COSAS QUE ME ASOMBRAN

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Dante Garnique / @dantegarnique

Últimamente he descubierto que pese a mis ya bastantes años de vida, sigo encontrando cosas que me asombran.

Encender un bombillo y darme cuenta de que desde hace tres años, de forma increíble y asombrosamente ininterrumpida, funciona el servicio eléctrico, no me deja salir de mi asombro.

Necesitar agua del grifo de la cocina, del lavamanos, del jardín o de cualquier otro lugar de la casa y obtenerla con sólo girar una manilla; casi me produce un múltiple schock emocional, del cual todavía no me recuperaba, cuando me enteré de que esa agua era potable, casi no sobrevivo para contarlo. Afortunadamente estoy aquí, sobreviví a todo eso para dar testimonio.

…Me sentí importante, me sentí como los artistas sobre“La Alfombra Roja”, me sentí como un ciudadano….

En este mundo que parece de fantasía, entré una vez a una tienda de perfumes y pude probarme varios. En las estanterías había, de cada firma, una muestra dispuesta para tal fin. Pero no sólo eso, lo que estuvo a un paso de matarme del susto fue cuando me di cuenta de que había recorrido ya más de la mitad del establecimiento probándome fragancias y ningún gendarme insinuó que yo hubiese podido haberme robado algo escondiéndolo en mi mochila. Ni me revisaron ni me miraron como si fuese sospechoso de algo. Me sentí importante, me sentí como los artistas sobre “La Alfombra Roja”, me sentí como un ciudadano.

Después de experimentar aquella sensación de respeto, aturdido todavía, salí del establecimiento, muy oloroso, por cierto y vi un puesto de periódicos, no lo podía creer, ¡había periódicos! al menos tres o cuatro diferentes y tenían información, sobre la que cada quien pudiese tener interés. Y la publicidad impresa, venía encartada dentro de cada ejemplar, no estaba inserta dentro de los textos. Algo verdaderamente sorprendente. Prensa regional, nacional, internacional, los temas más locos que se pueda alguien imaginar, cultura, gastronomía, política, viajes, etc.

Quizás una de las cosas más impactante de este mundo, es esa serenidad que se puede vivir con frecuencia. Aquí es posible caminar por calles y aceras sin temor a caer en un hueco o romperse una pierna y aunque piensen que estoy loco de atar, se puede hacer uso, de manera confiada y distraída, de aparatos electrónicos en lugares públicos como cafeterías, parques, plazas o bulevares.

Celulares, laptops y tablets, se pueden usar en autobuses, o en la calle. Y además, hay lugares públicos para el esparcimiento, donde las personas pueden disfrutar de una taza de café o un refresco, en una pequeña mesa al aire libre o fumarse un cigarrillo y colocar sus pertenencias sobre una silla con la mayor tranquilidad del mundo.

…Pero lo de los supermercados y carnicerías es algo así como el clímax de la película, ¡hay cosas que comprar!…

Hay pastelerías y panaderías y en todas, pero en todas, hay pan y se puede comprar a precios accesibles y sin hacer cola. ¡También hay galletas, helados y dulces! No miento.

Pero lo de los supermercados y carnicerías es algo así como el clímax de la película, ¡hay cosas que comprar! y por menos dinero que se tenga en los bolsillos, siempre es posible llevar algo a casa. Marcas distintas de leche, mantequillas y margarinas. Productos lácteos, como yogurts, quesos y cremas. Artículos para la higiene personal y de limpieza para el hogar o el auto. Se consiguen carnes y embutidos, confitería, ollas o artículos de cocina, helados, harina precocida de maíz. ¡Las cosas más disparatadas!

Otra cosa increíble, se puede hacer una solicitud de conexión a Internet junto con servicio telefónico y TV por cable, todo en una misma oficina en menos de veinte minutos y la instalación del servicio no suele tardar más de tres semanas.

Obtener una cuenta bancaria es de lo más absurdo que he visto. Se acerca uno a la oficina de cualquier banco, expone su requerimiento ante un funcionario que le mira a uno a los ojos y le habla con educación, y de este modo, se adquiere una cita para el siguiente día, si no es fin de semana. A las 24 horas regresa uno al banco y a los treinta minutos se tiene una cuenta bancaria y una tarjeta electrónica activada.

… las escuelas y empresas funcionan durante todo el año, lo mismo que las universidades y el transporte público….

Ante una emergencia médica, se toma el teléfono o el celular, se marcan tres dígitos y a los quince minutos, máximo, llega un paramédico a la casa.

Lo siguiente sí es verdad que cuesta creer, las escuelas y empresas funcionan durante todo el año, lo mismo que las universidades y el transporte público. Los trabajadores tienen solamente veinte días libres al año, eso sí que es duro, y los niños tienen seis semanas de vacaciones escolares, durante la época más cálida y soleada.

Sí, hay escuelas y funcionan, hay universidades y funcionan. El transporte público, también lo hace y existen lugares específicos demarcados que se llaman paradas y sirven para abordar y descender de las unidades, que llegan en forma asombrosamente puntual y no se detienen en otro sitio distinto al demarcado para ello; y para completar hay silencio en el interior de cada carro de transporte, no hay personas amontonadas y no hay que gritarle al conductor para que se detenga, sólo hay que pulsar un botón.

