A MADURO HAY QUE MATARLO

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Dante Garnique / @dantegarnique

La guerra en Venezuela es psicológica, así las cosas; las ideas son balas. En Venezuela no corre la sangre, como en Irak o Afganistán; pero el número de muertos por causa de la dictadura criolla es equiparable. A Maduro hay que matarlo, esa es la única salida para acabar con la dictadura más despiadada del mundo moderno. Vino nuevo en odres viejos, no funciona.

Cada vez que llega a la mesa de debates de los especialistas el caso venezolano, las herramientas teóricas se agotan. Si en algo parecen estar de acuerdo sociólogos, historiógrafos, uno que otro comunicador social, algunos politólogos y otros estudiosos de los hechos sociales, es en que el caso venezolano es inédito.

… el engendro tiene características inéditas, los mecanismos para su confrontación y posterior extinción, tendrán también que ser inéditos…

Cuando esa dictadura haya acabado, se estudiará como un caso único, pero para que eso ocurra, primero tiene que acabar. No se puede practicar autopsia mientras hay vida. En ese sentido, el problema actual para Venezuela y el mundo académico, es que el monstruo sigue vivo y mientras tanto, ningún estudio es concluyente.

Se puede hacer una de dos cosas: sentarse a esperar el cadáver. Mientras eso se decide, Venezuela vive a merced de los caprichos del engendro.

Observando el caso venezolano, pareciera haber indicios de algún interés por darle un giro al modelo actual de toma de decisiones. Esa propuesta, encuentra, como es de suponerse, resistencia por parte del sistema. Ante la posibilidad de cualquier amenaza, el sistema activa sus propios mecanismos de defensa.

Los mecanismos de defensa del régimen venezolano involucran no sólo instancias gubernamentales, sectores oficialistas y toda la estructura estatal, sino también, sectores civiles y organizaciones sociales permeados ideológicamente por el régimen. La dictadura encuentra apoyos en: partidos políticos, algunos sectores de la iglesia y del ejército, gremios profesionales, ONG’s y una larga lista de actores de tendencia tanto oficialista como opositora.

Esos mecanismos de defensa del sistema, para el momento de la redacción del presente escrito, se manifiestan en su forma más recurrente, el llamado a elecciones. Ese es el tentáculo más fuerte del sistema represor venezolano.

… las elecciones son la garantía de la sobrevivencia del engendro dominante.

Habiendo aceptado que el engendro tiene características inéditas, los mecanismos para su confrontación y posterior extinción, tendrán también que ser inéditos; puesto que para su mordedura, no se tiene aún antídoto alguno.

¿Votar o no votar?, el falso problema. En el imaginario social contemporáneo, el voto ocupa un lugar privilegiado. En el subconsciente judeocristiano está arraigada la creencia popular de que las elecciones y las democracias son sagradas; una especie de Big Bang del orden social.

En el caso venezolano, en este momento, las elecciones son la garantía de la sobrevivencia del engendro dominante, ese es el punto que hay que atacar. Esa es la trampa que más se encuentra en el camino hacia la solución del dilema venezolano.

El régimen y sus congéneres se valen de antiguas creencias populares para seguir asegurándose el control absoluto en el ejercicio del poder. De esta manera, las fuerzas sociales organizadas en torno al poder y las que para lograr la simpatía de vastos sectores sociales, se hacen llamar opositoras, son copartícipes de mecanismos que fortalecen a la dictadura.

El llamado a elecciones en Venezuela, en este momento, es la estrategia más favorable para la consolidación del régimen autoritario. El desarrollo político de los últimos 70 años en Venezuela ha desembocado en una crisis de gobernabilidad inconmensurable. Muchas de las actuaciones de los autodenominados sectores de “oposición” se asemejan más a las actuaciones del oficialismo que a las actuaciones de quien quiere ofrecer alternativas de cambio en Venezuela.

Las relaciones existentes entre el régimen y la mayoría de los sectores políticos que se dan a conocer públicamente como opositores, se asemejan más a una relación simbiótica que a una relación antagónica.

… se hacen llamar opositoras, son copartícipes de mecanismos que fortalecen a la dictadura.

¿Quién es quién en Venezuela? La MUD no es la oposición, los chavistas no son el gobierno. La Dictadura aunque mucho se parezca, no es el fascismo; ya los historiógrafos, politólogos, psicólogos sociales, sociólogos y antropólogos sociales le asignarán la debida nomenclatura, llegará el momento.

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La MUD es parte del actual régimen, Maduro no es un individuo, es la encarnación del régimen de torturas en Venezuela. Los presos políticos no son la sociedad venezolana, son la materialización de la represión. Los niños que se mueren en los hospitales venezolanos no son el problema, las parturientas sangrando de hospital en hospital con la única esperanza de que ocurra un milagro para salvar su vida y la de su hijo por nacer, no son el problema. El problema es la existencia de ese régimen perverso.

Es inútil perder el tiempo en campañas para salvar a los niños o a las parturientas, o conseguir la libertad de los presos políticos. PDVSA ya se perdió, los bancos son problema de sus dueños, que si le quitan 20 ceros a la moneda, que si hay que votar o no, puro circo para el pueblo. El único objetivo en esta guerra es MATAR A MADURO, no al individuo, sino a lo que ese nombre representa para la actualidad venezolana.

Si se hacen elecciones y gana Maduro, se seguirán muriendo los muchachitos y las parturientas; también los presos políticos y el régimen continuará con los asesinatos sistemáticos a estudiantes, PDVSA no será recuperada y el Dólar valdrá un millón de bolivaritos o de maduritos. Pero si en cambio, si las elecciones las gana otro que no sea Maduro, entonces sí, se seguirán muriendo los muchachitos y las parturientas; también los presos políticos y el régimen continuará con los asesinatos sistemáticos a estudiantes, PDVSA no será recuperada y el Dólar valdrá un millón de bolivaritos o de maduritos. No es un pleonasmo.

La claridad de objetivos en una guerra es fundamental, pero no lo único necesario para ir sumando batallas exitosas. Sin objetivos claros, el triunfo es incierto; pero también lo es si no hay estrategia.

Por eso al régimen le interesa tanto las campañas en defensa de los muchachitos que se mueren en los hospitales y los deja morir, así como a las parturientas. Impide la entrada de alimentos al País, obstruye cualquier tipo de ayuda humanitaria, publica en Gaceta Oficial el cierre de PDVSA, llama a elecciones, cierra bancos, le cambia el nombre a la moneda y los colores a la bandera, etc, etc, etc; todo, para desviar la atención del objetivo central, porque ese es su objetivo, distraer y permanecer.

Con cierta recurrencia se cuestiona la nacionalidad del dictador. ¿A quién en Venezuela le interesa realmente la nacionalidad del dictador? El único objetivo sobre el cual se deben volcar todos los esfuerzos es sacarlo del poder y acaba con la dictadura.

