgica, este amigo solicitó una entrevista con el director del hospital donde debería ser operado. Ante la insistencia, el encuentro tuvo lugar y además, fue invitada, la jefe del Servicio de Traumatología, por tener alguna responsabilidad en el caso del amigo. En medio de la reunión -me refiere nuestro amigo en común, que es quien a mi me narra los hechos-, la doctora en cuestión pregunta airada a su jefe inmediato, el director del hospital, que de quién se trata ese paciente, cuyo caso merece ser tratado en una reunión especial.

Habría que aclarar algunos puntos, para poner en contexto la actitud de la doctora. En Venezuela, los servicios de hospitalización no son un derecho, como en la mayoría de los países del mundo, son un privilegio del cual pueden hacer uso, casi exclusivamente, los funcionarios corruptos de la narcodictadura, que desde 1999 acaban con el País y exterminan a la población mediante una política sistemática de hambre y humillación como la que sufren los ciudadanos comunes y corrientes cuando requieren de los servicios de salud del Estado.

…tendré que evitar temas relacionados con recetas o comidas, porque sería indelicado de mi parte…

En Venezuela, un paciente debe adquirir, no sólo sus medicinas, sino en caso de necesitar de otro tipo de implementos, como agua oxigenada, gasas, jeringuillas, vendas, soluciones yodadas, algodón, algún tipo de dieta preoperatoria especial, toallas higiénicas, férulas, ropa de cama, mascarillas, batas, papel sanitario, jabón, alcohol o desinfectantes; éste debe dedicarse a conseguir sus enseres.

El hospital le solicita a algún familiar una hoja de papel, en donde se le anotan todos los implementos necesarios para el tratamiento de cada caso. Con esta lista, cada familia inicia una jornada de búsqueda, es como una especie de olimpiada de la salud, para ver quien la sobrevive. Nuestro amigo, lo hizo a través de internet. Consiguió el dinero, compró los insumos, pero los días pasaban y no había recibido ninguna llamada del hospital. 

Claro, los pacientes deben esperar en sus hogares, los hospitales en Venezuela, no albergan pacientes, salvo exclusivísimas excepciones. El paciente debe estar sangrante, inconsciente al borde de la muerte y cosas como esas; pero tres días en observación para estudiar el cuadro clínico, si se trata de una pulmonía severa, o si una herida está infectada, de todo eso, se encargan los familiares en sus casas y cada paciente en la suya.

Existen listas de espera para las operaciones, en las que los pacientes son incluidos o no, según las leyes del Olimpo. A nuestro amigo, le informaron de la posibilidad de ser incluido en una de esas listas, ante su insistencia por reunirse con el director del hospital y creo que ahora se entiende un poco la actitud de la doctora que asistió a dicho encuentro.

Es que mi amigo no puede ni siquiera darse una ducha con agua caliente para despejar su mente y continuar escribiendo un poema de amor. Desde hace más de veinte años, mi amigo sólo tiene tiempo para pensar cómo podrá sobrevivir el día de mañana, o si a caso lo podrá sobrevivir. No puede decidir apresuradamente si es mejor hacer la cola para ver si puede o no comprar pan o gasolina, porque aunque permanezca ocho, diez, o quizás, hasta catorce horas en cualquier cola, no hay nunca garantía de que se pueda conseguir el producto que se necesita. Quizás mañana, la prioridad sea, “salir a ver qué encuentra y qué puede comprar” para comer ese día, con el dinerito que le sobró de la recolecta que hizo por Feisbuk, para su operación de fémur. No es fácil tomar una decisión como esa, así de un día para otro.

Sí, a veces es complicado decidir y ponerse de acuerdo socialmente, sobre qué es bueno o qué es malo. Pero no queda duda de que lo que está pasando en Venezuela, desde hace más de veinte años, es atroz y que, ignorarlo, hacerse el desentendido o tratar de justificarlo, es aún peor.

Miércoles 10.03.2021

SIN ESCONDITE

Zeudy Acosta / @zeudyacosta

Emigré de mi país hace seis años, huyendo – como muchos – de la tiranía, pero también de fantasmas del ayer y del presente que hacían el tránsito más congestionado.

Eso sólo lo pude entender años después.