En esta tierra lejana, es posible conseguir empleo y es posible, con el ahorro de un año, adquirir un automóvil o viajar al exterior. Se puede, con el dinero de un empleo estable, pagar la renta, sin angustias. Se puede ir a una farmacia y adquirir medicamentos. Se puede ir al cine. Se puede pensar en el futuro.

… De todas las cosas que más me asombran quizás, que mis compatriotas no me creen, sea la más insólita…

Como me gustaría que mis amigos me creyeran que aquí se puede comer y que es posible hacerlo hasta tres veces al día, como la gente multimillonaria. Y los domingos cuando el tiempo es más largo se puede hacer con más frecuencia, y por cada bocado que se saborea o por cada miga que inevitablemente cae al suelo para desperdiciarse, piensa uno en su mamá. ¿Qué habrá comido ella? ¿Cuándo habrá probado por última vez algo de carne o del queso guayanés que tanto le gusta?

De todas las cosas que más me asombran quizás, que mis compatriotas no me creen, sea la más insólita. Cuando intento contarles que es posible vivir, me acusan.

Me acusan de estar exiliado, con lujos y comodidades. Me culpan de lo que pasa en Venezuela y si les expreso mi sentimiento de dolor y de extrañeza ante su actitud frente a La Dictadura, lo toman como una burla de mi parte.

Me asombra que haya personas que no se convenzan todavía de que El dictador colombiano de Venezuela es un asesino al servicio de las mafias internacionales. Me asombra la indiferencia ante tanta miseria y prostitución infantil. Me asombra la hipocresía de países hermanos. Me asombran veinte años de dictadura y tanta enajenación y mansedumbre impunemente inducido a punta de hambre.

Lunes 21.10.2019

A quienes todavía se preguntan, sí Maduro es colombiano o asesino.

TABULA RASA

Tabula 1
Dante Garnique / @dantegarnique
Todo pasa de moda.
Nos enseñan que actuamos correctamente porque lo hacemos ajustados a ciertas creencias. Pero las creencias caducan.
Hace unos 25 años, el concepto de familia era muy distinto al de hoy. Todo empezó a cambiar cuando parejas homoparentales comenzaron a exigir el derecho a obtener reconocimiento legal como marido y marido, o esposa y esposa con la posibilidad legal de adoptar.
Las religiones en la actualidad se tambalean ante la irrupción en escena de anunakis, reptilianos, textos apócrifos y mensajeros recientemente contactados, etc.
La posibilidad de que la historia (y por ende, el tiempo) se haya terminado, ha sido planteada y discutida recientemente en círculos intelectuales. Los líderes mundiales de las más progresistas luchas universalmente reconocidas, no llegan a los 18 años de edad. Todo cambia, todo pasa de moda. Somos Tabula Rasa.
Recientemente leí en rosado, uno de esos mensajitos en rosado, con pétalos de rosas rosadas cayendo (animación de Facebook) algo así como: “Si alguien te ama con locura, te trae rosas cada mes y te brinda su apoyo incondicional, ¡mantente alerta!”. Es como si de repente, ya todos hubiésemos dejado de ser personas para convertirnos en militantes.
…Los líderes mundiales de las más progresistas luchas
universalmente reconocidas, no llegan a los 18 años de edad…
De repente descubrimos, por ejemplo, que la leche es uno de los venenos más poderosos a los que estamos expuestos en este mundo moderno. Entonces, vamos todos contra la leche y aparecen la leche de soya, la leche de almendras, la de avena, pero vamos todos en contra de la leche, la normalita, la de vaca, la de “toda la vida”, esa vida cuyos valores creíamos eternos e inalterables hasta que alguien nos abrió los ojos ante el peligro de la leche, que ahora hemos descubierto es un peligrosísimo veneno.
Descubrimos también, que el azúcar es todavía más venenosa que la leche; entonces comienza la campaña en contra del azúcar y cuanto edulcorante existe. Dudamos hasta de las bondades de la miel, porque hay que estar seguros, antes de consumirla, de a qué hora polinizaron las abejitas o en qué dirección volaban, porque si lo hacían hacia la izquierda, ya todos sabemos lo que eso significa. A lo mejor, la miel es de mejor calidad si los insectos volaban hacia la derecha, pensarán algunos militantes pero también es posible que las mosquitas volasen en el sentido de las agujas del reloj o al contrario, y cada caso hay que analizarlo a profundidad, porque en cada situación, el efecto de la miel sobre el ser humano, adquiere una determinada connotación.
La militancia ambientalista es muy probablemente, la secta más poderosa que existe en la actualidad, la que más de moda está, y la que más reclutas tiene. Está de moda, por ejemplo ser intolerante al gluten.
…Pero lo más triste de esta era de la militancia, de la afiliación,
de esta tabula rasa, es la deshumanización…
Ahora los niños no pueden ir solos al chiringuín de la esquina a por una galleta, sin haber realizado antes un doctorado en nutrición que le permita comprender, medir y realizar cálculos estadísticos sobre el contenido de lípidos y glúcidos del churrito que le apetece, para poder decidir cuál comprar y comérselo sin poner en riesgo su salud.
Pero lo más triste de esta era de la militancia, de la afiliación, de esta tabula rasa, es la deshumanización. Somos antes que nada, miembros, integrantes milicos, ya no somos niños o mujeres, tampoco compañeros, ni si quiera amiguitos, esos conceptos están pasados de moda. Si el tipo es demasiado bueno, sospecha de él; si la muchacha se parece demasiado a la perfección, puede ser muy peligrosa, ¡alerta!
¿Qué le puedo decir yo a mi hijo de ocho años, cuando me habla de los Pérez? Los Pérez son la familia de su amiguito Julio, que tiene dos papás. ¿Tendría que decirle que ellos no son una familia? ¿Ni tampoco la de Andrés, que tiene dos mamás? Ellos caminan hacia el futuro con sus nuevos conceptos, y yo me quedo cada vez más en el pasado con mi cartilla “SILABARIO” con la que aprendí que la familia estaba constituida por un Papá, una Mamá y unos hijitos. O educo a un niño para que comprenda y aprenda a vivir en su entorno, o formo a un militante, un defensor de los valores familiares del siglo pasado. ¿Qué me aconsejan? ¿Amo o sospecho? ¿Vivo o milito?
Martes, 22.10.2019