Al caso venezolano podría llamársele Maduro, habida cuenta, que hay un individuo que así se hace llamar y que desempeña el papel de mandadero en un régimen urdido por mercenarios del poder que conciben la política como una empresa muy rentable. Pero eso tampoco importa, lo que importa es ponerle fin a la situación anómala.

Acabar con el actual régimen es el único objetivo de la guerra que se libra en Venezuela. Es hacia allá que se debe apuntar, hacia el payaso danzarín, después, si quieren, que le pongan polka o danzones o que lo vistan a rayas, eso, es lo de menos.

Miércoles, 16 de Mayo, 2018

EL PÁJARO AZUL

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Dante Garnique / @dantegarnique

¿A quién le importa Venezuela?

A los venezolanos.

Para el resto del mundo, somos una anécdota.

Venezuela ya no existe, Venezuela es un recuerdo, una pérdida, una ausencia. Porque aunque regresemos, ya no será al mismo lugar y la gente aunque sea la misma, ya no se reconocerá, porque será otra.

Ya los mangos y las guayabas no serán tan dulces. Los mangos de antes sabían a tarde libre, a merienda, a complicidad infantil; los mangos de ahora saben a carencia, saben a miseria. El pan más dulce del país dejó de ser lo que era, para convertirse en un símbolo. Una arepa con mantequilla ya no es la primera boronita de comida que una mamá venezolana le da a su hijo, ahora es un emblema, un bastión de gentes en el exilio.

Hablar de lo crocante de una empanada rellena con carne mechada hecha con bastante ají dulce, chorreada con crema de ajo y cilantro, puede ser una falta de respeto para tanta gente con hambre.

Describir el placer que produce en el paladar del venezolano una chicharronada o una arepa frita con chicharrón o un sánduche de pernil de los de La Encrucijada, hoy puede ser desconsiderado para con quienes no saben con certeza, si les alcanza el dinero para comprar unos racionados gramos de pan.

Una arepa con mantequilla ya no es la primera boronita de comida que una mamá venezolana le da a su hijo, ahora es un emblema, un bastión de gentes en el exilio.

Venezuela ya no existe, lo que queda es un montón de gente con hambre, desesperada y desesperanzada, más de 30 millones; queda una dictadura y un gran vacío.  Ya no existe, yo sólo no soy Venezuela. Venezuela somos todos con una sola idea, una idea que por estos días no está clara, una idea que un día tuvimos y que hoy no se sabe dónde está.

Los amigos ya no son como antes, ahora te eliminan de las redes cuando prevalecen las diferencias. Antes había diferencias que se olvidaban los viernes por la tardecita. Ahora, cuando alguien se enferma en Venezuela, ya no se piensa en comprar frutas o flores, sino en iniciar una campaña de recolección.

¿Quién llora la muerte de la confianza, de esa que nos permitía convertirnos en el mejor amigo de alguien a los 20 minutos de haberlo conocido? ¿A quién le importa que ya no podamos andar contentos a las tres de la madrugada por el barrio sin temor a ser sorprendidos por el infortunio?

Venezuela ya no existe, lo que queda son historias, esperanzas, deseos, ni siquiera hay proyectos, ni siquiera hay acuerdos, ni siquiera una bandera, ni siquiera un escudo, ni siquiera una moneda.

Para quienes seguimos aquí, Venezuela es un supuesto, algo en lo que no se piensa, como no pensamos en la respiración ni en los latidos del corazón. Quienes estamos aquí no tenemos tiempo de pensar, estamos ocupados en no dejar de existir.  Venezuela no es ahora ni una remota posibilidad, no es un plan, es, si acaso, algún deseo.

Antes había diferencias que se olvidaban los viernes por la tardecita.

La Venezuela de quienes se van, no es la misma de la de quienes se han tenido que quedar, ni la misma de quienes regresan, ni la misma de quienes regresarán. Son “Venezuelas” distintas.

Venezuela ya no existe, Venezuela se perdió, se perdieron los mangos y las guayabas y los amigos chéveres y el cilantro y el ají dulce, y las caminatas de madrugada y las llegadas por sorpresa a comer en la casa de la abuela o a tomarse el cafecito. Y es que hasta la abuela se nos fue y ni nos dimos cuenta, Venezuela ya no existe, Venezuela se nos fue.

No sabemos cuándo pasó, pero pasó, probablemente fue cuando nos dimos cuenta de que ya no estábamos, que ya no éramos, que aunque seguíamos siendo, ya no éramos los mismos. Teníamos el mismo nombre, sí; los mismos recuerdos, sí; recordábamos a las mismas personas, sí. Pero ya nada de eso era lo que había sido, pero es que hay maneras de dejar de ser, siempre se deja de ser, al segundo siguiente; pero dejar de ser y dejar de estar al mismo tiempo, no es lo mismo; ni para quien no está, ni para quienes no están.

Viernes 15.06.2018

A tí, que ya no estás.

LEGADO MALDITO

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Belén González / @mbelengg
Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

De los 59 años que vivió, quizá no está expresamente definido el tiempo que dedicó a idear su malévolo plan, lo que sí nos ha quedado claro es el período de ejecución -radicalizado por su heredero-, así como las motivaciones (resentimiento y ansias de poder) que lo inspiraban y todas las herramientas (intimidación, crueldad, despotismo) que empleó para transformar a una nación próspera y con futuro en un guiñapo de país difícil de describir con palabras que no causen dolor, repudio y rencor. El passado 28 de julio sería su aniversario de vida, pero como lo que Hugo Chavez Frías dejó a su paso por Venezuela fue peor que un tsunami, una pandemia, un terremoto o una guerra, nadie que se respete puede celebrarlo.

Podríamos escribir una extensa enciclopedia acerca de lo que el chavismo-madurismo ha representado en sus 20 años de trágica permanencia en el poder. Sin embargo, intentaremos reducirlo todo a su nefasto legado de miseria, corrupción y vandalismo. Ese que construyó Chávez -un déspota que se vendió como el caudillo redentor, que acabaría con las mafias del pasado para refundar a Venezuela-, durante los 14 años que gobernó. Para ello, como es de suponerse, hay que comprender un poco el génesis de este trozo de la historia.