Anduve extraviada por mucho tiempo, sintiendo que debía hallar personas, actividades, lugares que hicieran la diferencia.

Descubrí unas manos que saben dar sin esperar, cocinan, escriben, crean, sanan.

Descubrí unos ojos que admiran, agradecen, sonríen, se pierden en el horizonte junto al mar.

Descubrí unos pies que se transan kilómetros de virtud y pujanza; que aún fatigados anhelan caminos y praderas.

Descubrí un cuerpo que ha perdido delicadeza, pero ha ganado vitalidad; que se quebranta pero siempre encuentra impulso para recomenzar.

Descubrí un corazón que empuja, que vibra. Ese que baila, canta, llora y festeja. Ese que se conforta en su espíritu.

Descubrí una boca que delira y deleita, que ama y alecciona. La misma que se disculpa y encontró millones de razones para sonreír y callar.

Descubrí la calidez de los abrazos, los matices. Cuánto de luna y sol se puedo ser, cuánto de agua y tierra,  cuánto de aire y fuego.

La mayor parte de mi vida anduve buscando perdida, levantando piedras, abriendo ventanas y puertas ajenas, sin darme cuenta que todo estaba allí… Busqué siempre afuera.

Hace seis años huí de aquello que fue… Tuve que levar anclas y navegar, para dar con el  tesoro más grande y valioso, y me encontré.

Los fantasmas siguen allí. Ahora no me escondo.

ENTRE LO POSIBLE Y LO DESEABLE

Dante Garnique / @dantegarnique


Lo bueno de esta guerra es que nos necesita vivos. La conversación llevaba rato, pero esa frase le colocó una especie de sello de denominación de origen. 

En medio de la plaza, con mascarillas para protegerse el uno del otro y guardando las distancias, conversaban sobre el número de muertos, como quien habla de sacos de naranjas o kilos de harina. 

Se estima que existen unos 114 millones de casos en el mundo y unos 2 millones 600 mil fallecidos, con una tendencia diaria de entre 400 y 600 mil nuevos casos, más entre 9 y 14 mil muertes (en los últimos siete días, es decir, entre el 21 y el 28 de febrero de 2021). 

¿Fue creado en un laboratorio, se trata de una guerra química propiciada para controlar el mundo?

Las estadísticas sobre el número de muertos e infectados, sustituyen hoy en día a los otrora comunes boletines meteorológicos. Es tiempo de Coronavirus. 

Los Coronavirus se identificaron por primera vez en los años 60. Bajo el microscopio, las partículas semejan una corona, de allí el nombre. En diciembre de 2019, se identificó un nuevo virus, perteneciente a la familia de los corona y fue designado provisionalmente: 2019-nCoV. En febrero de 2020, se le asigna un nuevo nombre: SARS-CoV-2 (Síndrome Respiratorio Agudo Severo). La enfermedad causada por el SARS-CoV-2, se conoce como COVID-19 (Enfermedad del Virus Corona 19) COVID-19. 

Desde marzo de 2020, el mundo debió asumir de manera sorpresiva y simultánea, la presencia de un virus que pone en riesgo la vida de las personas, esto es lo novedoso del SARS-Cov-2 con respecto a los Coronavirus conocidos hasta la fecha, causantes de gripes “normales”, y es la razón por la cual su propagación fue declarada pandemia por la Organización Mundial de la Salud.

El Coronavirus invadió todos los rincones del planeta. La alarma se hizo mundial. Los meses de abril y mayo fueron de letargo, incertidumbre, encierro y una especie de parálisis que hasta ahora sólo se habían visto en films de terror o ciencia ficción: THE DAY THE EARTH STOOD STILL (Robert Wise 1951. Aunque también existe una versión de 2008 en la que uno de los protagonistas es Neo, el de Matrix).

Fronteras, fábricas, escuelas, bares, restaurantes, cines, todo se paralizó, todo cerró. Se suspendieron conciertos, vuelos internacionales, las concentraciones políticas, el turismo; el mundo cambió. 

Nueve meses después del gran schok, el mundo es totalmente diferente. La economía está absolutamente afectada. Es entonces cuando comienzan a aparecer atisbos de realidad que nos obligan a resetear la UCP o CPU (Unidad Central de Procesamiento, o Central Processing Unit). 