ME REPUGNA LA DOBLE MORAL

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Belén González  / @mbelengg

No sé cómo describir lo que significa el bizarro anuncio de que el régimen del dictador venezolano Nicolás Maduro logró adjudicarse un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Una lista de términos como burla, afrenta, tragedia, incoherencia, estafa, ironía, ultraje, insulto, vejación, vergüenza, ignominia, y muchos otros, no bastan.

La razón es simple, para quien quiera ver las cosas desde la perspectiva del deber ser. Un organismo creado para fortalecer la promoción y protección de los derechos humanos en todo el mundo y hacer frente a la violación de tales derechos, traiciona sus propios ideales al aceptar la participación directa de un régimen que, según el informe presentado por la propia Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachellet, es responsable de casi siete mil ejecuciones extrajudiciales y de una sistemática represión contra sus adversarios políticos.

… un régimen que busca a toda costa legitimarse ante el mundo y evitar controles para seguir reprimiendo a placer.

Cualquiera con tres dedos de frente, como diría mi abuela, tiene que preguntarse con qué moral puede ocupar esa silla un dictador confeso, reconocido internacionalmente, responsable de la migración forzada más grande de venezolanos en toda la historia del país, que miente descaradamente sobre la situación fronteras adentro, y que encarcela a cualquiera que se atreve a exigir democracia y libertad.

Quién puede llegar a creer que el régimen venezolano se ocupa de respetar y aplicar normas para la promoción y protección de los derechos humanos. Cualquiera que considera que existe una mínima posibilidad de que eso suceda, es ignorante de la realidad de mi país, tiene problemas mentales o definitivamente vive en un espacio dominado por una doble moral que, sinceramente, apesta. 

El régimen de Maduro tiene ese asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU porque lo negoció, como es habitual de forma oscura, con sus aliados del Movimiento de Países No Alineados, conformado por 120 naciones de Asia y África principalmente, quienes en julio de este año, reunidos en la capital venezolana, acordaron respaldar las candidaturas de Indonesia, Irak, Libia, Sudán y Venezuela en la ONU.

Un proceso en el que, por cierto, Latinoamérica votaba casi en bloque por Costa Rica. Lástima que tal medición de fuerzas sólo sirvió para demostrar que las instituciones terminan cayendo en el juego de los intereses políticos. En este caso, a favor de un régimen que busca a toda costa legitimarse ante el mundo y evitar controles para seguir reprimiendo a placer.

Para Venezuela esto es una nueva tragedia, que se asume ante el desconcierto y el asombro el hecho de que la institución llamada a defender nuestros derechos como seres humanos permitiera que una normativa electoral maleable nos golpeara con tal fuerza, haciéndonos sentir una vez más humillados y desprotegidos. Pero las malas decisiones siempre tienen consecuencias.

No me extrañaría que, este Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que vino a sustituir a una Comisión de Derechos Humanos sumida en una crisis de legitimidad tras 60 años de ejercicio entre decisiones parciales, politizadas y desequilibradas, termine igual o peor que su antecesora, y todo por culpa de su aparente moral distraída.

 

HAMBRE Y DIÁLOGO, A LA VEZ

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

¿Qué tienen en común las palabras hambre y  diálogo? Depende del contexto, es evidente que le podemos encontrar sentido y pertinencia. Hay gente, que si tiene hambre no dialoga; se pone de mal humor. Hay otros que les da por dialogar para olvidarse del sonido de las tripas. Otros extremistas, descorazonados que, habiendo comido, se olvidan de los que no y les da por dialogar y dialogar, paja de la buena.

…como en todas las sociedades, o en la mayoría, para muchos la vida continúa, con hambre propia, alrededor o sin ella. La gente sigue yendo a la escuela, al trabajo; la gente se casa, y tiene hijos, es normal.

