MI NALGA POR UN PAN

Nalga

Zeudy Acosta Paredes/ @zeudyacosta

Los portugueses en Venezuela abundan. Desde las décadas en que emigraron a nuestro país, emprendieron en muchos negocios, gran parte de ellos, panaderías. Aún siento el olor que desprendía desde la madrugada la Panadería Andreina en el sector donde vivía en Maracay; pero en Caracas, donde transcurrió mi niñez, mi adolescencia y parte de la adultez, también tenía mis panaderos favoritos. Fanática y media de los panes dulces, donde quiera que viví buscaba un punto donde hacerme de ellos. Había unos que compraba cuando venía caminando por toda la Intercomunal de El Valle, del liceo a mi casa, y otros en la Roosvelt que encargaba a mi padre.

También me gustan los salados. Una canilla para hacer unos choripanes; un campesino para acompañar la sopa. Y aquel pan de piedra que papá conseguía por San Agustín; ese me gustaba con mantequilla, queso y jamón, o con mayonesa (mi yo honesto confiesa que hasta solo). Tenía una concha dura, así medio quemada que crujía mientras sentía un indescriptible placer.

¿Qué tiene todo esto que ver con una nalga? Preguntarán ustedes…Les cuento. Aquí en Madeira, hay tantas panaderías como farmacias, iglesias y ópticas. Y por supuesto, panes; aunque en asuntos de panes dulces, ninguno supera a La Danesa en Las Delicias, aquellas trenzas eran un manjar del demonio. Dios no pudo crear semejante pecado. Era abominable la adicción (según supe, la revolución acabó con aquello). Entonces, en la isla se consigue, entre muchos, el pan de la abuela, de nueces (solas o con pasas), de cereales, de maíz, negro, integral, con coco, con miel, de batata… con éste empieza todo.

El pan de batata es confeccionado en una especie de rosca grande, recién sacado del horno es un manjar, de lo más sabroso que haya probado. Y ese martes, me desperté con un antojo “panífero”. Quería comer pan de batata. Todo el día de trabajó transcurrió pensando en el fulano pan. En aquellos gramos de masa que me llevarían a la perdición en la noche, cuando visitara a una amiga. Estaba invitada a una reunión con cena incluida, y no podía aparecerme allá sin mi PAN DE BATATA.

Terminé mi jornada, y en mi cabeza sólo rondaban tres palabras: pan de batata. Estaba feliz, entusiasmada porque en poco tiempo la ruta me llevaría a aquella panadería que estaba cerca de la casa para cenar con mis amigos. Me sentía como Heidi en la pradera cuando se columpiaba y cantaba (siempre he creído que fumaba alguna yerba que le producía ciertas alucinaciones), andaba por las nubes, oía sonidos extraños y siempre estaba feliz. Bueno, yo estaba muy feliz, pero sin yerba. Era pensar en mi pan nuestro de cada día, en ese pan que seguramente estaba calientito esperando a que yo entrase al local, para abrir sus brazos y decirme: TÓMAME, SOY TUYO.

Pastaba como Heidi mientras salía del trabajo, y no vi venir a uno de los perros del vecino de enfrente, que aprovechó un descuido de su amo y se escapó por el garaje para aterrizar ferozmente con su hocico en mi humanidad. ¿A dónde más iba apuntar el perro, si no a mi nalga?. Allí clavó sus dientes, en mi poltrona. Mi grito se escuchó en Lisboa, y mi reacción inmediata fue la de apartarlo. Segundos más tarde, caigo en cuenta que estoy herida, y que no hay manera de salvar al soldado Ryan, sin que éste vaya al hospital. El señor para quien trabajaba se dispone a ayudarme y me dice que no es necesario hacer de aquello un alboroto. Volteo a todos lados buscando al dueño del perro y le digo en el más chucuto portugués, que su mascota me había mordido. Su respuesta, que no dista mucho de un asunto detestablemente cultural es: ¿Qué quiere que haga?…Allí, con la sangre hirviendo y sin pensar, le lancé a modo de metralleta todas las palabrotas que me había aprendido en dos años en la isla, claro que también argumentaba la responsabilidad que tiene como amo del perro, pero él se dio media vuelta y se fue.