Si hubiese que ambientar con música, esta parte de la historia, comenzaría ahora a sonar esa versión funny de “Still Loving You” de Scorpions, en la que una especie de hurraca hace una desenfrenada interpretación del tema, mientras pende de una línea de suministro eléctrico, cuando de pronto, un zapatazo le asesta en la cervical.

La realidad es un poco eso, versiones distintas de un mismo tema. Pero el problema no es la realidad, que puede o no ser cuestionada epistemológicamente, el problema es cómo ésta es asumida individual y colectivamente.

Los meses de abril y mayo fueron de letargo, incertidumbre, encierro y una especie de parálisis

Por ejemplo,  el COVID-19 es una realidad, está allí, el mundo tiene a razón de un año paralizado, a causa de él. Pero hay muchas interpretaciones (como versiones de una misma canción). 

¿Fue creado en un laboratorio, se trata de una guerra química propiciada para controlar el mundo y sentar las bases del “Estado Profundo” o de una enfermedad real? ¿Es una buena oportunidad para hacer negocios con las vacunas, usando el poder y los medios de comunicación, para promover el miedo causado por los millones de muertos e infectados en el planeta, y así vender millones de dosis y lograr que los empresarios farmacéuticos se embolsillen unos 26 mil millones de dólares en menos de un año? 

Al negocio sólo pueden acceder unas siete compañías en el mundo: Astra Zeneca (Reino Unido), Cansino Bio (China), Johnson & Johnson, (EEUU), Gemaleya (Rusia), Pfizer (EEUU), Biontech (Alemania) y Moderna (EEUU). 

Las cuentas que los administradores de las farmacéuticas están sacando, apuntan más o menos a lo siguiente: mil 800 millones de dosis durante el primer año, que dependiendo del cliente, podrían costar entre 5 y 10 ó 1 y 3$ c/u, para países con economías sostenibles, o para países pobres, respectivamente. O sea, hay un stock para el Corte Inglés o Macy’s y otro para las tiendas Louis Vuitton. 

Esto daría un aproximado de entre 9 mil y 18 mil millones y mil 800 y 5 mil 400 millones de dólares, dependiendo del cliente, para finales de 2021 o principios de 2022. Nada más en el primer año, después podrían venir la segunda y quizás hasta la tercera dosis; en fin, no pintan mal los números. 

Una cosa si es cierta, aun no se ha podido demostrar que el detonante de la actual pandemia de COVID-19 haya sido el murciélago de Wuhan. 

También parece coherente el argumento de que, mientras mayor sea el número de fallecidos por COVID-19, más personas se sentirían obligadas a vacunarse por el miedo a morir. En ese sentido, “lo bueno de esta guerra es que nos necesitan vivos”, para que el negocio de las vacunas marche como conviene. 

28.02.2021

ENTRE SIRIOS Y VENEZOLANOS

Dante Garnique / @dantegarnique

Hay cosas que sin formar parte del acervo cotidiano, se es capaz de ir incorporando; pero hay otras que son sencillamente inaceptables

Para quienes no me conocen, soy Dante, uno mas de los millones de venezolanos que se vio obligado a dejar su tierra a causa del narcofascismo.

Por inaudito que parezca, a 21 años de sangre, miseria y destrucción, siguen habiendo venezolanos que ante la mínima sospecha de cuestionamiento al chavismo y sus años de asesinatos, son capaces de esgrimir un “sí, pero es que…”

Hace quince ó 18 años, con la candidez correspondiente, hubiese quizás, concebido el beneficio de la duda. Pero transcurridas cientos de miles de muertes y un éxodo de más de seis millones de almas, a estas alturas, dudar es transigir, callar es apoyar y no aceptar la monstruosidad de lo que la narcotiranía instaurada por Hugo Rafael Chávez Frías, prolongada y usufructuada por Nicolás Maduro y sus acólitos, desde hace más de 20 años en Venezuela; es ignorancia, servilismo; o como decimos en Venezuela: rastacuerismo.