Lo que ocurre en Venezuela es a veces por demás asombroso. Pero que quede claro que no se trata de dos o tres realidades, es una sola, sólo que con distintos matices. Entonces, como el cualquier sociedad, hay gente que no come de forma habitual, otros que botan comida a la basura (sin ser un restaurante), sin darle mayor valor. También los que despilfarran, los que son bondadosos y comparten de su plato o lonchera, y los que ven en un contenedor una mina para abastecerse. Todo ocurre simultáneamente en un mismo país.

Éramos hace unos años, una sociedad medianamente común, en la que el porcentaje de personas con acceso a alimentación de la buena, era aceptable. Sin embargo, como en todas las sociedades, o en la mayoría, para muchos la vida continúa, con hambre propia, alrededor o sin ella. La gente sigue yendo a la escuela, al trabajo; la gente se casa con todos los lujos posibles (hasta en tiempos de guerras ocurre esto), y tiene hijos, es normal. Para la gente, digamos, común, es normal. Lo que no encuentro lógico, normal o admisible, es que aquellos que han sido elegidos para conducir el destino de un país,  ávida cuenta de que comen y muy bien, de que comen y beben licores añejados, y viajan campantes y sonantes por el mundo; tomen como excusa diálogos y chácharas para definir cuándo van a volver a comer decentemente los demás habitantes de su país, el pueblo. A ese al que indignamente representan.

No es a los que se casan, o a los que van al cine, o a los que se dan un chapuzón en la playa a quienes se debe criticar, juzgar o señalar, después de todo, algún mecanismo debe inventarse la gente para pasarse el suiche de la ya desgastada y cada vez más disminuida probabilidad de vida. No es con quien anda inventando estrategias de subsistencia con quien se deben gastar los cartuchos de la ira y del desprecio, sino con estos indeseables politiqueros que abierta y descaradamente continúan jugando con el ciudadano venezolano. 

Usted tiene derecho “a creer o no creer, he ahí el dilema”. Pero si por creer, se reportencian los pseudo diálogos al mismo tiempo que su hambre, ese es realmente un problema de todos. Ahora bien, se entiende que la mayoría del país, de los ciudadanos que nada tenemos que ver con política nacional o internacional, desea una salida democrática porque ya estamos hartos de sangre y muertes inocentes. Sin embargo, mientras se piensa en la pacificación, van cayendo como piezas de dominó, niños desnutridos, jóvenes famélicos, y adultos y ancianos anclados en la tabla de restar…Todos son víctimas.

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No obstante, seamos incluso más honestos y realistas. Esto no es nuevo, la diferencia es que se le notan más las costuras. En septiembre de 2016, pese a las enormes protestas protagonizadas a las afuera de la sede donde se dio lugar a la Cumbre de Mnoal (Movimiento de Países No Alineados), para lo cual dispusieron de 14 mil funcionarios policiales (seguramente también víctimas del hambre y el engaño político), la fiesta no paró. Y así, Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y cuanta cumbre o reunión de mesa de diálogo se les ocurre o se inventan, todas teniendo como escenario el hambreado suelo venezolano, o fuera de él. Las víctimas son las mismas siempre.

No es con quien anda inventando estrategias de subsistencia con quien se deben gastar los cartuchos de la ira y del desprecio, sino con estos indeseables politiqueros…

No imagina uno estas reuniones de altos mandatarios, representantes diplomáticos y afines recibiendo un lunch tipo avión, y en la tapa superior el sello Clap como patrocinio, emblemática representación del hambre y del insultante descaro del Comité Local de Abastecimiento y Producción, que no abastece ni produce nada que no sea indignación. Que sería un detalle de lujo para que sepan lo que es bueno. Receta de su propia medicina, dirían los entendidos. 

Seguramente, en plena reunión se iría la luz y la planta eléctrica no funcionaría, porque los encargados de buscar el combustible aún están en la cola. Además, qué es eso de agua mineral o potable, vamos, beban de la purificada que proviene del Guaire, como lo prometió Chávez en 2005, con sancocho incluído.

Diálogos en Noruega, Barbados y a puerta cerrada en cualquier lugar secreto, so pretexto de encontrar una salida “democrática” a la crisis venezolana, no encierran más que intereses políticos -peor aún de carácter personal-, que sólo han dilatado el hueco en el estómago de millones de venezolanos. La mesa de diálogo es una careta, una mesa cuyas patas han dado al traste en nuestras narices, una y otra vez; una mesa que se cae solita frente a tanto bate quebrao y criminal disfrazado de político. Los propios macarras de cuello blanco cuyo tiempo y protagonismo expiró.

Entre tanto, uno se despierta en zozobra, con estupor pensando cuándo fue la última vez que -mientras estos desalmados del régimen y la oposición al pueblo siguen dialogando-, el ciudadano común se sentó en una mesa para llenarse el estómago con algo más que promesas y falsas esperanzas.

A MADURO HAY QUE MATARLO

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Dante Garnique / @dantegarnique

La guerra en Venezuela es psicológica, así las cosas; las ideas son balas. En Venezuela no corre la sangre, como en Irak o Afganistán; pero el número de muertos por causa de la dictadura criolla es equiparable. A Maduro hay que matarlo, esa es la única salida para acabar con la dictadura más despiadada del mundo moderno. Vino nuevo en odres viejos, no funciona.