Yo no quería llamar a la policía y armar escándalo, pero el vecino se lo buscó. Yo sólo quería llegar a la cena, pero era evidente que mi plan cambiaría. Mientras hablaba por teléfono con el oficial, me llegaba el olor del pan de batata, y me imaginaba la mantequilla derritiéndose en él. Me piden la dirección donde ocurrió el sangriento hecho (si no exagero, no suena trágico), mis datos personales y seguidamente me ordenan: vaya al hospital para que le pongan la antitetánica. No sabía si reír o llorar. Una parte de mi, sentía rabia y mucho dolor, sabía que mi estancia en el nosocomio demoraría, con lo cual no llegaría a la cita. Pero no dejaba de reírme pensando que dentro de aquella inesperada escena, en un instante de desesperación e impotencia, el humano reacciona de manera casi impredecible, y que había hablado en portugués con una soltura insospechada. Además de que el pensamiento recurrente no era la vacuna, el tiempo de espera, y las consecuencias de la mordida; yo sólo lamentaba faltar a mi cita con el pan de batata.

CRÓNICA DE UN PAJÚO

LA GALLETA DE SODA

MI PAÍS AJENO

AL PAN,PAN Y AL VINO, VINO

assortment of baked bread on wood table
Dante Garnique
Desde que lo probamos por primera vez, hará unos ocho o diez mil años, no hemos podido dejar de saborearlo.
Los cereales estaban cerca de nuestro entorno y aprendimos a comerlos y quizás por eso en nuestra dentadura hay una mezcla de granívoros y carnívoros.
Al ir sedentarizándonos, fuimos incluyendo en nuestra dieta diaria, granos y cereales; pero había un problema, nuestro estómago no los digerían bien. Entonces decidimos hacer con piedras, lo que nuestros dientes hacían y el resultado de esa molienda, fue humedecido y quizás, de modo accidental fue expuesto al fuego o simplemente al sol y esa torta seca nos agradó y al comerla, nuestro organismo pudo digerir los cereales con facilidad.
Eso fue por allá, entre el Paleolítico y la edad de los Metales; en el Neolitítico.
En esa época, no existía el jua sap; sino la combinación de signos con forma de cuña, en distintas posiciones y cantidades, que se imprimía sobre arcilla y que se conoce como escritura cuneiforme.
Los lugares para ir de vacaciones  no eran Disneylandia ni la Torre Eiffel o El Salto Ángel, sino Sumeria o Egipto.
Las ciudades más cool eran Ur, Uruk o Nippur y uno de los tipos más populares de entonces fue Yemdet Nsar.
En el transcurso de esos días, también se descubrieron la rueda y algunas otras cosas; pero algo ha permanecido inalterable hasta hoy, se trata de nuestro gusto por esa mezcla de cereales triturados, humedecida y calentada, untada con algo de grasa animal.
En la actualidad, en algunos foros científicos digitales, pueden leerse discusiones relacionadas con la adaptación del cerebro de los bebés a las nuevas tecnologías, pero mientras se descubre cómo es afectado el cerebro humano por los juegos de computadora, esos bebés son alimentados como los bebés de hace diez u ocho  mil años; como los bebés de los semitas y de los sumerios, con pan y mantequilla, entendiendo que el pan, no es sólo el de trigo, también lo es, el de maíz, que se conoce con el nombre de arepa y también, con el de tortilla.
Puede haber alguien; pero, quién no se alegra por las mañanas con el olor a pan tostado, a arepas o a tortillas?
Antes se conocía Cómo Babilonia y la Biblia y el Torá hacen referencia al diluvio y la torre de Bebel en esos predios.
Ahora lo conocemos como Irak, Turquia, Siria, Egipto, Oriente Próximo, el Golfo Pérsico, El Mar Caspio, el Mar Rojo, El Mar Negro, El Mar Mediterráneo. La tierra prometida, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Jordania, Jerusalem y sus guerras.
Allí donde Mahoma y Jesús se disputan hoy tierras y popularidad, allí se inventaron la rueda, la escritura y el pan.
El pan se hizo tan importante a través de la historia de la humanidad, que, por dar alguna idea, siglos más tarde, en países como Italia se cuentan al menos 250 tipos.
En Francia, se habla de tantos tipos de panes como regiones tiene el país, setenta, ochenta quizás.
En España se pueden encontrar hasta 315 y solamente en Alemania se conocen más de tres mil recetas.