Chávez diseñó a su justa medida, una nueva Constitución y con ello, la modificación de un conjunto de leyes que le abonaron el terreno para lograr su objetivo primordial: perpetuarse en el poder…

Cuando Chávez llegó al poder en 1999, la pobreza en el país se ubicaba en el 46,8% y once años después (2010) había descendido hasta alcanzar un 27,8%. Una reducción producto de las políticas sociales aplicadas, gracias a los millones de dólares que entraron a las arcas del Estado procedente de una jugosa renta petrolera,  que devino de una reducción en la producción internacional, la cual aumentó considerablemente el precio del crudo, multiplicándose de manera vertiginosa. Con esta boyante bonanza desarrolló las misiones Robinson y Ribas, la primera para combatir el analfabetismo que según datos de la UNESCO, para el 2000 superaba el millón de personas; y la segunda con el propósito de incluir en el sistema educativo a todas aquellas personas que no habían podido culminar sus estudios de bachillerato. Podría entenderse como un enorme logro; pero no, el despilfarro, les pisó los talones al poco tiempo.

Además, toda “buena acción” que se establecía venía acompañada de una estrategia creada deliberadamente  para debilitar de forma progresiva las bases sociales, tal es el caso de la nueva Ley de Educación que promulgó de improviso, a todas luces ideologizante y excluyente.

A Chávez, también se le aplaude la unión alcanzada con los gobiernos de Latinoamérica, no sin antes garantizar la expansión y profundización del Socialismo del Siglo XXI y su corrosivo ideal, demostrado con elementos supra nocivos como: el antiamericanismo, el estatismo antimercado, y el rechazo a la propiedad privada. Para desgracia del país, convirtió el aparato económico en el mecanismo para profundizar el control político, con la firme intención de mantenerse en el poder a toda costa, y restando importancia al futuro de la nación.

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Con el paso de los años, las ínfulas de grandeza derivadas del sabor que produce las mieles del poder fueron transfigurando a aquel hombre “de pueblo” en un indiscutible e implacable dictador, cuya sed insaciable de control en lo público y privado fue socavando al país. Así, nos topamos en hechos y palabras, con un individuo enfermo de odio y resentimiento -como todos quienes le acompañaron y continúan ahora en la era madurista-; quizá por ello, le veíamos hacer énfasis en que “era un pata en el suelo que logró llegar a ser líder de los venezolanos”; pero terminó siendo el verdugo intelectual y material de la vendetta que gestó contra todo el país, sin distingo entre seguidores y detractores.

Por tanto, entre realidades y muchas mentiras disfrazadas, Chávez diseñó a su justa medida, una nueva Constitución y con ello, la modificación de un conjunto de leyes que le abonaron el terreno para lograr su objetivo primordial: perpetuarse en el poder, basándose como se sabe, en la reelección presidencial ilimitada. Se despachaba y se daba el vuelto, dicho en buen criollo, a la vez que sostuvo absoluta indiferencia por las garantías básicas de derechos humanos, como lo ha denunciado reiteradamente Human Right Watch (HRW).

…“Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”, el mantra se convirtió en hecho, porque el hambre no tardó en tocar a sus puertas, en entrar hasta sin avisar y postrarse implacable en sus mesas.

Todo aquello que representaba una amenaza para su propósito dictatorial, pasó a engrosar la lista de enemigos que debían ser eliminados de manera progresiva. El desfile lo encabezaron los medios de comunicación tradicionales, a los que le declaró una guerra a muerte sin cuartel; incrementando “radicalmente” el control de contenidos, además de sancionar leyes que ampliaron y endurecieron las penas previstas.

La estatización se convirtió en otra estrategia certera, que le permitió hacerse de las empresas extranjeras radicadas en el país y la banca, adquiriendo las cementeras, los medios masivos, empresas de servicios, entre otras, hasta lograr un control casi absoluto sobre el aparato económico, que no implicó necesariamente, su potencialización, sino todo lo contrario, el quiebre y desaparición de prácticamente todas ellas. No conforme con esto, provocó una ruptura social del país, dividiéndolo en dos bandos, quienes lo idolatraban y quienes lo adversaban (con la misma pasión); pero además, a los primeros los fue convenciendo que “ser ricos es malo” y sembrando premisas nefastas como aquella que rezaba: “con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”, el mantra se convirtió en hecho, porque el hambre no tardó en tocar a sus puertas, en entrar hasta sin avisar y postrarse implacable en sus mesas.

…aunque  el  padecimiento venía mutando, estratégicamente Hugo Rafael -entre carisma y manipulación-, supo solaparlo.

Consolidarse a toda costa, incluso alimentando el hambre del pueblo era una clara meta del intergaláctico, quien estrechó lazos de amistades peligrosas con los líderes de países dictatoriales y represores como Irán, China, Rusia, Cuba. En contra parte, hizo de Estados Unidos su archienemigo, a quien culparía de todas las desgracias que él mismo fue gestando, un discurso por cierto heredado por las nuevas huestes en el poder, aunque ya nadie se lo traga, porque la realidad es abrumadora.

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Quizás uno de los peores legados del hijo “ilustre” de Sabaneta, fue sembrar esa idea de que la sociedad debe vivir de las dádivas del Estado y no al revés. En efecto, en la Venezuela democrática ya existía un sustrato populista fomentado por adecos y copeyanos, pero Hugo Chávez multiplicó por mil esa disparatada manera de dilapidar los recursos públicos, creando una sociedad de rémoras a todo nivel, que convive con un Estado ineficiente, un elefante blanco, tan enorme como incompetente, plagado de gente pero sin los conocimientos y habilidades necesarias para materializar algún objetivo concreto en beneficio del país, aunque dispuestos a todo en “nombre de la revolución”.

Muchas de sus promesas de campaña se diluyeron entre la ineficiencia y la corrupción, por lo que fueron solo eso, promesas. Ninguna mejora en el funcionamiento del país resultó radical o permanente, por eso no extraña que con la llegada de Maduro al poder despertara el monstruo de mil cabezas que dormía detrás de Chávez. Bien lo afirmó Diosado Cabello tras la muerte del “Comandante eterno”: él era nuestro muro de contención. Lo han demostrado los hechos desde 2013, una hecatombe sin freno, una avalancha de ruina y perversión.

Y que quede claro, Chávez sí sabía lo que hacía, nadie lo tenía engañado, la diferencia entre su gobierno y el de Maduro es la velocidad que se le imprimen a la desgracia. Quizá por ello, aunque el padecimiento venía mutando, estratégicamente Hugo Rafael -entre carisma y manipulación-, supo solaparlo.

Estado ineficiente, un elefante blanco, tan enorme como incompetente, plagado de gente pero sin los conocimientos y habilidades necesarias para materializar algún objetivo concreto en beneficio del país, aunque dispuestos a todo en “nombre de la revolución”.

Al quitarse las máscaras, tiraron al traste todo lo que “hubo de hacer bien Chávez”: se perdió la influencia y el estatus en la OPEP derivado del descalabro de PDVSA, y con ello acabaron con las misiones, se multiplicó la pobreza, la inflación ha superado todos los pronósticos; la devaluación de la moneda es un tema que ni ellos mismos comprenden. Hay incrementos sustanciales, pero no en materia de desarrollo y evolución, sino en deserción escolar, en desabastecimiento de alimentos. Así como en la escasez de gas, gasolina y todos los productos derivados del petróleo; en hospitales fuera de servicios, en la diáspora más grande de toda nuestra historia.