El rastacuero es una subespecie de ser, cuya conformación axiológica primaria, es tanto más, tanto menos, la de un jala mecates, chupa medias o bozalea´o, con el perdón de todos ellos. Es una mezcla de chavista con aspiraciones a junta de condominio o de vecinos, y madurista reformista de la herencia del sátrapa de Sabaneta. 

Pero no es de esa especie, de la que nos ocuparemos hoy, sino de una de sus mutaciones: Los benditos bendecidores. 

El tema Venezuela en el escenario internacional, pasa a un segundo plano ante conflictos como el de Siria, a pesar de que las cifras de muertes y desplazados, puedan llegar a ser mayores en el caso del país suramericano.

Más de 400 mil muertos y cinco millones de desplazados, son las cifras que se le atribuyen a Bashar al-Asad en Siria. Maduro puede, en Venezuela, incluso superar a  al-Asad. 

Aquí es donde comienza el crepitar de dolientes del Narconazismo venezolano. Esa gente es capaz de argumentar, que las 28.000 muertes violentas ocurridas solamente en el año 2016 en Venezuela, no son comparables con las 470.000 víctimas de la guerra civil siria en 10 años. 

dudar es transigir, callar es apoyar y no aceptar la monstruosidad de lo que la narcotiranía instaurada por Hugo Rafael Chávez Frías

Los laboratorios de guerra psicológica venezolanos intentan impactar a la opinión pública, montando un show mediático en torno a las gotas milagrosas contra el COVID-19, para desviar la atención del incremento en la tasa de homicidios de 19 a 81,4 por cada 100.000 habitantes. Un aumento del 428%; Pero eso, según los rastacueros, no se puede comparar con el caso de Siria, porque las muertes en Siria son causadas por balas, mientras que en Venezuela, las muertes son causadas por hambre, miseria, enfrentamiento entre bandas o desacato a la autoridad. 

En Siria hay una guerra, en Venezuela no, Maduro tiene más muertos encima que Bashar al-Asad y por su culpa, más venezolanos que sirios han abandonado su país; pero alguien se ha encargado de convencer al mundo en estos 20 años, de que el caso venezolano, es una cosita insignificante.

Entre 2013 y 2019, por señalar sólo seis años de la Dictadura Narcomafiosa, más de 100.000 venezolanos engrosaron la lista de víctimas de la violencia y aumentaron los casos de “resistencia a la autoridad”. ¡Ah no!, pero no podemos comparar a Venezuela con Siria, porque en Venezuela no hay una guerra como la que padece Siria, aunque en Venezuela haya más muerte y más destrucción que en Siria, con el debido respeto que nos merece el pueblo sirio. Debe ser que como  la muerte por hambre es más suavecita, duele menos, entonces por eso las muertes de venezolanos durante estos 21 años de narcodictadura, generan menos titulares de prensa que los muertos y desplazados sirios. Aunque no sea descabellada la idea de que dada la evidente manipulación de datos en ambos casos, las cifras venezolanas pudiesen eventualmente incluso superar las del caso sirio. 

Son veintiún años de narcogobierno contra 10 de guerra civil, o en palabras de Roberto Briceño León, Director del Observatorio Venezolano de Violencia, (OVV), organización no gubernamental que junto a algunas universidades, investiga los índices delictivos en Venezuela, el país se ubica en la parte más alta de las listas mundiales de violencia, superando a algunas naciones que viven en conflictos armados.

“Sí, pero es que…” empiezan los rastacueros. Sí, ¡pero es que nada!. 

El caso venezolano es comparable con el nazismo y con la guerra siria. Allí están los datos. Lesa humanidad, holodomor y genocidio, son ideas asociadas al chavismo.

Hoy desde el exilio, me pregunto cada vez con más insistencia, sobre lo que me sigue uniendo a mi País, y más allá de venezolanos que repudien la monstruosidad, eufemísticamente hablando, que se vive en Venezuela desde 1999, no queda nada. 

…las muertes en Siria son causadas por balas, mientras que en Venezuela, las muertes son causadas por hambre, miseria, enfrentamiento entre bandas o desacato a la autoridad. 

El tiempo para la presunción de inocencia en el juicio al Narcochavomadurismo se agotó. El rastacuerismo es otra forma de narcochavismo, es como decir la oposición venezolana, no hay cabida para más “sí, pero es que…”

Es aquí donde entran los benditos bendecidores, que son el verdadero tema de este escrito. 