En tiempos del Imperio Romano, si se decía de una persona: «BONEM PANEM FERT», eso significaba que esa persona tenía cualidades para representar al pueblo en el Senado.
En Venezuela, hoy, en el 2018, la gente se está muriendo de hambre, no hay pan. Para conseguir unos cuantos gramos, hay que pasar hasta cuatro horas en una cola sin que nadie asegure si se podrá o no, conseguir y mientras tanto, hombres, niños y mujeres se desmayan por el hambre y la fatiga y del hombre que ocupa el más alto cargo, es imposible decir que «BONEM PANEM FERT», es que de él ni siquiera se puede decir con certeza, qué nacionalidad tiene.
Han pasado nada más 20 años desde que empezó la dictadura, en Venezuela, es poco tiempo, comparados con los diez mil años transcurridos desde los tiempos de Yemdet Nsar, pero al menos los sumerios nos dejaron el pan. Qué le dejarán al mundo el dictadorzuelo venezolano y su séquito?
«Panem et Circenses» decía el poeta italiano para describir la costumbre de los emperadores romanos, de regalar pan y entradas a la gente sencilla, con el objeto de distraerla y evitar que pensara en los problemas de la política.
Por aquellos días, la «far» servía para la fabricación del «panis secundarius» con el que se manipulaba al «popule».
Así como la dictadura venezolana distrae a la gente con memes sobre las 800 horas mensuales de jornada laboral para los panaderos, o una parodia de atentado al dueño del circo, así, los emperadores romanos regalaban pan y entradas, para mantener ocupadas las mentes de los sencillos y se olvidaran de que la única manera de salir de la dictadura era acabando con el dictador.
La «far» se fue perfeccionando, hasta ser convertida en «farina» y así el «panis secundarius» se transformó en «panis candidus o panis mundus»
Los cereales tienen distintos grados de gluten y almidón en su composición, el trigo posee el 12%, mientras que la cebada, la avena y el maíz, tienen mucho menos,
El gluten atrapa mejor que el almidón, los gases que se desprenden de la fermentación por eso los panes de avena son más pesados, porque el gluten es lo que atrapa el dióxido de carbono y hace que la masa sea más suave y esponjosa y la da al pan una miga más suelta lo que lo hace permeable al aceite y el vino, que fueron los primeros acompañantes de este alimento.
Tomates secos, aceite de olivos y vino con pan, fueron quizás algunas de las primeras comidas elaboradas de la antigüedad.
Todavía hoy existen panes algo rudimentarios, como el lavash árabe, el pita griego o el roti hindú.
A los trabajadores egipcios se les pagaba con pan y cerveza y hay registros de revueltas sociales cuando el pago no se hacía con pan.
Por suerte, en Venezuela, no han habido revueltas muy graves en estos últimos 20 años de dictadura, aunque el régimen, en su afán por mantenerse en el poder, ha destruido muchas vidas y ocasionado muchas muertes.
La dictadura venezolana y los partidos políticos del estatus quo propician por estos días una revuelta social como antesala a un gobierno de transición conformado por el oficialismo y la oposición.
El sistema de gobierno democrático es una tradición que viene de la Grecia antigua, en donde se hacía un pan llamado emolli de Siracusa. Este era un pan con semillas de amapolas y en forma de genitales femeninos, que se hacía en honor a la diosa Deméter, quien enseñó a la humanidad, las artes de la agricultura.
El pan sigue funcionando en todas partes del mundo, pero a la democracia, no se
Sábado 01.09.18
A José Rosario Delgado

MI PAÍS AJENO

Mi pais

Zeudy Acosta Paredes/ @zeudyacosta

Perdí la cuenta de cuántas veces quise regresar. ¿Me quería devolver a Venezuela? Claro, un montón de veces, la posibilidad me acorralaba. Mientras estaba en negación,  el entorno y la realidad me exprimían buscando acabar con mi resistencia, y mostrándome que aceptar era la mejor opción, pero en mi mente la presión de virar la manivela o el timón, en dirección al norte del sur, se imponía. ¿qué iba a buscar allá?. Qué había de lo que yo extrañaba o anhelaba?. En el mismo instante en que partí, ya Venezuela me era ajena.

