GUERRA HÍBRIDA

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Dante Garnique / @dantegarnique

El caos, la anarquía, la corrupción, el narcotráfico, el hambre y la miseria generalizada son los aspectos más sobresalientes, aún para el más distraído de los observadores, sea cual sea la forma en que éste haga contacto con la actualidad venezolana. Actualidad que parece estar encaminada hacia un escenario de violencia que ha venido siendo propiciada desde hace algún tiempo, tanto por sectores que dicen llamarse de oposición, como por la propia dictadura.

Desde el 2014 la sociedad civil venezolana no se ha vuelto a mostrar tan agitada como en aquel febrero. Esa fue la fecha de caducidad de la protesta ciudadana contra el narco régimen que domina desde hace 21 años.

…quien enfrió la calle y le enfrió el guarapo a esa pseudo dirigencia, fue el Coronavirus…

El escenario de la violencia es la salida más fácil y deseada por algunos sectores políticos venezolanos, para justificar su incapacidad histórica de propiciar una salida seria a la crisis del País, que creó y lideró el comercio mundial de hidrocarburos.

Petróleos de Venezuela (PDVSA) pasó de ser la tercera empresa con capacidad de refinación en todo el mundo (3.300.000 barriles diarios), con 24 refinerías, 18 en el exterior y 6 en suelo venezolano; a producir menos de 600.000 b/d en 2019. Con 11 refinerías; 6 en el País y 5 en el exterior.

No hay que abandonar la calle, repetían una y otra vez por todos los rincones del País los desfasados políticos venezolanos. Hay que calentar la calle. Pero resulta que quien enfrió la calle y le enfrió el guarapo a esa pseudo dirigencia, fue el Coronavirus, haciéndole un tremendo favor a la narcocracia, que ahora justifica el toque de queda permanente y los arrestos indiscriminados, bajo la excusa del distanciamiento social, adoptado mundialmente como medida sanitaria.

…los bodegones, es la más reciente modalidad de lavado de dinero instaurada por la narco burguesía, que maneja esa red de abastos con productos importados.

En medio de esta coyuntura pandémica, resurge la idea de una escalada de violencia bajo otras circunstancias. El hambre, la escasez generalizada, una de las inflaciones más altas del mundo y la pérdida casi absoluta de valor del signo monetario nacional: el bolívar. Producto de la corrupción y el narcolavado, la economía venezolana se ha dolarizado de facto y aunque las transacciones en dólares no son legales, es el dólar, la moneda con la que los venezolanos compran y “hacen negocios”. Los estados de Whatsaap, por mencionar sólo una de las redes sociales más populares, hacen la función de bolsas de valores.

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Los venezolanos se han convertido en los mejores corredores de bolsa del mundo, se levantan, averiguan como se está cotizando la moneda norteamericana y comienza la puja: compro 20, vendo 50, remato 40 antes de las cuatro de la tarde. Todo ello, con el objeto de acceder a las cadenas de bodegones, que es la más reciente modalidad de lavado de dinero instaurada por la narco burguesía, que maneja esa red de abastos con productos importados. Entonces, los “corredores” venezolanos, van corriendo a comprar medio cartón de huevos y un paquete de mantequilla, en dólares, a un Bodegón, que por lo general, se encuentra dentro de una zona militar. El Círculo Militar, el Club de Suboficiales, etc.

Ahora, como producto del Coronavirus, el toque de queda y la falta de combustible, la escasez persiste y el hambre aumenta, trayendo como resultado, la reaparición de situaciones que demuestran la precariedad del venezolano. Se han producido saqueos y manifestaciones por falta de gasolina. Bolívar, Mérida, Monagas, Portuguesa, Sucre y Trujillo, son algunos de los estados en donde se han presentado, durante la tercera semana de abril de 2020 manifestaciones de descontento social (saqueos a establecimientos o protestas).

El precio de las cabezas del Cártel de los Soles y el operativo en las aguas del Caribe y el Pacífico, no son una agresión al pueblo venezolano ni una invasión norteamericana.