Cada vez que llega a la mesa de debates de los especialistas el caso venezolano, las herramientas teóricas se agotan. Si en algo parecen estar de acuerdo sociólogos, historiógrafos, uno que otro comunicador social, algunos politólogos y otros estudiosos de los hechos sociales, es en que el caso venezolano es inédito.

… el engendro tiene características inéditas, los mecanismos para su confrontación y posterior extinción, tendrán también que ser inéditos…

Cuando esa dictadura haya acabado, se estudiará como un caso único, pero para que eso ocurra, primero tiene que acabar. No se puede practicar autopsia mientras hay vida. En ese sentido, el problema actual para Venezuela y el mundo académico, es que el monstruo sigue vivo y mientras tanto, ningún estudio es concluyente.

Se puede hacer una de dos cosas: sentarse a esperar el cadáver. Mientras eso se decide, Venezuela vive a merced de los caprichos del engendro.

Observando el caso venezolano, pareciera haber indicios de algún interés por darle un giro al modelo actual de toma de decisiones. Esa propuesta, encuentra, como es de suponerse, resistencia por parte del sistema. Ante la posibilidad de cualquier amenaza, el sistema activa sus propios mecanismos de defensa.

Los mecanismos de defensa del régimen venezolano involucran no sólo instancias gubernamentales, sectores oficialistas y toda la estructura estatal, sino también, sectores civiles y organizaciones sociales permeados ideológicamente por el régimen. La dictadura encuentra apoyos en: partidos políticos, algunos sectores de la iglesia y del ejército, gremios profesionales, ONG’s y una larga lista de actores de tendencia tanto oficialista como opositora.

Esos mecanismos de defensa del sistema, para el momento de la redacción del presente escrito, se manifiestan en su forma más recurrente, el llamado a elecciones. Ese es el tentáculo más fuerte del sistema represor venezolano.

… las elecciones son la garantía de la sobrevivencia del engendro dominante.

Habiendo aceptado que el engendro tiene características inéditas, los mecanismos para su confrontación y posterior extinción, tendrán también que ser inéditos; puesto que para su mordedura, no se tiene aún antídoto alguno.

¿Votar o no votar?, el falso problema. En el imaginario social contemporáneo, el voto ocupa un lugar privilegiado. En el subconsciente judeocristiano está arraigada la creencia popular de que las elecciones y las democracias son sagradas; una especie de Big Bang del orden social.

En el caso venezolano, en este momento, las elecciones son la garantía de la sobrevivencia del engendro dominante, ese es el punto que hay que atacar. Esa es la trampa que más se encuentra en el camino hacia la solución del dilema venezolano.

El régimen y sus congéneres se valen de antiguas creencias populares para seguir asegurándose el control absoluto en el ejercicio del poder. De esta manera, las fuerzas sociales organizadas en torno al poder y las que para lograr la simpatía de vastos sectores sociales, se hacen llamar opositoras, son copartícipes de mecanismos que fortalecen a la dictadura.

El llamado a elecciones en Venezuela, en este momento, es la estrategia más favorable para la consolidación del régimen autoritario. El desarrollo político de los últimos 70 años en Venezuela ha desembocado en una crisis de gobernabilidad inconmensurable. Muchas de las actuaciones de los autodenominados sectores de “oposición” se asemejan más a las actuaciones del oficialismo que a las actuaciones de quien quiere ofrecer alternativas de cambio en Venezuela.

Las relaciones existentes entre el régimen y la mayoría de los sectores políticos que se dan a conocer públicamente como opositores, se asemejan más a una relación simbiótica que a una relación antagónica.

… se hacen llamar opositoras, son copartícipes de mecanismos que fortalecen a la dictadura.

¿Quién es quién en Venezuela? La MUD no es la oposición, los chavistas no son el gobierno. La Dictadura aunque mucho se parezca, no es el fascismo; ya los historiógrafos, politólogos, psicólogos sociales, sociólogos y antropólogos sociales le asignarán la debida nomenclatura, llegará el momento.

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La MUD es parte del actual régimen, Maduro no es un individuo, es la encarnación del régimen de torturas en Venezuela. Los presos políticos no son la sociedad venezolana, son la materialización de la represión. Los niños que se mueren en los hospitales venezolanos no son el problema, las parturientas sangrando de hospital en hospital con la única esperanza de que ocurra un milagro para salvar su vida y la de su hijo por nacer, no son el problema. El problema es la existencia de ese régimen perverso.

Es inútil perder el tiempo en campañas para salvar a los niños o a las parturientas, o conseguir la libertad de los presos políticos. PDVSA ya se perdió, los bancos son problema de sus dueños, que si le quitan 20 ceros a la moneda, que si hay que votar o no, puro circo para el pueblo. El único objetivo en esta guerra es MATAR A MADURO, no al individuo, sino a lo que ese nombre representa para la actualidad venezolana.

Si se hacen elecciones y gana Maduro, se seguirán muriendo los muchachitos y las parturientas; también los presos políticos y el régimen continuará con los asesinatos sistemáticos a estudiantes, PDVSA no será recuperada y el Dólar valdrá un millón de bolivaritos o de maduritos. Pero si en cambio, si las elecciones las gana otro que no sea Maduro, entonces sí, se seguirán muriendo los muchachitos y las parturientas; también los presos políticos y el régimen continuará con los asesinatos sistemáticos a estudiantes, PDVSA no será recuperada y el Dólar valdrá un millón de bolivaritos o de maduritos. No es un pleonasmo.