Secuestro, robo, imposibilidad para adquirir alimentos y medicinas, apagones, ausencia de agua y gas; todo me había golpeado de cerca, en el dorso o el mismo rostro. Una larga e interminable espera nos mantuvo en territorio venezolano. Aguardando con esperanza que aquello terminara, los años nos fueron acorralando, víctimas de mentiras y falsas expectativas. Y sin embargo allí permanecimos, incautos, vulnerables.

Si alguien me preguntara hoy (y vaya que ha sido recurrente en estos meses) si me regreso a mi país, la repuesta es también constante, una onomatopeya del dolor y la franqueza: mi país no existe, mi país es ajeno.

Cómo se puede querer volver a lo que ya no es, a lo que dejó de ser amor, pasión? Cómo creen que puedo extrañar a un fantasma que a diario viene a perturbar mis sueños y mis días?

Ya no puedo extrañarte porque te has impregnado de despedidas, de infinitos sueños rotos, de muerte por doquier. Te has vaciado los bolsillos y las manos heridas no consiguen sostener nada, ni la fe.

Aquel país donde crecí, donde soñé, donde me hice mujer, profesional, madre, es un perfecto desconocido. Allá la muerte anda cazando sin desdén, se cierne el miedo a ultranza. Allá, la supervivencia es una ley que se asume o pierdes. Allá los caminos no conducen a ningún lugar. La única ruta segura es la del exilio. Yo no extraño ningún lugar, ninguna calle o montaña porque nada es seguro, porque todo huele a pena y culpa.

Allá sólo tengo mis afectos, los pocos que me quedan. Ya no hay amigos para un café o una función de cine, para charlas y complicidades. De seis hermanos, sólo quedan dos y mis viejos, cada vez con menos tiempo y templanza. ¿Qué puedo extrañar que aun exista? Si fueron esas ausencias paulatinas las que me empujaron al vacío del destierro…

Eras imperfecto pero pujante. Te vestías de ensueños y bellezas universales, de azules aguas y crepusculares atardeceres. Eras imperfecta pero había luz. Ahora las sombras te cubren y yo dejé de verme en la oscuridad que te arropa. Por eso no te extraño, por eso no quiero volver. Eres un extraño, eres ajeno.

ME VOY A VER EL FÚTBOL CON MI CHIQUERO

Futbol con mi chiquero
Dante Garnique
Mi papá vive en un apartamento de solteros. Una vez a la semana va la señora que junto con mi mamá, le ayudan a ordenar y a preparar algo de comida.
En mi casa vivimos mis dos hijas, mi esposa, mi suegra y mi mamá.
Es sábado por la tarde y transmiten un partido de fútbol. Mi hermana viene de visita y también están la señora que les ayuda a cocinar y una señora que adorna las uñas de plástico.
En la habitación de estar, descalzo y sin camisa, acomodo unas cervezas, tortillas, papas fritas, cigarrillos y mi control remoto.
De pronto, presiento una mirada a mis espaldas, se hace un silencio y a los pocos minutos, una frase lapidaria: Papi, te venimos a acompañar para que no te sientas solito.
Ellas decidieron cambiar de locación e incluirme en la toma.
Enseguida me calzo y me pierdo el primer gol mientras busco una franela.
En una entrevista previa al partido entre España y Rusia, en los octavos de final, la periodista española María Gomez, es sorprendida por un fanático que le da un beso en la mejilla.
La reportera Julia Guimaraes, Brasileña también protagoniza un hecho parecido.
Recuerdo un reportaje en los camerinos de un estadio de béisbol hace algunos años, cuando un caballero, con impecable nudo de corbata , realizaba una entrevista a algunos de los jugadores del equipo campeón. El periodista seguramente tuvo que deshacerse de su traje y sus zapatos, ya que terminó bañado en licor.
Los deportistas lo despeinaban, interrumpían la entrevista con gritos, jugaban dándose manotazos e incitan al entrevistador a que se uniera al juego, al mismo tiempo que éste intentaba llevar a buen término su trabajo.
Producto de haber crecido rodeado de muchas damas, puedo diferenciar entre gladiolos y crisantemos, aprecio el aroma de los nardos y el sándalo, así como disfruto del sabor de la Lavanda.  Y si mis mujeres me piden que vayamos juntos al stadium, seguramente lo haría pero también me haría el indiferente ante los comentarios de otros aficionados frente a la belleza de mis muchachas, no por cobardía, sino porque sé que ellas son hermosas.
Siempre he pensado que las mariposas amarillas son una metáfora del Gabo, por cierto, hubiera preferido Croacia, pero tampoco entiendo porque mi papá decidió mudarse a un apartamento de soltero, aunque lo respeto como respeto al chiquero que me brindó una perspectiva femenina de la vida.
Jueves 09.08.18
A Yosmar Salazar