La herencia que nos cedió Hugo Rafael Chávez Frías, por una parte, fue un gobierno entrampado en su narrativa de combate, de populismo y de culto a su imagen; y los prospectos que ello suponía para un país, acabaron en la más insondable de las crisis. Mientras que, por otro lado, dejó la profundización de todos los males que pretendía eliminar: corrupción, concentración de poder, dependencia petrolera y pobreza. En fin, nos heredó un país del que hay que emigrar para sobrevivir. Por tanto, aquí no hay nada que celebrar, ni de lamentar pérdidas, después de todo ya entendimos aquello de “no volverás”.

CORRUPCIÓN: HIJA DE LA IMPUNIDAD

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

A los países de Latinoamérica nos ha mantenido relacionados últimamente el tema de la migración, en especial por la tragedia venezolana. Sin embargo, hay un asunto que desde siempre nos caracteriza e identifica más, una especie de virus o gen: la corrupción.

Cultural, heredada, genética, con certeza hay muchas formas de identificarla. Es una lista interminable de los hechos y sus protagonistas materiales e intelectuales, de norte a sur. No existe una nación en América Latina que se escape de ser señalada como víctima de la corrupción, en especial, cuando se habla de sus gobernantes y todo aquel que pulula a su alrededor, incluyendo empresarios y ciudadanos. Sin embargo, lo que abona y germina a este virus que ha provocado una hecatombe continental en las últimas décadas, es la impunidad.

… para 1994, pese a las innumerables torpezas y defectos de la democracia, la otrora Corte Suprema de Justicia, encontró méritos para enjuiciar a CAP por el uso indebido de los fondos de las reservas nacionales…

De acuerdo a su etimología, la corrupción es entendida como “la situación o circunstancia en que los funcionarios públicos u otras autoridades públicas están corrompidos”. Cristina Fernández de Kirchner, Lula Da Silva, Elias Antonio Saca, Dilma Rousseff, Alberto Fujimori, Ricardo Martinelli -sólo por mencionar algunos-, acerca de este asunto entienden muy bien. De modo que en Panamá, Argentina, Perú, Chile, Brasil, y por su puesto en Venezuela, la corrupción se ha puesto de moda. Son justamente sus mandatarios quienes han promulgado esta depravación como una ley que salpica y contagia sin ninguna discriminación. Después de todo, si un ciudadano entiende que no existe juicios, ni justicia ante los hechos de corrupción, el ejemplo es la norma.

No por casualidad, según un informe de Transparencia Internacional presentado en enero de 2019, Venezuela y Nicaragua encabezan la lista de naciones del hemisferio americano con niveles de corrupción extrema. Ambos países liderados por regímenes totalitarios. Resulta irónico y paradójico, que hace 20 años la bandera propagandística de Hugo Chávez -que además resultara el móvil de la intentona golpista del 92-, fue el mega paquete económico anunciado por el expresidente Carlos Andrés Pérez y los altos índices de corruptela que caracterizaban al gobierno de “El Gocho”. A este se le acuña  la compra con sobreprecio de un buque (El Sierra Nevada) que luego se vincula a Bolivia, que no tiene mar. No obstante, para 1994, pese a las innumerables torpezas y defectos de la democracia, la otrora Corte Suprema de Justicia, encontró méritos para enjuiciarlo por el uso indebido de los fondos de las reservas nacionales, “malversación genérica” y “peculado doloso”, en términos jurídicos. Fue enjuiciado, sentenciado y puesto preso. Pensar en un juicio nacional contra Maduro, por ejemplo, es una infamia, una utopía.

En palabras de Eduardo Galeano, “La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda: estimula al delincuente y contagia su ejemplo”. Nada más cierto y conveniente para hablar de la Venezuela de las dos últimas décadas. Pero aclaro, que ciertamente otros mandatarios venezolanos como Jaime Lusinchi y Luis Herrera Campins también fueron presas fáciles de la perversión, sólo que al menos a la luz de la opinión pública y de los hechos en sí, las autoridades judiciales no estaban tan sesgadas como en la actualidad.

El sistema eléctrico nacional, PDVSA, Pdval, Cadivi, Saime, fueron ocupando lugar en la extensa lista de hechos de corrupción, a la que también suma Smartmatic, por su puesto

Si tuviésemos que adjetivar al régimen chavista-madurista, podredumbre sería quizá el término más idóneo, especialmente si de corrupción hablamos. No existe una institución pública que se escape de sus tentáculos, no sólo en materia de quienes las dirigen, sino también de los empleados. La matraca, la trácala, la trampa para gestorías, para contratos, para licitaciones; en fin, cualquier trámite sirve en bandeja el soborno, el abuso de poder, puesto que son 20 años gobernando o “desgobernando” sin ningún contrapeso o control, los poderes dejaron de entender la aplicación de la autonomía y su importancia para el sostenimiento del sistema democrático.

Fue justamente Chávez quien juró acabar con la dinastía de corrupción de la Cuarta República, abriendo paso a una nueva forma de gobernar. Lo que no estaba muy claro al inicio es que se trataba de acabar con aquélla para hacer historia con sus propios métodos corruptivos, repotenciándola, radicalizándola e instaurándola institucionalmente, calificado según la organización Transparencia Internacional como una “cleptocracia”. Es el país más corrupto del continente, pero además la Red de Ejecución de Delitos Financieros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitió en septiembre de 2017 un aviso para alertar a las instituciones financieras sobre la “corrupción pública generalizada” imperante en el país.

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Se amparan  en un TSJ que ha transformado y adaptado las bases jurídicas del país de forma acomodaticia para propiciar sentencias, dictámenes y resoluciones que han condenado a inocentes a confinamientos violatorios de todo derecho; es simple, cualquier investigación que se pretenda llevar a cabo se estrellará con un juez corrupto o un Defensor del Pueblo, que defiende el puesto y su imagen física pero no aboga por los Derechos Humanos y la justicia; la Contraloría, que perdió el control de la fiscalización del uso correcto del patrimonio público, es todo esto lo que se ha institucionalizado. Asimismo, ha sido desproporcional el número de ministerios -que en vez de pasar a ser austero-, se quintuplicó dando origen a un monstruo que ha socavado la capacidad de sostenibilidad económica del aparato gubernamental. No existe moral en el Poder Moral porque quienes lo integran, son también copartícipes de las atrocidades que gestan los representantes “supremos” del régimen. De ahí, que a nivel de las instituciones públicas y de todo aquello que expropiaron para pasar a ser parte de su administración, se haya tornado en un fracaso, en inoperante, en un fiasco.