La claridad de objetivos en una guerra es fundamental, pero no lo único necesario para ir sumando batallas exitosas. Sin objetivos claros, el triunfo es incierto; pero también lo es si no hay estrategia.

Por eso al régimen le interesa tanto las campañas en defensa de los muchachitos que se mueren en los hospitales y los deja morir, así como a las parturientas. Impide la entrada de alimentos al País, obstruye cualquier tipo de ayuda humanitaria, publica en Gaceta Oficial el cierre de PDVSA, llama a elecciones, cierra bancos, le cambia el nombre a la moneda y los colores a la bandera, etc, etc, etc; todo, para desviar la atención del objetivo central, porque ese es su objetivo, distraer y permanecer.

Con cierta recurrencia se cuestiona la nacionalidad del dictador. ¿A quién en Venezuela le interesa realmente la nacionalidad del dictador? El único objetivo sobre el cual se deben volcar todos los esfuerzos es sacarlo del poder y acaba con la dictadura.

Al caso venezolano podría llamársele Maduro, habida cuenta, que hay un individuo que así se hace llamar y que desempeña el papel de mandadero en un régimen urdido por mercenarios del poder que conciben la política como una empresa muy rentable. Pero eso tampoco importa, lo que importa es ponerle fin a la situación anómala.

Acabar con el actual régimen es el único objetivo de la guerra que se libra en Venezuela. Es hacia allá que se debe apuntar, hacia el payaso danzarín, después, si quieren, que le pongan polka o danzones o que lo vistan a rayas, eso, es lo de menos.

Miércoles, 16 de Mayo, 2018

EL PÁJARO AZUL

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Dante Garnique / @dantegarnique

¿A quién le importa Venezuela?

A los venezolanos.

Para el resto del mundo, somos una anécdota.

Venezuela ya no existe, Venezuela es un recuerdo, una pérdida, una ausencia. Porque aunque regresemos, ya no será al mismo lugar y la gente aunque sea la misma, ya no se reconocerá, porque será otra.

Ya los mangos y las guayabas no serán tan dulces. Los mangos de antes sabían a tarde libre, a merienda, a complicidad infantil; los mangos de ahora saben a carencia, saben a miseria. El pan más dulce del país dejó de ser lo que era, para convertirse en un símbolo. Una arepa con mantequilla ya no es la primera boronita de comida que una mamá venezolana le da a su hijo, ahora es un emblema, un bastión de gentes en el exilio.

Hablar de lo crocante de una empanada rellena con carne mechada hecha con bastante ají dulce, chorreada con crema de ajo y cilantro, puede ser una falta de respeto para tanta gente con hambre.

Describir el placer que produce en el paladar del venezolano una chicharronada o una arepa frita con chicharrón o un sánduche de pernil de los de La Encrucijada, hoy puede ser desconsiderado para con quienes no saben con certeza, si les alcanza el dinero para comprar unos racionados gramos de pan.

Una arepa con mantequilla ya no es la primera boronita de comida que una mamá venezolana le da a su hijo, ahora es un emblema, un bastión de gentes en el exilio.

Venezuela ya no existe, lo que queda es un montón de gente con hambre, desesperada y desesperanzada, más de 30 millones; queda una dictadura y un gran vacío.  Ya no existe, yo sólo no soy Venezuela. Venezuela somos todos con una sola idea, una idea que por estos días no está clara, una idea que un día tuvimos y que hoy no se sabe dónde está.

Los amigos ya no son como antes, ahora te eliminan de las redes cuando prevalecen las diferencias. Antes había diferencias que se olvidaban los viernes por la tardecita. Ahora, cuando alguien se enferma en Venezuela, ya no se piensa en comprar frutas o flores, sino en iniciar una campaña de recolección.

¿Quién llora la muerte de la confianza, de esa que nos permitía convertirnos en el mejor amigo de alguien a los 20 minutos de haberlo conocido? ¿A quién le importa que ya no podamos andar contentos a las tres de la madrugada por el barrio sin temor a ser sorprendidos por el infortunio?

Venezuela ya no existe, lo que queda son historias, esperanzas, deseos, ni siquiera hay proyectos, ni siquiera hay acuerdos, ni siquiera una bandera, ni siquiera un escudo, ni siquiera una moneda.

Para quienes seguimos aquí, Venezuela es un supuesto, algo en lo que no se piensa, como no pensamos en la respiración ni en los latidos del corazón. Quienes estamos aquí no tenemos tiempo de pensar, estamos ocupados en no dejar de existir.  Venezuela no es ahora ni una remota posibilidad, no es un plan, es, si acaso, algún deseo.

Antes había diferencias que se olvidaban los viernes por la tardecita.

La Venezuela de quienes se van, no es la misma de la de quienes se han tenido que quedar, ni la misma de quienes regresan, ni la misma de quienes regresarán. Son “Venezuelas” distintas.

