ME VOY A VER EL FÚTBOL CON MI CHIQUERO

Futbol con mi chiquero
Dante Garnique
Mi papá vive en un apartamento de solteros. Una vez a la semana va la señora que junto con mi mamá, le ayudan a ordenar y a preparar algo de comida.
En mi casa vivimos mis dos hijas, mi esposa, mi suegra y mi mamá.
Es sábado por la tarde y transmiten un partido de fútbol. Mi hermana viene de visita y también están la señora que les ayuda a cocinar y una señora que adorna las uñas de plástico.
En la habitación de estar, descalzo y sin camisa, acomodo unas cervezas, tortillas, papas fritas, cigarrillos y mi control remoto.
De pronto, presiento una mirada a mis espaldas, se hace un silencio y a los pocos minutos, una frase lapidaria: Papi, te venimos a acompañar para que no te sientas solito.
Ellas decidieron cambiar de locación e incluirme en la toma.
Enseguida me calzo y me pierdo el primer gol mientras busco una franela.
En una entrevista previa al partido entre España y Rusia, en los octavos de final, la periodista española María Gomez, es sorprendida por un fanático que le da un beso en la mejilla.
La reportera Julia Guimaraes, Brasileña también protagoniza un hecho parecido.
Recuerdo un reportaje en los camerinos de un estadio de béisbol hace algunos años, cuando un caballero, con impecable nudo de corbata , realizaba una entrevista a algunos de los jugadores del equipo campeón. El periodista seguramente tuvo que deshacerse de su traje y sus zapatos, ya que terminó bañado en licor.
Los deportistas lo despeinaban, interrumpían la entrevista con gritos, jugaban dándose manotazos e incitan al entrevistador a que se uniera al juego, al mismo tiempo que éste intentaba llevar a buen término su trabajo.
Producto de haber crecido rodeado de muchas damas, puedo diferenciar entre gladiolos y crisantemos, aprecio el aroma de los nardos y el sándalo, así como disfruto del sabor de la Lavanda.  Y si mis mujeres me piden que vayamos juntos al stadium, seguramente lo haría pero también me haría el indiferente ante los comentarios de otros aficionados frente a la belleza de mis muchachas, no por cobardía, sino porque sé que ellas son hermosas.
Siempre he pensado que las mariposas amarillas son una metáfora del Gabo, por cierto, hubiera preferido Croacia, pero tampoco entiendo porque mi papá decidió mudarse a un apartamento de soltero, aunque lo respeto como respeto al chiquero que me brindó una perspectiva femenina de la vida.
Jueves 09.08.18
A Yosmar Salazar

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