Entre el exilio, la pandemia, la cuarentena y las nuevas formas de relacionamiento social, se encuentra uno con cada especie, que sorprende más que la otra. 

Los círculos sociales a los que nos ha confinado el confinamiento, son algo así como: “Venezolanos en el Exterior”, “Venezolanos a punto de irse al exterior”, “Venezolanos en camino al exterior”, “Grupo de amigos”, Grupo de Mejores amigos”, “Grupo de mejores amigos exclusivos”, “Grupo de Facebook”, “Grupo de Facebook en contra del uso de los datos privados en Facebook”, “Grupo los reptilianos”, “Grupo Sumerios”, “Sumerios y Anunakis”, “Los maracuchos”, “Maracuchos en Maracaibo”, “Maracuchos en el Mundo”, “Seguidores de Lila”, “Detractores de Lila”; pero hay un grupo, que es como el cero a la teoría de conjuntos. Pertenece a todo conjunto, pero no es un conjunto en sí mismo.

Es un grupo de gente que lo único que hace es bendecir. Uno no sabe si esa gente sabe escribir o no, si tiene buena ortografía o no. No se sabe si son de verdad o son una máquina programada para bendecir apenas uno acerca la mano a su celular. Es difícil determinar si son amigos o son un sistema de espionaje cibernético o un grupo de hakers comandado por Julian Assange para sacarle a la luz pública toda la porquería que se consume por las redes sociales, dos días antes de la postulación a la presidencia de tu grupo de jua sap y así entonces acabar con tu carrera política.

En fin, ellos sólo profieren bendiciones.

Bendecido día, te dicen. Bendecida semana, bendecido domingo. Nada de bendito seas, ni que te vaya bien, no, es el verbo bendecir conjugado, ni siquiera en pasado simple o en pretérito, sino como en copretérito pluscuamperfecto, calculo yo, y me imagino que está conjugado en ese tiempo, para que la bendición sea, lo suficientemente bendecida y bendecidora. 

Esta gente, además de bendecida, tiene la particularidad de ser de teflón. Les resbala como esté uno. Si uno está preso o en el hospital. Esa gente no sabe si uno anda de luto o de parranda, ellos no saben si uno es feliz o si está siendo martirizado en uno de los círculos del infierno, no saben si uno fue abducido, o si fue poseso por uno de los ángeles caídos. No, ellos sólo bendicen, esa es su única función, su razón de existir. Ellos lo único que hacen es postear, o como se dice ahora en buen castellano, “guasapear” emoticones que tengan el verbo bendecir adjunto. Pero uno se desaparece tres meses y a los tres meses le estampan en la pantalla su bendecido MSM, no se interesan por saber el motivo de la prolongada ausencia, sólo les interesa que uno esté bendecido. Uno le puede haber deseado el feliz cumpleaños cada 30 de febrero puntualmente durante 48 años y deja de hacerlo durante quince, y al felicitarlos nuevamente después de 16, ellos se limitarán a mandarle su bendecido mensajito cuando lo ven a uno conectado a la red.

Claro, hay excepciones, las que confirman toda regla. Un bendito bendecido puede dar consejos. Dante saca todo ese odio de tu alma, tu no eras así. No permitas que tu risa se marchita por el pesimismo. Vive tu fe desde el amor, desde la tolerancia, no permitas que las fuerzas del mal opaquen tu luz. Vibra en positivo, desde la llama violeta y envuelve a Venezuela en tus pensamientos en verde de sanación. 

Pero como te digo una cosa, te digo la otra. Si a la madera le cae polilla, hay que buscar una solución. Si al perro le caen pulgas, se le busca remedio, al huerto hay que desmalezarlo para cosechar el buen fruto. Si el niño está adquiriendo malos hábitos, se le corrige y en ninguno de esos casos el odio tienen que ver. No se le tiene odio a las polillas aunque haya que exterminarlas, ni se odia a las pulgas ni la mala hierba ensombrece la luz de tu alma, mucho menos pretendes maltratar al niño. El tema es que todos sabemos qué es lo que corre por las cañerías; pues bien, en Venezuela las cañerías están tapadas por el ejercicio del poder a manos del narcotráfico y la miseria humana. 