Pero las precauciones que se toman desde fuera con respecto al caso venezolano, no son para evitar un potencial estallido social, sino para poner freno al Cártel de los Soles, que está invadiendo, saltándose el código de honor de las mafias, mercados de estupefacientes, de un modo descontrolado. En tal sentido, la respuesta ha sido el operativo antidrogas más grande de la historia de occidente, en aguas internacionales, frente a las costas venezolanas; que ya ha producido frutos, entre otras cosas, resultado de la traición, de la que se dice fue víctima el Cártel de Paraguaná. Tres toneladas incautadas el 14 de abril cerca de Curazao. Y esto si que puede generar una escalada de violencia, violencia entre bandas de narcotraficantes, que por supuesto intentará hacerse pasar como descontento social.

Al comenzar la violencia, la dictadura gritará que la oposición apátrida y traidora, manejada desde el imperio, está jugando a la desestabilización del gobierno, creando focos de agitación social.

Existe toda una justificación teórica para ideologizar a la masa chavista y hacerle ver que la capital venezolana es un laboratorio de guerra para el Colegio de Guerra de los Estados Unidos. El argumento es el siguiente: tras la derrota israelita-norteamericana frente al Hezbola en el 2006, el ejército de USA, en el contexto de la Guerra Fría, tiene la necesidad de entender cómo llevar a cabo guerras convencionales en entornos no convencionales. La capital venezolana es uno de esos espacios con características apropiadas para desarrollar las estrategias de la llamada guerra híbrida, dado el caso de los colectivos. Coerción, violencia indiscriminada y desorden criminal, son algunos de los conceptos que se desprenden de “Los Conflictos del siglo XXI: El Auge de las Guerras Híbridas”.

 

Coerción, violencia indiscriminada y desorden criminal, son algunos de los conceptos que se desprenden de “Los Conflictos del siglo XXI: El Auge de las Guerras Híbridas.

Así viene armado el enemigo, es la advertencia que le hacen al pueblo chavista rodilla en tierra, sus maestros, para prepararlo para el combate. Surgen entonces las voces del pacifismo: ¿es este un momento adecuado para una acción de esas proporciones? Refiriéndose al operativo antinarcótico y tratando de hacerlo ver como una acción de agresión hacia el pueblo venezolano. El precio de las cabezas del Cártel de los Soles y el operativo en las aguas del Caribe y el Pacífico, no son una agresión al pueblo venezolano ni una invasión norteamericana.

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En el caso de que algún sector de la sociedad venezolana, bajo adoctrinamiento o por convicción, se sienta agredido ante una eventual aprehensión de los narcolíderes; pues bien están en su pleno derecho de defenderse, para eso están bien armados, desde que el anterior narcojefe deambulara por el mundo. Lo que no hay es que confundir eso con una guerra civil. Una guerra civil es la que tiene lugar entre dos o más sectores de una sociedad y que no forman parte de una fuerza militar o policial, pero que ante el fracaso de los acuerdos o negociaciones, intentan dirimir sus diferencias de manera violenta. Los colectivos, son organizaciones creadas por la narcotiranía, como brazo armado de la dictadura; y que ellos en caso de sentirse amenazados ante una eventualidad como el desmontaje del narcoestado, salgan en desbandada a arremeter contra el pueblo desarmado, eso es otra cosa, eso no es una guerra civil. A lo sumo, vandalismo.

Una postura que ha encontrado mucha resistencia de parte de quienes tienen el poder de crear corrientes de opinión pública a través de los medios de difusión, ha sido la de un posible operativo policial asistido internacionalmente para extirpar las cabezas del régimen dictatorial venezolano. Es que conllevaría a demasiadas muertes innecesarias, esgrimen. ¿Las muertes de quiénes?, habría que preguntarse. ¿La de los integrantes de los colectivos armados? En efecto, cualquier muerte es no deseada; pero si por ignorancia, convicción o adoctrinamiento, hay gente que opta por ello, sería lamentable. Pero el pueblo, la gente que tiene hambre, quienes ven morir a sus familiares en lo que antes eran hospitales y ahora son ruinas, por falta de antibióticos, no está en condiciones de salir a lavar una afrenta, si es que así considerasen la caída del narco.

Pero habría además que recordar, la tasa de homicidios en Venezuela, es del 56,3%, en supuesto estadio de paz, mientras que en países en guerra, como Yemen es del 6,7. Afganistán 7,1; Siria 2,2 y Somalia 4,3. Sólo para tener algunos puntos de comparación.

Jueves 23.04.2020
A todos los lectores del mundo

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