SIN ESCONDITE

Zeudy Acosta / @zeudyacosta

Emigré de mi país hace seis años, huyendo – como muchos – de la tiranía, pero también de fantasmas del ayer y del presente que hacían el tránsito más congestionado.

Eso sólo lo pude entender años después.

Anduve extraviada por mucho tiempo, sintiendo que debía hallar personas, actividades, lugares que hicieran la diferencia.

Descubrí unas manos que saben dar sin esperar, cocinan, escriben, crean, sanan.

Descubrí unos ojos que admiran, agradecen, sonríen, se pierden en el horizonte junto al mar.

Descubrí unos pies que se transan kilómetros de virtud y pujanza; que aún fatigados anhelan caminos y praderas.

Descubrí un cuerpo que ha perdido delicadeza, pero ha ganado vitalidad; que se quebranta pero siempre encuentra impulso para recomenzar.

Descubrí un corazón que empuja, que vibra. Ese que baila, canta, llora y festeja. Ese que se conforta en su espíritu.

Descubrí una boca que delira y deleita, que ama y alecciona. La misma que se disculpa y encontró millones de razones para sonreír y callar.

Descubrí la calidez de los abrazos, los matices. Cuánto de luna y sol se puedo ser, cuánto de agua y tierra,  cuánto de aire y fuego.

La mayor parte de mi vida anduve buscando perdida, levantando piedras, abriendo ventanas y puertas ajenas, sin darme cuenta que todo estaba allí… Busqué siempre afuera.

Hace seis años huí de aquello que fue… Tuve que levar anclas y navegar, para dar con el  tesoro más grande y valioso, y me encontré.

Los fantasmas siguen allí. Ahora no me escondo.

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