Pues si amigos, entre sirios y venezolanos, bendecidos sean todos. 

HEMOS SIDO VIOLADAS

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

María Teresa, 25 años, Chile; Eloísa, 32, Colombia; Matilde, 18, Argentina; Carmen Luísa, 45, Venezuela… Rosario, España… Brasil, Portugal, México, África….Ácido en el rostro, mutilaciones, violaciones múltiples, muerte… La víctima común, una mujer, una niña.

Así como reza “cuando se tiene un hijo, se tiene a todos los hijos del mundo”, cuando una mujer es violada, nos han violado a todas. Cada mujer debería sentirse ultrajada. No importa si la conoces, si es familia, compatriota, debe moverte por dentro. La solidaridad, la empatía y la frustración, la impotencia, el dolor que representa un acto tan cruel como ese, no nos puede ser indiferente.

un acto inhumano, ejecutado sólo por una bestia. Y ese animal, debe ser castigado. Debe ser juzgado y sentenciado.

Pero no sólo de la boca para afuera, diciendo o pensando que es lamentable, que es un hecho atroz; es alzar la voz, hacer viral nuestra inconformidad, hacer viral el rechazo a la impunidad con la que se conducen muchos casos. No es preciso ser feminista, feminazi, militar en colectivos, organizaciones, sino ser mujer, cuyo motor sea el de oponerse de viva voz a estos despreciables eventos. Para eso sí que sirven las redes sociales, o cualquier otro mecanismo que permita expresar nuestra inconformidad, en especial, cuando quien impide expiar la culpa es también una mujer.

Si bien es indistinto el término jurídico que se le imprima, en el entender del caso, basta con el simple acto de obligar a una persona a tener sexo sin su consentimiento, indistintamente de su religión, raza, nacionalidad, edad; es por demás un acto inhumano, ejecutado sólo por una bestia. Y ese animal, debe ser castigado. Debe ser juzgado y sentenciado.

La manera en que legal o judicialmente se le llame en Venezuela o Argentina, o donde ocurra, en estos momentos, no tiene peso, al menos para mí. El término, aunque funcione para el litigio y establecer condenas (donde sí ocurren y no son absueltos los criminales) para la víctima y para todas las mujeres que nos solidarizamos con ella, es VIOLACIÓN, simple y pura… No se le puede llamar y definir de otra manera.

No es preciso ser feminista, feminazi, militar en colectivos, organizaciones, sino ser mujer

En muchas sociedades, las agresiones contra las mujeres son una constante, un tema cotidiano. “Es que iba vestida con poca ropa”, “Estaba provocando”, “Quién la manda a salir sola en la noche”, “Se emborrachó y no se resistió”. Aquello de que el fin justifica los medios, o las formas. Excusas, justificaciones para cometer un delito abominable.

Que no se nos vuelva costumbre. El tema de la venezolana en Argentina, sin restarle méritos, está por debajo de realidades que no son públicas y mucho menos se convierten en virales en Twitter, Instagram o TikTok. Es imperativo que las instituciones, en cualquier país que se precie de defender los derechos humanos, castigue con el peso de la ley, actos como el que hoy nos ocupa y preocupa. Que no se esfume en la cotidianidad, en el día a día.

DOS DE 23

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta 

Pasará cierto tiempo antes de que caiga en cuenta de lo que exactamente ocurrió en su vida en 2014. Es apenas un muchacho y a los 16, las cosas se miran con menos rigor. 

Es agosto 25, dos días atrás se había despedido de sus mejores amigos, lo mismo había hecho con sus profesores, con su computadora de siempre, su confortable cama y su cálida y desordenada habitación. Realmente, se había despedido de más gente, más lugares y más cosas, pero un muchacho a su edad, ve la vida con menos aspereza.

Despedirse, no con un hasta luego, sino con un quién sabe hasta cuándo

Todo lo que podía cargar consigo tuvo que entrar en dos maletas de 23 kilos por lado. Todo lo que al final no entró, se quedó en el limbo, como sus juegos, sus cuentos, hasta las fotos, los muñecos, la ropa que alguna vez le sirvió, la pelota de waterpolo que tanto cuidó.  

