SI TENGO QUE VOLVER

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Yo no siento que emigré, así nomás; me parece que me corrieron, que me expulsaron aun portándome bien. Y sinceramente, como a muchos que conozco, no me lo merecía. Sin embargo, leí alguna vez “que irse es también una forma de volver”.

En 5 años, nunca me había planteado volver. Pero si hipotéticamente eso pudiese ocurrir, no sería un retorno simple. Más allá del reencuentro con los afectos, está el choque con un país que ha sido desdibujado. En ese caso, buscaré en los ojos de los míos, una manera de amalgamar, de sentir que quizá, lo externo, no causó estragos por dentro.

Pero hablando del País, éste necesita una buena enjuagada, hay que limpiarlo a fondo, y no hablo de políticos que a fuerza de politiquería y populismo cegaron en veinte años a una nación. Una vez depurada la calle, y establecida una política de profilaxis en materia de seguridad, viene lo bueno. Entonces, hay que bajar el suiche, quitarle la “teta Estado” a tanto parásito, de esos que aún en plena crisis, se alegran porque hay más días de asueto que labolares “total, igual cobro mi salario” (aunque no alcance para nada).

Ahora bien, sé que este tiempo como exiliados, a muchos nos ha tocado sortear empleos para subsistir, algunos ajenos a profesiones u oficios que teníamos en suelo patrio. Asimismo, aprender y valorar lo que otras culturas implementan para evolucionar como sociedades. De allí debería provenir el mayor aporte para la reconstrucción.

Si tuviese que regresar, sería voluntaria para aportar ideas en muchas áreas. De cómo generar cambios positivos de forma sencilla, acompañados con lo que siempre nos ha movido: la solidaridad, la simpatía y el trabajo en equipo.

Un país no emerge con mezquindad, no emerge con personalismo. Una nación se crece sin viveza, sin matracas, sin egoísmos.

Yo no sé nada de economía, pero sí que imponiendo multas que se asuman con rigidez, nadie se comería una luz en rojo, conduciría bajo efectos del alcohol o pasaría por alto el rayado, ignorando a quien pretende cruzar una calle.

Yo no sé absolutamente nada de agricultura, pero he entendido que la producción nacional, va más allá de cosechar frutos, verduras y legumbres; es imperativo sembrar el hábito de la competitividad, de la recompensa por el esfuerzo, la meritocracia.

Yo no sé ni un poquito de finanzas y hacienda, pero he visto cómo se destina en servicios públicos eficientes, el dinero que por concepto de impuestos  paga a tiempo, cada ciudadano que habita en la ciudad.

Yo no sé prácticamente mucho de política, no obstante, he visto a ciudadanos elegir a sus gobernantes libremente y, en caso de no satisfacer sus expectativas, revocarlos. Sin adoración, sin benevolencia, sin endiosar.

Yo no sé de políticas turísticas, sin embargo, he visto cómo se potencia una país que sabe aprovechar cada recurso (cultural, religioso, natural, ecológico) para venderlo con una magia inusitada a propios y extraños.

Yo no sé nada de minería y petróleo, no obstante, he visto a un país que no tiene esos recursos, mantener vías asfaltadas. Una isla sin lagos, sin ríos caudalosos, proporcionar a sus habitantes energía eléctrica sin ningún tipo de fallas, recurriendo a los paneles solares y la energía eólica.

Sembrar

No creo que existan naciones o sociedades impolutas, perfectas. Aún así, estoy convencida de que cambiando mentalidades, y con una buena dosis de voluntad personal y política, volver a nuestro terruño debe implicar una transformación desde cada casa, desde cada escuela, desde cada institución. Todo ello con el propósito de generar una sociedad, un país que sea más que arepas, maltas, playas, o rumbas como referentes  entrañables.

Tiene que ver con la verdadera evolución, aprovechando lo que en positivo cada quien que salió y puede volver, o el que estuvo siempre adentro (porque algo tuvo que aprender), pueda aportar en lo colectivo, más que en lo individual. Un país no emerge con mezquindad, no emerge con personalismo. Una nación se crece sin viveza, sin matracas, sin egoísmos.

Entonces, si tengo que volver, al menos yo, sé qué puedo aportar. Ahora soy más paciente, ahora soy más consciente, ahora soy más humana, y todo esto coadyuvaría en la Venezuela que yo quisiera para mis nietos, y los de mis hermanos, y los de mis amigos, y los de todos.

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