Si tuviésemos que adjetivar al régimen chavista-madurista, podredumbre sería quizá el término más idóneo, especialmente si de corrupción hablamos. No existe una institución pública que se escape de sus tentáculos…

La suma del desfalco causado en estos 20 años de chavismo-madurismo se calcula en 450 mil millones de dólares, y todo empezó con la excusa de generar planes sociales. Plan Bolívar, le bautizaron. Nada más ofensivo para nuestro Libertador. El sistema eléctrico nacional, PDVSA, Pdval, Cadivi, Saime, fueron ocupando lugar en la extensa lista de hechos de corrupción, a la que también suma Smartmatic, por su puesto. Y es por ello que a la fecha, se han registrado 5 apagones generales en el país en los últimos seis meses; y no hay gas doméstico y se hacen largas colas para cargar combustible luego de ser de los países más prestigiosos en materia petrolera a escala mundial. Es por eso que una nación entera muere de hambre, porque además se dieron el lujo de dejar podrir contenedores enteros cargados de alimentos; y el negocio de las divisas en un mercado cambiario paralelo les viene como anillo al dedo. Pero también por eso obtener un documento simple como un pasaporte implica grandes sumas de dólares; y se han mantenido en el poder a fuerza de un sistema electoral automatizado que conoce muy bien de números con tendencias irreversiblemente mortales.

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Sin embargo, allí no muere el tema, porque la participación del ciudadano común también cuenta cuando recordamos a los bachaqueros, o los revendedores de cupos de Cadivi o a quienes raspaban las tarjetas en el exterior. Es una espiral de corrupción, cuyo asidero siempre encontrará excusas ante las soluciones de la “crisis” del momento. Por ello, lo de la cultura.

cualquier trámite sirve en bandeja el soborno, el abuso de poder, puesto que son 20 años gobernando o “desgobernando” sin ningún contrapeso o control,

No obstante, resulta que no es exclusivamente parte de la cultura y de las instituciones; todo indica que ha alcanzado el desarrollo económico y la desigualdad, como pilares fundamentales del mantenimiento de la corrupción latinoamericana. Para muestra Oderbrecht, un nombre que se viene repitiendo como bola de nieve cada vez que se asoma públicamente un acto ilícito, predominando “la compra de políticos para expandir sus obras por toda la región” y, como es de suponerse, Venezuela también ha estado implicada. Corrijo, Venezuela no, el régimen de Maduro y su apocalíptica banda de narcos.

De modo que, el dominio de cada institución pública, de las decisiones más importantes para la nación; el control absoluto de los poderes (Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Moral, y hasta el Legislativo, al crear la ANC), han sido más que suficientes para demostrarnos a los venezolanos y al mundo entero, que la impunidad es su mayor fortaleza. Las jugadas maestras de su maldad, le fueron enseñando a muchos que la meritocracia no existe, que el trabajo no rinde frutos, que la producción no es un factor relevante porque no les interesa el desarrollo, como tampoco la inteligencia, que la norma es la ilegalidad, que mientras más enlodado te permitas vivir, la corrupción será su mejor aliado.

CÓDIGOS SECRETOS

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Dante Garnique / @dantegarnique

Venezuela fue visitada en julio 2019, por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas Para Los Derechos Humanos, expresidente de Chile, Michelle Bachelet quien “documentó casos de violencia sexual y de género contra mujeres y niñas durante su detención, especialmente por efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), así como por Oficiales de la Guardia Nacional Bolivariano (GNB)”.

Dicho así, no queda claro sobre qué se quiere llamar la atención de lo documentado; si: Sobre la violencia sexual y de género; sobre las detenciones; sobre el hecho de que hay detenciones realizadas por el SEBIN, la DGCIM y la GNB, especialmente, pero que pudiesen haber también eventualmente detenciones realizadas por otros organismos que no se mencionan en este informe; o sobre la amalgama civil-militar.

Que las sigan deteniendo, pero que por favor, las traten un poquito mejor, pareciera querer decir el informe de la ACNUDH.

¿Por qué hay en Venezuela “detenciones” de mujeres y niñas, realizadas “especialmente” por el SEBIN, la DGCIM y la GNB? ¿Qué otros organismos del Estado venezolano realizan detenciones de mujeres y niñas? ¿Son un peligro público en Venezuela las mujeres y niñas? ¿Por qué un componente de la fuerza militar detiene a civiles mujeres y niñas venezolanas?

Pareciera que habría que aceptar las detenciones de mujeres y niñas, lo que no habría que aceptarse es que haya violencia sexual en su contra. Que las sigan deteniendo, pero que por favor, las traten un poquito mejor, pareciera querer decir el informe de la ACNUDH.

Durante la presentación del documento en Ginebra el viernes 05.07.2019, la Señora Bachelet sostuvo que “El destino de 30 millones de venezolanos está en las manos de las autoridades y de su habilidad para poner los Derechos Humanos por delante de cualquier ambición ideológica o política”.

Ciertamente, así es. Los venezolanos (30 millones aproximadamente) mueren de hambre y sufren las consecuencias de decisiones económicas poco claras implementadas por el Ejecutivo Nacional desde hace 20 años, quedando demostrada su habilidad para poner en segundo plano los Derechos Humanos, dándole además preeminencia a la ideología chavista y a su ambición de poder, ante la impasibilidad de las autoridades ¿Internacionales?

Asombra que se diga como con cierta sorpresa que “El Ministerio Público ha incumplido con regularidad su obligación de investigar y llevar a juicio a las personas responsables de los hechos y el Defensor del Pueblo ha guardado silencio ante las violaciones de Derechos Humanos”.

…se entiende que se está hablando de una dictadura y no del Gobierno de Finlandia, Escandinavia, Alemania o Chile; pero hay que hacer algún esfuerzo criptográfico para comprenderlo.

Sí, esto viene ocurriendo en Venezuela desde hace 20 años. Probablemente, porque de lo que estamos hablando, es de una dictadura y no de un gobierno cualquiera. Un gobierno cualquiera sería por ejemplo el de Finlandia, Dinamarca, Italia, Chile o los Estados Unidos.

Pero ya va, hay otro detalle, ¿a cuáles hechos se refiere el informe, a la violación de Derechos Humanos ejecutada por las peligrosas mujeres y niñas venezolanas, a quienes hay que seguir deteniendo, o a las detenciones de mujeres y niñas civiles realizadas por militares?

Es bastante completo el informe y al abordar el tema asistencial, lo hace de la siguiente manera: “Los Hospitales carecen de personal, suministros, medicamentos y electricidad. De noviembre de 2018 a febrero de 2019, hubo 1.557 fallecimientos por falta de suministros”.