Aquello que no entró en las maletas, incluso sin ocupar espacio o aumentar el peso, se lo llevó en los ojos; el amanecer por el este, la puesta del sol de su playa favorita, la lluvia cayendo en el techo de la casa, el primer beso en la escuela, todo cuanto aprendió.

Danzando en el tiempo se quedaron las papitas fritas y la malta que el abuelo le regalaba al salir de colegio y cuando le dejó guiar el volante del carro con apenas cuatro años de vida.   

Todo cuanto suma en recuerdos, los primeros, los siguientes y los de siempre, no entraron en las maletas. Allí va todo lo material, lo estrictamente necesario, porque cuando dominó la bicicleta sin ayuda, cuando bateó su primer hit, cuando anotó un gol por vez primera, cuando corrió su primera ola; eso que vivió con pasión donde nació, ya nunca más será.  

Aquello que no entró en las maletas, incluso sin ocupar espacio o aumentar el peso, se lo llevó en los ojos…

Ese muchacho, sentado en su par de maletas de 23 por lado, como una sombra en el aeropuerto, no imaginaba lo que era emigrar. Despedirse, no con un hasta luego, sino con un quién sabe hasta cuándo; despedirse por fuera pero no por dentro, nada de eso lo sospechó.

Habría querido que su equipaje incluyera todo el valor que iba a necesitar después, la determinación que le impulsaría años más tarde. Habría querido que su despertar siempre fuese en esa ciudad de flores, estudiar en la universidad de sus anhelos, pero no siempre se nos permite decidir. En esos 46 se escondió el aroma de la tarde maracayera, se introdujo como polizón la sonrisa desmedida y la complicidad de su abuela; se filtraron los aromas y el sabor de la cocina venezolana, el perfume tempranero de su prima cuando iban juntos al liceo.  

Si hubiese podido, ese muchacho, que no mira con mucho rigor, no se habría despedido… 

UNIVERSOS PARALELOS

Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Hace bastante tiempo que hemos tenido la oportunidad de ver películas o series televisivas que muestran la posible existencia de universos paralelos. Siempre creímos que todo era un asunto de ciencia ficción; sin embargo, en pleno año 2021, basta echar una mirada a la “realidad” venezolana para entender que no todo es producto de guionistas con mucha imaginación y fertilidad creativa. En un mismo territorio hacen vida dos mundos tan ambiguos, que superan el imaginario y el asombro personal y colectivo. 

Y como cualquier asunto en la vida hay un génesis, en este también. Una vez que fue reelecto Hugo Chávez en diciembre de 2006, dio luz verde a un conjunto de nacionalizaciones de empresas de “sectores estratégicos” como el petrolero, el eléctrico, el telefónico y el alimentario. A partir de ahí, se radicaliza la transformación de Venezuela en una potencia, pero en reversa. El avance ha sido en materia de destrucción; la evolución va en dirección al desfalco y la corrupción. La prosperidad es sólo para los del régimen, quienes han cargado con toda la riqueza del país, como una especie de aplanadora, que destruye todo a su paso. Un escenario que se mantiene vigente. 

…una verdad que abofetea por igual, a quienes han creído y apoyan a un proyecto que, de socialista y revolucionario no tiene absolutamente nada, y por supuesto, a quienes le oponen.

En Venezuela, como es consabido, las reglas son excepciones. Prácticamente nada se rige por la normativa, todo funciona de forma surreal, incluso en ambos universos, donde uno parece una obra pintada por Salvador Dalí; y el otro, una creación de Claude Monet.

Tanto Juan “El Interino”, como Maduro “Toño El Amable”, corresponsables, establecen decretos, promulgan leyes, firman convenios y, ambos, no sólo creen tener el don de mando, sino que les importa un bledo el destino del país y sus habitantes. Acerca de su legitimidad hay demasiado por explicar y argumentar (eso queda para otro momento).  

Lo esencial ahora es destacar que, ilegítimos o no, para los ojos de muchos –nacionales o extranjeros-, Venezuela tiene todos los atributos del primer mundo en uno de sus universos, desde avionetas privadas, yates de lujo, plantas eléctricas, pozos privados de agua, seguridad de primera, internet satelital, que no necesariamente son producto del trabajo honesto de algunas familias; allí se beneficia todo aquel enchufado militante o militar del régimen (valga la redundancia). 

