¿NOS MERECEMOS EL CHAVISMO?

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Belén González / @mbelengg

Más de la mitad de mi vida ha estado vinculada a la política y a los políticos. He visto, escuchado, conversado, rechazado, asumido y confrontado, aunque directamente nunca hice política, si acaso, llegue a ser el adorno en uno que otro evento. Sin embargo, como periodista si me atreví a cuestionar públicamente “lo chueco”, sin importar si los que actuaban en detrimento del colectivo eran griegos o troyanos.

… ni en esto ni en nada se puede generalizar, porque los idealistas, los que tienen vocación de servicio y los genuinamente comprometidos existen…

Esa experiencia me sirvió para enfrentar mentiras enormes, verdades maquilladas, realidades ajustadas al interés de un individuo o grupo, discursos lindos, pero vacíos, mentes intransigentes, gente que se vendía y se compraba, ambiciones desmedidas, afán de figurar y personajes convencidos de su superioridad en todos los niveles. En pocas palabras, descubrí que la mayoría tenía su “rabo e´paja”, como decimos en criollo.

Muchos de esos personajes que alguna vez escuché, entrevisté, conocí o incluso visitó la que fue mi casa, siguen formando parte de la casta política venezolana, la mayoría en el bando de oposición, aunque hay algunos en el chavismo, y otros que están un rato aquí y otro allá, como en la época de la guanábana. Claro, ni en esto ni en nada se puede generalizar, porque los idealistas, los que tienen vocación de servicio y los genuinamente comprometidos existen, y han hecho siempre su trabajo sin tanto espaviento.

Hoy estoy lejos de todos ellos, pero la globalización y la digitalización me permiten seguir sus pasos, escucharlos, leerlos, y lamentablemente confirmar que en sus mensajes aún se dejan colar el interés, las medias verdades, las costuras que, por lo visto, son una marca indeleble. Es triste ver cómo se siguen mezclando el trigo y la cizaña en un campo tan noble y fértil como ha sido siempre Venezuela.

Ciertamente, a estas alturas nada se gana con acusar o victimizar, con dar nombres o fechas; porque lo que siguen siendo capaces de hacer, sólo demuestra lo poco que han aprendido en estos 20 años de disparate y tragedia. Ante tanta puñalada “trapera” disfrazada de crítica y denuncia en redes sociales me pregunto: ¿Será que realmente nos merecemos el chavismo?

De alguna manera, todos somos responsables de la situación en Venezuela, y me refiero no sólo a los políticos de oficio, sino a los ciudadanos, a los venezolanos que se decantan por reaccionar con apatía, escuchar cantos de sirena, o en el peor de los casos, poner precio a sus conciencias. Aunque sin duda, el golpe más duro es que algunos de aquellos a quienes llamamos líderes sigan dando el peor de los ejemplos.

Aunque sin duda, el golpe más duro es que algunos de aquellos a quienes llamamos líderes sigan dando el peor de los ejemplos.

Es comprensible que los venezolanos, abusados en extremo, quieran una solución inmediata, casi mágica, pero que haya gente que atice las llamas para quemar en la hoguera a los que buscan soluciones, es terrible. Han asumido el rol de inquisidores, pero porque les interesa o les conviene, no porque tengan una respuesta; simplemente quieren, como siempre han querido, defender a toda costa su posibilidad de alcanzar una cuota de poder. Ellos van en la comparsa o no hay carnaval, así de simple. Es repugnante.

Algunos amigos que saben de política de verdad, no como yo, me dicen que esos inquisidores de oficio son un mal necesario, pero me resisto a creer que eso sea verdad. Que pena que la política se dibuje como un juego sucio hasta en las series de Netflix. Peco de ingenua, lo sé, pero leer a “opositores” enlodando a Juan Guaidó, a dirigentes desesperados por una candidatura, a partidos políticos intelectualizando sin acción, y esa sospecha de que alguien se robó la ayuda humanitaria, me descompone.

No quiero aceptar que merecemos lo que el país está viviendo, pero si los vicios se mantienen no es viable esperar algo distinto, y sí, me refiero a griegos y troyanos. Decantar es un mecanismo de purificación, pero pocos lo consideran necesario, por eso caímos en un juego macabro donde nadie es dueño de la verdad. Ese obscurantismo es, precisamente, la razón por la que el chavismo sigue ahí, lo merezcamos o no.

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