Nosotros nos atreveríamos a hacer algunas salvedades en este sentido, para destacar que el personal médico y de enfermería venezolano está conformado por hombres y mujeres que a pesar de la falta de suministros y electricidad, exponen sus vidas al tratar de salvar las de otros. Este personal es asaltado en los estacionamientos de sus puestos de trabajo y dentro de los mismos hospitales a donde acuden a desempeñar sus labores, por pura vocación de servicio, aún a sabiendas de que no hay seguridad ni suministros, ni electricidad.

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Decir que hubo 1.557 fallecimientos en tres meses, es restarle importancia consciente o inconscientemente, a los fallecimientos ocurridos por exactamente las mismas razones, desde hace 20 años. Sin embargo, podríamos tomar como cierta la cifra del informe Bachelet y hacer un cálculo. Estaríamos hablando de unos 119.889 muertos. Se podría agregar además, que Amnistía Internacional ya había considerado ese y otros asuntos en su informe de mayo 2019, Venezuela Hambre de Justicia.

Pero dice más el informe de la ACNUDH, “El Gobierno incumple su obligación de garantizar los derechos a la alimentación y la atención sanitaria”. ¿Cuál gobierno, la dictadura venezolana?

Sí, desde hace 20 años.

Se lee también: “Se han documentado 66 muertes durante las protestas realizadas de enero a mayo de 2019, de las cuales 52 son atribuibles a fuerzas de seguridad del Gobierno o a los colectivos. ¿Quiere decir esto que no hay necesidad de investigar las muertes de 52 personas, porque ya se sabe que estas 52 muertes son atribuibles o al gobierno, o a los colectivos, como es natural? Lo que habría que investigar entonces sería si a los otros 14 los mataron las peligrosas mujeres y niñas detenidas “especialmente” por el SEBIN, la DGCIM y la GNB.

¿es acaso la piel de quienes eligieron como profesión, ser representantes del pueblo, más delicada y sensible que la del pueblo a quien representa?

Pero además, cuando se lee que “Se han documentado 66 muertes… atribuibles a Fuerza de seguridad del Gobierno o a colectivos; uno se confunde y se pregunta: ¿qué son los colectivos y por qué a ellos se les pueden atribuir “muertes”, como a un deportista, trofeos?

Por eso consideramos que hubiese sido bastante útil si se nos hubiese explicado ¿qué son “Los colectivos” que se mencionan en el informe? ¿Acaso algún organismo del Estado?, ¿esos que no son “especialmente” ni el SEBIN ni la DGCIM?

Pasando a otro aspecto, el informe señala que “Se ha levantado la inmunidad a 22 diputados. Entre ellos al Presidente de la Asamblea Nacional. Dos diputados se encuentran en detención y 16 han buscado protección en Embajadas, han abandonado el país o se han escondido”.

Para estas 40 personas, debe ser muy duro lo que les está sucediendo. Pero al conocer estos cuarenta casos, se nos vienen a la mente los 30 millones de casos de venezolanos que carecen de toda asistencia estatal; médica, jurídica, educativa y de transporte. Carecen de libertad de tránsito y de expresión, no tienen acceso a comida ni puestos de empleos, o los de los tres millones y medio que han protagonizado el éxodo más grande de la historia americana, buscado asilo en países vecinos y europeos. Y se nos viene a la mente la siguiente pregunta: ¿es acaso la piel de quienes eligieron como profesión, ser representantes del pueblo, más delicada y sensible que la del pueblo a quien representa?

El informe ha sido contundente, han señalado algunos, ha sido condescendiente, han dicho otros.

A nuestro modo de ver, el documento es de por sí, indicativo de que en Venezuela algo huele mal. Ciertamente, en ocasiones el tono del documento llama más la atención que su contenido, el cual queda, la mayor parte de las veces entre líneas; pero, sí, se entiende que se está hablando de una dictadura y no del Gobierno de Finlandia, Escandinavia, Alemania o Chile; pero hay que hacer algún esfuerzo criptográfico para comprenderlo.

Sería muy interesante leer un informe de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos, referido a Holanda, Suiza, o los Estados Unidos y poder comparar el tono de su lenguaje, con el tono utilizado en la redacción del informe venezolano. El tratamiento dado a las autoridades. Los hechos expuestos, etc.

A la dictadura venezolana hay que ponerle fin para evitar la consecutiva comisión de delitos de lesa humanidad denunciados ya suficientemente por organismos de consolidada credibilidad internacional. ¿Implica ello el fin de Maduro?

Sábado 13.07.2019

A Doña Inmaculada Salcedo

SE EXTRAVIÓ LA DECENCIA

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Belén González@mbelengg

Vivimos en una sociedad de moral distraída, maleable en función de las circunstancias o conveniencias; seguramente por eso un individuo honrado, respetuoso, honesto, confiable, leal y correcto, es difícil de encontrar, e incluso para los más ortodoxos, una especie en peligro de extensión. La razón es que quien cuente con tales cualidades está considerado, más allá de lo abstracto del concepto, una persona decente.

 … en la construcción de un posible futuro, trabaja un liderazgo de oposición que incluye varias manzanas podridas.

La palabra decencia deriva del término latín “decentia” con el que se determina un actuar íntegro, adverso a la mentira y la corrupción; siendo por tanto, desde el principio de los tiempos, el referente de calidad en el comportamiento de un individuo. En consecuencia, la gente decente es aquella que vive en función a sólidos cimientos que lo inspiran a ser prudente y a comportarse dignamente, entendiendo sus deberes y derechos para con los demás y para con las normas establecidas.

Una persona decente, no es necesariamente impoluta, porque todos cometemos errores, pero en definitiva éste es un valor que no puede asumirse como un asunto relativo, porque no basta definirse como decente para serlo, si en la práctica nos manejamos entre intenciones ocultas, propiciamos la caída de otros para surgir, omitimos o disfrazamos la verdad, o si nos quedamos con lo que no nos pertenece.

… la honestidad, premisa máxima para el ejercicio de gobierno, no es precisamente la piedra angular en el comportamiento de una casta política criolla,que actúa en función a posturas demagógicas y manejos oscuros.

En Venezuela, hablar de decencia puede resultar riesgoso en muchos escenarios, en especial en el ejercicio de la política. Si bien sería un error afirmar que todo político actúa alejado de la decencia, está claro que la honestidad, premisa máxima para el ejercicio de gobierno en palabras del mismísimo Simón Bolívar, no es precisamente la piedra angular en el comportamiento de una casta política criolla que actúa en función a posturas demagógicas y manejos oscuros.

Da la impresión de que la decencia se ha extraviado y de que son pocos los interesados en recuperarla, seguramente seducidos por esa moral laxa que caracteriza los nuevos tiempos. En este pozo caen griegos y troyanos, aunque ciertamente estos últimos han demostrado un especial talento para convertirse por mérito propio en indecentes, un calificativo que va mucho más allá del simple prefijo, porque define a la persona convertida en delincuente; hecho nada extraño o sorprendente considerando que uno de los más grandes logros del chavismo ha sido la prostitución del individuo.