Venezuela ya no existe, Venezuela se perdió, se perdieron los mangos y las guayabas y los amigos chéveres y el cilantro y el ají dulce, y las caminatas de madrugada y las llegadas por sorpresa a comer en la casa de la abuela o a tomarse el cafecito. Y es que hasta la abuela se nos fue y ni nos dimos cuenta, Venezuela ya no existe, Venezuela se nos fue.

No sabemos cuándo pasó, pero pasó, probablemente fue cuando nos dimos cuenta de que ya no estábamos, que ya no éramos, que aunque seguíamos siendo, ya no éramos los mismos. Teníamos el mismo nombre, sí; los mismos recuerdos, sí; recordábamos a las mismas personas, sí. Pero ya nada de eso era lo que había sido, pero es que hay maneras de dejar de ser, siempre se deja de ser, al segundo siguiente; pero dejar de ser y dejar de estar al mismo tiempo, no es lo mismo; ni para quien no está, ni para quienes no están.

Viernes 15.06.2018

A tí, que ya no estás.

LEGADO MALDITO

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Belén González / @mbelengg
Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

De los 59 años que vivió, quizá no está expresamente definido el tiempo que dedicó a idear su malévolo plan, lo que sí nos ha quedado claro es el período de ejecución -radicalizado por su heredero-, así como las motivaciones (resentimiento y ansias de poder) que lo inspiraban y todas las herramientas (intimidación, crueldad, despotismo) que empleó para transformar a una nación próspera y con futuro en un guiñapo de país difícil de describir con palabras que no causen dolor, repudio y rencor. El passado 28 de julio sería su aniversario de vida, pero como lo que Hugo Chavez Frías dejó a su paso por Venezuela fue peor que un tsunami, una pandemia, un terremoto o una guerra, nadie que se respete puede celebrarlo.

Podríamos escribir una extensa enciclopedia acerca de lo que el chavismo-madurismo ha representado en sus 20 años de trágica permanencia en el poder. Sin embargo, intentaremos reducirlo todo a su nefasto legado de miseria, corrupción y vandalismo. Ese que construyó Chávez -un déspota que se vendió como el caudillo redentor, que acabaría con las mafias del pasado para refundar a Venezuela-, durante los 14 años que gobernó. Para ello, como es de suponerse, hay que comprender un poco el génesis de este trozo de la historia.

Chávez diseñó a su justa medida, una nueva Constitución y con ello, la modificación de un conjunto de leyes que le abonaron el terreno para lograr su objetivo primordial: perpetuarse en el poder…

Cuando Chávez llegó al poder en 1999, la pobreza en el país se ubicaba en el 46,8% y once años después (2010) había descendido hasta alcanzar un 27,8%. Una reducción producto de las políticas sociales aplicadas, gracias a los millones de dólares que entraron a las arcas del Estado procedente de una jugosa renta petrolera,  que devino de una reducción en la producción internacional, la cual aumentó considerablemente el precio del crudo, multiplicándose de manera vertiginosa. Con esta boyante bonanza desarrolló las misiones Robinson y Ribas, la primera para combatir el analfabetismo que según datos de la UNESCO, para el 2000 superaba el millón de personas; y la segunda con el propósito de incluir en el sistema educativo a todas aquellas personas que no habían podido culminar sus estudios de bachillerato. Podría entenderse como un enorme logro; pero no, el despilfarro, les pisó los talones al poco tiempo.

Además, toda “buena acción” que se establecía venía acompañada de una estrategia creada deliberadamente  para debilitar de forma progresiva las bases sociales, tal es el caso de la nueva Ley de Educación que promulgó de improviso, a todas luces ideologizante y excluyente.

A Chávez, también se le aplaude la unión alcanzada con los gobiernos de Latinoamérica, no sin antes garantizar la expansión y profundización del Socialismo del Siglo XXI y su corrosivo ideal, demostrado con elementos supra nocivos como: el antiamericanismo, el estatismo antimercado, y el rechazo a la propiedad privada. Para desgracia del país, convirtió el aparato económico en el mecanismo para profundizar el control político, con la firme intención de mantenerse en el poder a toda costa, y restando importancia al futuro de la nación.

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Con el paso de los años, las ínfulas de grandeza derivadas del sabor que produce las mieles del poder fueron transfigurando a aquel hombre “de pueblo” en un indiscutible e implacable dictador, cuya sed insaciable de control en lo público y privado fue socavando al país. Así, nos topamos en hechos y palabras, con un individuo enfermo de odio y resentimiento -como todos quienes le acompañaron y continúan ahora en la era madurista-; quizá por ello, le veíamos hacer énfasis en que “era un pata en el suelo que logró llegar a ser líder de los venezolanos”; pero terminó siendo el verdugo intelectual y material de la vendetta que gestó contra todo el país, sin distingo entre seguidores y detractores.

Por tanto, entre realidades y muchas mentiras disfrazadas, Chávez diseñó a su justa medida, una nueva Constitución y con ello, la modificación de un conjunto de leyes que le abonaron el terreno para lograr su objetivo primordial: perpetuarse en el poder, basándose como se sabe, en la reelección presidencial ilimitada. Se despachaba y se daba el vuelto, dicho en buen criollo, a la vez que sostuvo absoluta indiferencia por las garantías básicas de derechos humanos, como lo ha denunciado reiteradamente Human Right Watch (HRW).