LA GALLETA DE SODA

Galleta de soda

Zeudy Acosta

A la quinta repicada ella me atiende; inusualmente hoy estaba bien despierta, pero sus respuestas demasiado directas y secas. Ella no es así (fue lo primero que me inquietó). Ni si quiera cuando la despierto cualquier domingo.
Los hábitos y los sentimientos ya no son los mismos. Y es evidente que para nadie que viva en Venezuela, aunque esté en las mejores condiciones financieras, la realidad le es ajena, la realidad le debe impactar con la carga eléctrica de un relámpago.
Pregunto, ya es costumbre, por los chamos y su mamá. Como un ejercicio rutinario –aunque sabiendo la respuesta-, también abordo la situación país.
Tenía varias semanas sin llamarla. Y en escasos días cualquier cosa puede ocurrir; más si se trata de nuestro país. No hay manera de perder la capacidad de asombro. La sigo sintiendo fría, un dejo de tristeza que no encaja en su siempre esperanzadora actitud. “Recuerdas aquel malandro que se estaba escondiendo en el edificio –me cuenta-, lo mataron en la entrada. Y ahí está tirado, eso pasó en la madrugada. La policía custodia el cadáver mientras lo trasladan a la morgue”.
No es un secreto el depósito de cuerpos sin vidas en que se ha convertido la principal morgue venezolana, la de Bello Monte. Los reportes, aunque extraoficiales, dan cuenta de que son apilados unos encima de otros, y que las condiciones de salubridad no son precisamente una norma en el lugar.
Algo me dice que no es la situación relatada lo que ha trasformado por dentro a mi amiga. Se ha extraviado su esencia cristiana, su apego a la fe parece tambalearse en la cuerda floja. “Esto está todo revolucionado –prosigue ante mi menudo silencio-, es difícil salir o entrar, pero me estaba vistiendo para ver si consigo papas. Me dicen que hay un camión vendiendo. Son como mil bolos menos”.
No vacilo más, voy directo al grano; siempre hemos sido así. Una amistad que nos unió apenas siendo adolescentes, no tiene mucho que esconder. Demando una explicación de la que más tarde me arrepiento. “Esta semana cenamos los tres un paquetico de galleta de soda. La porción más grande para Eduardo (tiene 5 años); pero Diego (de 18) se molestó. No entiende por qué debe comer menos, no entiende que su hermanito debe alimentarse mejor y que él puede aguantar más por ser adulto”.

…”Esto se acabó, vida
la ilusión se fue, vieja,
el tiempo es mi enemigo,
y yo pa´ vivir con miedo,
prefiero morir sonriendo,
con el recuerdo vivo”…

LETANÍA DE 360 GRADOS

 

Giro 360 grados

Belén González

Hace mucho que no puedo dormir tranquila, me despierto de madrugada, por lo general a la misma hora y me quedo en la cama inmóvil sometida por pensamientos oscuros, negativos, mecánicos, repetitivos, en fin, lacerantes.  Busco refugio en la oración, pero la mente se empeña en torturarme con asuntos que no puedo cambiar en lo inmediato, especialmente los tropiezos económicos, la falta de estabilidad, la situación de mi país, tanta gente que quiero pasando necesidades.

Lo cierto es que, usando el argot militar, el cansancio es la divisa en mí día a día.

Ante una condición que pareciera permanente, no me ha quedado más remedio que aprender a vivir con el desasosiego, convencida de que es una situación propia en la vida de todo inmigrante que ya en los cincuenta busca reorganizarse, con la duda constante de si está viviendo o simplemente sobreviviendo ante las circunstancias.

Según los especialistas el cansancio es un asunto normal producto del aburrimiento, la infelicidad, la desilusión, el hastío, la falta de sueño o el exceso de trabajo, y que desaparece después de un periodo adecuado de descanso. Ese no es mi caso, pues mi letanía de pensamientos insanos solo da giros de 360 grados.