A lo anterior hay que sumar los bodegones en distintas partes del país, abarrotados de productos nacionales e importados a precios intergalácticos que muchos no ven o compran desde la era del hielo, y que, sin embargo, podríamos encontrar fácilmente en cualquier cadena de supermercados en la Venezuela que yo conocí por décadas, ¿quiénes o cuántos pueden hacerlo ahora?, en una nación dolarizada, pero sin dólares, y sin salarios justos dada la hiperinflación que supone un manejo inadecuado de la economía, aunque se persista  en culpar al “bloqueo impuesto por EEUU”. 

En contraparte, ya en 2018, UNICEF alertaba de la situación de desnutrición que vivían los venezolanos, y cuyas proyecciones eran como un capítulo de terror escrito por Stephen King, sin estimar que todo empeoraría con la llegada del Covid-19, que –como es de suponerse-, ha golpeado a Venezuela, tanto o más que muchas naciones consideradas desde siempre como las más pobres del mundo.  

En medio de la pandemia, la organización humanitaria británica Oxfam publicó en 2020 una alerta sobre “el virus del hambre” en la que Venezuela figura como uno de los diez principales “puntos críticos”. En efecto, en un artículo publicado por la BBC News se indica que es uno de los países más seriamente afectados, en especial refiriéndose a los niños menores de cinco años. “Incluso antes de la pandemia, más de la mitad de la gente con hambre en América Latina estaba viviendo en Venezuela”, según Oxfam. Como tuve la oportunidad de leer en Twitter: Muchos de estos niños ya perdieron años de vida sin haberlos cumplido. 

Mientras en el universo de Dalí, en una rampante apariencia se muestra un país pujante, fortalecido y de primer mundo; en el de Monet resuena en el asfalto que a diario pisa la pobreza reinante, el compromiso de construir un Gran Gasoducto que llevaría incluso el producto al resto de Sudamérica, convertida ahora en la promesa de llevar leña para cocinar en fogones. En el medio: 20 años de saqueo al país.

…dos grupos de criminales disfrazados de políticos que se han lucrado a punta de la desgracia e ignorancia de millones de venezolanos.

Así pues, dos universos, dos TSJ, uno que funciona desde el exterior y otro dentro de casa, éste último en manos de un funcionario con antecedentes penales, lo cual no debería causar asombro cuando el propio cabecilla de la apocalíptica banda, es buscado internacionalmente por encabezar una red de narcotraficantes en el continente y fuera de él.  

Por otra parte, en una Caracas, que gobiernan los pranes (otro tema álgido que requiere de mucho tiempo), donde impera la inseguridad, escasez de gas, agua, fallas eléctricas, y reina la calamidad, basta con llegar al pie de El Ávila y montarse en un funicular (que no es gratis ni barato tampoco), para hacer apuestas, comer y beber como burgueses en el casino que funciona en el Hotel Humboldt. Lujos que sólo un grupillo puede darse; al igual que hacer turismo interno a lugares como los cayos en Morrocoy o a Los Roques.  

Pero lo más decepcionante de todo esto es que no se trata de la imaginación, sino de una verdad que abofetea por igual, a quienes han creído y apoyan a un proyecto que, de socialista y revolucionario no tiene absolutamente nada, y por supuesto, a quienes le oponen. En esto se incluyen, tanto quienes han logrado emigrar del país para procurarse un futuro más digno, como aquellos que siguen allí adentro tratando de sobrevivir y de comprender dónde comienza y dónde termina la línea fronteriza entre ambos universos, sin morir en el intento. 

Dos presidentes, dos asambleas, dos fiscalías, dos tribunales supremos y, al mismo tiempo, dos grupos de criminales disfrazados de políticos que se han lucrado a punta de la desgracia e ignorancia de millones de venezolanos. Esta gente, a mi entender, no es de izquierda ni de derecha; no tienen moral, ética, principios ni respeto por el ser humano; simplemente, lo que prevalece es la demagogia, el dogmatismo y el populismo que usan como máscaras. Su única religión e ideología es el dinero.