…“Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”, el mantra se convirtió en hecho, porque el hambre no tardó en tocar a sus puertas, en entrar hasta sin avisar y postrarse implacable en sus mesas.

Todo aquello que representaba una amenaza para su propósito dictatorial, pasó a engrosar la lista de enemigos que debían ser eliminados de manera progresiva. El desfile lo encabezaron los medios de comunicación tradicionales, a los que le declaró una guerra a muerte sin cuartel; incrementando “radicalmente” el control de contenidos, además de sancionar leyes que ampliaron y endurecieron las penas previstas.

La estatización se convirtió en otra estrategia certera, que le permitió hacerse de las empresas extranjeras radicadas en el país y la banca, adquiriendo las cementeras, los medios masivos, empresas de servicios, entre otras, hasta lograr un control casi absoluto sobre el aparato económico, que no implicó necesariamente, su potencialización, sino todo lo contrario, el quiebre y desaparición de prácticamente todas ellas. No conforme con esto, provocó una ruptura social del país, dividiéndolo en dos bandos, quienes lo idolatraban y quienes lo adversaban (con la misma pasión); pero además, a los primeros los fue convenciendo que “ser ricos es malo” y sembrando premisas nefastas como aquella que rezaba: “con hambre y desempleo, con Chávez me resteo”, el mantra se convirtió en hecho, porque el hambre no tardó en tocar a sus puertas, en entrar hasta sin avisar y postrarse implacable en sus mesas.

…aunque  el  padecimiento venía mutando, estratégicamente Hugo Rafael -entre carisma y manipulación-, supo solaparlo.

Consolidarse a toda costa, incluso alimentando el hambre del pueblo era una clara meta del intergaláctico, quien estrechó lazos de amistades peligrosas con los líderes de países dictatoriales y represores como Irán, China, Rusia, Cuba. En contra parte, hizo de Estados Unidos su archienemigo, a quien culparía de todas las desgracias que él mismo fue gestando, un discurso por cierto heredado por las nuevas huestes en el poder, aunque ya nadie se lo traga, porque la realidad es abrumadora.

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Quizás uno de los peores legados del hijo “ilustre” de Sabaneta, fue sembrar esa idea de que la sociedad debe vivir de las dádivas del Estado y no al revés. En efecto, en la Venezuela democrática ya existía un sustrato populista fomentado por adecos y copeyanos, pero Hugo Chávez multiplicó por mil esa disparatada manera de dilapidar los recursos públicos, creando una sociedad de rémoras a todo nivel, que convive con un Estado ineficiente, un elefante blanco, tan enorme como incompetente, plagado de gente pero sin los conocimientos y habilidades necesarias para materializar algún objetivo concreto en beneficio del país, aunque dispuestos a todo en “nombre de la revolución”.

Muchas de sus promesas de campaña se diluyeron entre la ineficiencia y la corrupción, por lo que fueron solo eso, promesas. Ninguna mejora en el funcionamiento del país resultó radical o permanente, por eso no extraña que con la llegada de Maduro al poder despertara el monstruo de mil cabezas que dormía detrás de Chávez. Bien lo afirmó Diosado Cabello tras la muerte del “Comandante eterno”: él era nuestro muro de contención. Lo han demostrado los hechos desde 2013, una hecatombe sin freno, una avalancha de ruina y perversión.

Y que quede claro, Chávez sí sabía lo que hacía, nadie lo tenía engañado, la diferencia entre su gobierno y el de Maduro es la velocidad que se le imprimen a la desgracia. Quizá por ello, aunque el padecimiento venía mutando, estratégicamente Hugo Rafael -entre carisma y manipulación-, supo solaparlo.

Estado ineficiente, un elefante blanco, tan enorme como incompetente, plagado de gente pero sin los conocimientos y habilidades necesarias para materializar algún objetivo concreto en beneficio del país, aunque dispuestos a todo en “nombre de la revolución”.

Al quitarse las máscaras, tiraron al traste todo lo que “hubo de hacer bien Chávez”: se perdió la influencia y el estatus en la OPEP derivado del descalabro de PDVSA, y con ello acabaron con las misiones, se multiplicó la pobreza, la inflación ha superado todos los pronósticos; la devaluación de la moneda es un tema que ni ellos mismos comprenden. Hay incrementos sustanciales, pero no en materia de desarrollo y evolución, sino en deserción escolar, en desabastecimiento de alimentos. Así como en la escasez de gas, gasolina y todos los productos derivados del petróleo; en hospitales fuera de servicios, en la diáspora más grande de toda nuestra historia.

La herencia que nos cedió Hugo Rafael Chávez Frías, por una parte, fue un gobierno entrampado en su narrativa de combate, de populismo y de culto a su imagen; y los prospectos que ello suponía para un país, acabaron en la más insondable de las crisis. Mientras que, por otro lado, dejó la profundización de todos los males que pretendía eliminar: corrupción, concentración de poder, dependencia petrolera y pobreza. En fin, nos heredó un país del que hay que emigrar para sobrevivir. Por tanto, aquí no hay nada que celebrar, ni de lamentar pérdidas, después de todo ya entendimos aquello de “no volverás”.