Son precisamente estos indecentes quienes han hecho de la corrupción, la mentira, la sinvergüenzura, el tráfico de influencias, la asignación a dedo de contratos públicos, el abuso de poder, del robo y hasta del asesinato, una norma. No sólo desdeñan la decencia, sino que actúan de forma inmoral y cínica. Ejemplos tenemos por doquier, militares dedicados al tráfico de drogas con la abierta complicidad del gobierno chavista, torturadores de oficio, y confesos radicales de la “revolución bolivariana”.

… uno de los más grandes logros del chavismo ha sido la prostitución del individuo.

Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que dictan sentencias absurdas para obedecer a los intereses de la élite del régimen, y que además, irrespetan la dignidad de su posición, al reunirse ataviados formalmente para gritar abiertamente y con absoluto desparpajo consignas chavistas dejando claro que lo importante en su ejercicio no es la consecución de la justicia, sino el servilismo.

La decencia en nuestro país está perdida por culpa de sindicalistas que dejaron de representar a los trabajadores para obedecer ciegamente a un Estado-patrono que ha llevado el país a la ruina, y que tiene a la mayoría de los venezolanos viviendo en la miseria. Así como de esos maestros y profesores que usan escuelas públicas y universidades piratas como centros de adoctrinamiento de una pseudocorriente ideológica absurda y distorsionada que beneficia a una minoría en detrimento de la mayoría, que cercena libertades, que vulnera los derechos y no cumple con sus deberes.

Los venezolanos, y hablo en plural porque esa es una responsabilidad compartida, hemos dejado nuestro país en manos de unos populistas indecentes, eso es una desgracia, pero en este momento, lo más peligroso es que en la construcción de un posible futuro, trabaja un liderazgo de oposición que incluye varias manzanas podridas, figuras con reconocido rabo de paja que cercenan la esperanza. Hay quienes afirman que todos tenemos derecho a rectificar, eso no se discute, pero debemos insistir hasta en cansancio en el hecho de que para llevar las riendas de una casa, de una empresa, y en especial de un país, la premisa fundamental tiene que ser la decencia, que, en nuestro caso, ojalá no esté extraviada para siempre.

No es tolerable que el imperio de la indecencia domine en la política”
Emilio Lledó

IRÓNICO: ESTAMOS PERDIDOS

Niños-venezolanos

Dante Garnique / @dantegarnique

Antes de desaparecer de la escena, Anunaki gira sobre sí mismo y mirando directamente a la cámara dice: No podréis recuperar el amor que os he arrebatado.¿Quién se encargará de dibujar sonrisas nuevamente en los rostros de niños desnutridos y sin educación? ¿Cómo recuperar la cordialidad, el saludo fresco de la mañana en la vía pública o cualquier antesala?

Lo absurdo encuentra terreno con frecuencia. Llegar en bañador a una entrevista para el cargo de maestra; trajearse de esmoquin si el puesto es de salvavidas en un club náutico. El uso de la Burka un tema de debate, por lo que significa para algunas sociedades insertas en otras donde su uso no significa nada. Un par de insectos que vuelan en una danza incomprensible a primera vista, aves que escudriñan con sus picos el suelo, mientras se rodean entre sí, con movimientos sin ningún sentido aparente.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos.

Lo interesante, es que en todos esos “inexplicables”, está implícito un proceso de comunicación, en el que también se insertan interacciones casi imperceptibles como el intercambio de miradas entre el lactante y su madre, un apretón de manos o una mutua reverencia, la inclinación hacia el sol de esa pequeña planta dentro de la habitación. Se trata de un tramado de códigos, signos y símbolos que tienen siempre algo que decir.

Uno de estos códigos es el lenguaje, que evoluciona al mismo ritmo que el ser humano para adaptarse, por eso la comunicación entre las personas hace 400 años era tan diferente a la que establecemos hoy día, pues se ha hecho necesario encontrar nuevos significantes para nuevos significados. Pero nuestra capacidad va más allá del código lingüístico, hay otros códigos variables y polivalentes que buscan poner orden en el entramado de interrelaciones propias, de otros, entre otros y con otros, pero el asunto es por demás complejo. El mensaje, cuyo nivel más básico se concentra en el lenguaje hablado y escrito, viene empacado en un sinfín de envoltorios con el poder de alterar la codificación y decodificación del contenido.

Por ejemplo, las posturas corporales agregan contenido a una conversación entre dos personas, así como la indumentaria, los colores, el tono de voz, la mirada, el ritmo, las inflexiones. En una época, el púrpura, representaba la majestad; una toga la academia o magistratura; la heráldica, un cetro, una corona o una banda presidencial, el poder. Pero, las cosas cambian. Desde hace bastante tiempo (20 años aproximadamente) en Venezuela, la investidura de los más altos cargos de poder ha sido trastocada.

Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno

Hace 20 años, era difícil imaginarse a un diputado presentando una moción ante el foro asambleario, luciendo camisa con mangas cortas, mucho menos, haciendo uso de un lenguaje llano y ofensivo. Los términos: “La Bicha y La Moribunda”, sustituyeron al de “Constitución Nacional de la República”. Entre “La Dama” y “La vieja esa”, hay demasiadas diferencias aunque el personaje sea el mismo.

Ironico

Hay quienes hablan del Presidente Maduro, quienes hablan del usurpador venezolano y quienes se refieren a él como el dictador de Venezuela. El asunto no es meramente lingüístico, porque ahí subyacen las implicaciones del lenguaje en la conformación de ideas y cultura como elemento cohesionador o de disociación. Es un hecho que el desdén por la investidura y el uso de lenguaje vulgar en el caso venezolano, ha tenido como consecuencia un cambio en la relación ciudadano-Estado.

La política fue (antes de la dictadura Chávez-Maduro) para el venezolano común, una actividad digna. Los líderes políticos de las décadas de los 20’s y 50’s, contaban con el respeto de sus contemporáneos. Fueron esos líderes quienes escribieron la historia venezolana del siglo XX. De hecho, su acción política desembocó en un régimen de emergencia como respuesta a la acumulación de pequeñas fallas que no se corrigieron a tiempo: clientelismo político, populismo, inmediatismo, cortoplacismo, rentismo, provincianismo.

Venezuela abrió sus ojos al mundo y el mundo descubrió a Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX, por su riqueza petrolera. La internacionalización fue resultado de dos hechos fortuitos: el descubrimiento de los yacimientos petrolíferos más grandes del planeta, y al especial atractivo físico de los venezolanos resultado de una mezcla de genes que hace destacar nuestra raza. Pero además, nuestro comportamiento también capturó la atención de muchos. El concepto de amistad del venezolano es único en el mundo, y aunque pareciese irrelevante, esa peculiaridad, habla de nuestra idiosincrasia.