Leo un poco más y descubro  entonces que existe un cansancio patológico, anormal y desproporcionado que pareciera irrumpir de manera sorpresiva, pero no es así. Se le conoce como  fatiga y  provoca dispersión, pereza, falta de atención… pero lo más grave es que disminuye nuestra capacidad resolutiva, y nos envuelve en una actividad mental estéril y agotadora. Se acerca a lo que siento, pero falta algo.

Como en el caso de prácticamente cualquier individuo en el planeta, por mi mente pasan  unos 50.000 pensamientos al día, solo que más del 50% son negativos a pesar de mi empeño en llevarles la contraria y a la certeza de que estos no llevan a ninguna parte.

Tras cinco años de lucha cotidiana buscando razones para sonreír, ser agradecida, rendir en el trabajo, inventar nuevos proyectos y superar las pequeñas montañas que me impone la cotidianidad, lo cierto es que la constancia de los problemas a mi alrededor y las ideas turbias que no me abandonan están mermando mi optimismo; eso sin contar a la gente negativa y toxica que encontramos en cada esquina.

Por eso estoy convencida que justo ahora me enfrento a algo más que lasitud, fatiga o tristeza. Investigue, porque sé que esta sensación profunda de desasosiego no me afecta solo a mí, sino a muchos que, al igual que yo, se vieron obligados a dejar la Guarapita de parchita de Choroni, por sabores nuevos, que aunque buenos, no se parecen en nada a la fraternidad con los panas en territorio venezolano.

Fue así como descubrí que el siguiente escalón en esta sensación de que solo tengo problemas es una variedad de depresión endógena, una cosa sencilla y compleja al mismo tiempo: una profunda melancolía, que te mantiene circulando hasta el infinito es lo negativo de la vida si no tomas las medidas necesarias.

Confieso que me asusté, porque el hecho de que mi cuerpo no me está dando la serotonina que necesito (así se llama la hormona de la felicidad), puede llegar a ser un problema grave.  Pero cuando me sinceré con la realidad y abandoné  la lectura científica, me tocó asumir que en realidad  no he superado del todo ese proceso de adaptación a los cambios. Extraño a mi familia, a mis amigos, mis costumbres, mis rutinas, mis facilidades, en fin, mi pasado.

Si vas a un médico, puede que decida mandarte un antidepresivo, pero eso no va a equilibrar tu química cerebral para siempre, por lo que siendo más naturista y orgánica, lo indicado es aceptar que la verdadera solución, en este caso, está en asumir que lo que deje atrás ya no es y nunca será lo mismo.

Mi familia y mis amigos, en su mayoría, también se han tenido que ir, muchos de los lugares que frecuentabas han cerrado ante la crisis económica del país, si estuviera allá seguramente me tocaría someterme a la aberración de sacar un carnet de la patria, y el sueldo no me alcanzaría para pagar aquellos pequeños placeres de antaño, como un masaje de Nadia o visitar un restaurante distinto cada domingo.

Ser sincera con lo que siento, me funcionó porque me dio la oportunidad de ver que esta nueva vida, lejos de mi tierra y del espacio en el que me sentía cómoda y segura, está llena de experiencias, de vivencias que no habría tenido si mi mundo no hubiese cambiado tan drásticamente.  Así que he decidido transfigurar mi perspectiva y visualizar  una oportunidad de aprender más, de ser mejor en muchos aspectos, de interiorizar que la edad es un asunto bastante mental, y de aceptar genuinamente que mi fe, mis capacidades y  mi fortaleza  son mucho más grandes de lo que creía.

La melancolía siempre van a estar por ahí, pero al igual que pasa con el miedo, lo importante es decidir si te hunde o lo usas como impulso. Al final de toda esta disertación que me sirve de catarsis, te confirmo que los problemas se harán presentes, aquí, allá y en cualquier lugar; que nunca dejaras de extrañar lo que amas; y que la oportunidad de descubrir nuevos sabores, amores o dolores, te recordará que sigues sintiendo, que sigues vivo más allá de esa odiosa e insidiosa sensación de pérdida.

No es un camino fácil, pero es posible, generaciones lo han hecho antes que nosotros, es cuestión de darnos la oportunidad. Piénsalo al seguir girando contantemente 360 grados siempre llegaremos al mismo sitio.