Nuestras relaciones económicas internacionales comenzaron con el intercambio de perlas por objetos carentes de valor comercial entre Caribes y europeos, cuando nadie imaginaba que la riqueza descubierta 500 años más tarde, sería mayor a la de Coche y Cubagua. A pesar de lo siglos, los términos del intercambio siguen dando de qué hablar, como en el caso del embargo de alrededor de 60 toneladas de oro venezolano por parte del gobierno alemán por incumplimiento de pago de compromisos adquiridos en 2016. Un pequeñísimo ejemplo.

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Ahora no son los colonizadores los que sacan provecho, la venta de otras tantas toneladas de oro a Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Dubai, de manera soslayada con intermediación de Uganda, nos da otra pista del tipo de “política monetaria” del narcogobierno, que trastoca todo el deber ser, porque la política es el núcleo de toda sociedad, desde antes de la escritura hasta hoy y lo seguirá siendo mañana; porque ella articula la convivencia, pero en Venezuela, lo del régimen no es la política.

Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX.

El cártel venezolano, es decir, el gobierno en ejercicio ha desarrollado su propio lenguaje “político” y ha redefinido el aparato de poder atendiendo a sus intereses, lo que ha generado en el ánimo colectivo una relación de desapego a la institucionalidad; por no decir una relación de desprecio. Ello implica un ejercicio del poder libre de tutela popular. El krátos venezolano no es, está huérfano de démos.

Lo que existe en Venezuela es un régimen cuyo nombre aún no ha sido escrito. Se trata de una combinación de banda delincuencial involucrada en el negocio internacional de las drogas; pero que se involucraría en cualquier otra empresa ilícita que considerase provechosa. Quizás esto tenga que ver con la procedencia social de la horda que gobierna. Las organizaciones delictivas se fortalecen porque respetan su propia institucionalidad. El narcoestado chavista conducido por Maduro no es ni de casualidad, una organización, es, como ya se dijo, una horda advenida al poder. Probablemente sea eso lo que la conduzca a su destrucción; su nula naturaleza. Su inconsistencia.

Esa es la verdadera razón por la que Venezuela no resurgirá tras la implementación de estrategias de rescate, ya que al parecer, o no hay quien quiera proponerlas o no hay nadie capaz de hacerlo. Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX. El Chavemadurismo naufragará en su propio mar de estiércol.

El Cártel criollo es sólo un puente útil para la mafia internacional. Los mafiosos venezolanos son guapetones de barrio con poder. Lumpen político. Gente que llegó a donde está, por un accidente de la historia, quienes una vez encumbrados, recibieron apoyo de las mafias transnacionales de la política y el narcotráfico. Esa casta vandálica se deja utilizar a cambio de unas migajas del negocio de estupefacientes. Esto nos da otra idea de la “ideología” del régimen.

Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo.

Así que la propuesta de realizar elecciones en Venezuela solo obedece a una de las siguientes razones: Se es cómplice de la dictadura; se desconoce el problema; se conoce el problema pero se ignora porque produce beneficios; o finalmente no existe el problema. Lo cierto es que la transición venezolana no es institucional, sino cultural. No se trata de cambiar un gobierno por otro, sino de reconstruir las instituciones, la idiosincrasia, la identidad nacional, sin tomar esto en cuenta una la propuesta electoral pierde sentido.

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Estamos en la era de la revolución digital y el mundo de los valores está siendo reseteado, estamos en proceso de reprogramación. Izquierda, derecha, comunismo, socialismo, democracia, nación, Estado, familia, son todos conceptos sometidos a revisión y actualización. Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno.

Veámoslo desde una perspectiva postmodernista: el New Age. Los seres humamos proyectamos lo que pensamos, las energías deben ser canalizadas apropiadamente, tenemos que enriquecer nuestro mundo interior. Toda crisis es una oportunidad, hay que ver el lado positivo de las cosas. En consecuencia, el universo nos está dando la oportunidad de replantear el concepto de gobierno. Colocarnos a la diestra histórica de Atenas.

Los más escépticos, pueden ver el asunto desde otro punto de vista. Quizás la solución al problema venezolano no se ha encontrado, porque está siendo abordado a partir de una falsa premisa, quizás en Venezuela no exista ningún problema ni nada que reparar, quizás con un llamado a elecciones todo se resuelve. Quizás la venta de oro haya sido la decisión económica más acertada del “conductor” del régimen. Quizás los tres millones y medio de venezolanos que han salido del país, lo han hecho bajo los auspicios de George Soros, y quizás los índices de desnutrición, prostitución infantil y deserción escolar, son producto de una guerra mediática. Irónico. Absurdo.

Es posible que tras nuevas elecciones en Venezuela, toda duda sobre la viabilidad de la democracia desaparezca. Quizás, tras nuevas elecciones, resurja la empresa petrolera más poderosa del planeta, y los Guerreros del teclado, que viven privilegiadamente en el exilio, cual Avengers, o GOT, dando lecciones de “Real Politik” muy necesarias para comprender lo que sucede en Venezuela, descubran que todo es una cyber ilusión.

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Probablemente, después de las elecciones, sea conveniente convocar a una consulta popular para revisar la Constitución y entonces ajustar, entre muchas otras cosas, los períodos presidenciales, para que así, dentro de cuatro o cinco años, dependiendo de la nueva reforma, se pueda convocar a nuevas elecciones, ajustadas a la nueva constitución. En el ínterin, Venezuela se habría procurado el lugar que le corresponde en el siglo XXI. Sí, sería cuestión de uno o a lo sumo, dos períodos presidenciales el tiempo requerido para sacar al país del laberinto en el que se encuentra.

Definitivamente, esta es la solución a los problemas de Venezuela: elecciones periódicas. Campañas electorales, candidatos abrazando niños y ancianos. Esperanza, mucha esperanza y mucha fe. Lo más importante ya se ha logrado: demostrarle a la comunidad internacional que no se requiere de ayudas externas.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos. Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo. Si a los Estados Unidos se le ocurre interesarse por comprender por qué hay tanto ruido en la encrucijada de América, Stanley Kubrick, se lo podría explicar.

En Venezuela ya no vuelan mariposas amarillas. Ya no quedan más jardines. Ya no se escuchan risotadas en los parques. ¿Qué es un parque? ¿Qué es un niño feliz? ¿Dónde vive la inocencia? Hace tiempo ya la gente no se saluda con gentileza, ni siquiera se saluda. Se nos rompió el amor y nadie parece darse cuenta, sólo los anunakis.

Lunes 22.06.2019
A Nicole Mary Kidman.