SE EXTRAVIÓ LA DECENCIA

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Belén González@mbelengg

Vivimos en una sociedad de moral distraída, maleable en función de las circunstancias o conveniencias; seguramente por eso un individuo honrado, respetuoso, honesto, confiable, leal y correcto, es difícil de encontrar, e incluso para los más ortodoxos, una especie en peligro de extensión. La razón es que quien cuente con tales cualidades está considerado, más allá de lo abstracto del concepto, una persona decente.

 … en la construcción de un posible futuro, trabaja un liderazgo de oposición que incluye varias manzanas podridas.

La palabra decencia deriva del término latín “decentia” con el que se determina un actuar íntegro, adverso a la mentira y la corrupción; siendo por tanto, desde el principio de los tiempos, el referente de calidad en el comportamiento de un individuo. En consecuencia, la gente decente es aquella que vive en función a sólidos cimientos que lo inspiran a ser prudente y a comportarse dignamente, entendiendo sus deberes y derechos para con los demás y para con las normas establecidas.

Una persona decente, no es necesariamente impoluta, porque todos cometemos errores, pero en definitiva éste es un valor que no puede asumirse como un asunto relativo, porque no basta definirse como decente para serlo, si en la práctica nos manejamos entre intenciones ocultas, propiciamos la caída de otros para surgir, omitimos o disfrazamos la verdad, o si nos quedamos con lo que no nos pertenece.

… la honestidad, premisa máxima para el ejercicio de gobierno, no es precisamente la piedra angular en el comportamiento de una casta política criolla,que actúa en función a posturas demagógicas y manejos oscuros.

En Venezuela, hablar de decencia puede resultar riesgoso en muchos escenarios, en especial en el ejercicio de la política. Si bien sería un error afirmar que todo político actúa alejado de la decencia, está claro que la honestidad, premisa máxima para el ejercicio de gobierno en palabras del mismísimo Simón Bolívar, no es precisamente la piedra angular en el comportamiento de una casta política criolla que actúa en función a posturas demagógicas y manejos oscuros.

Da la impresión de que la decencia se ha extraviado y de que son pocos los interesados en recuperarla, seguramente seducidos por esa moral laxa que caracteriza los nuevos tiempos. En este pozo caen griegos y troyanos, aunque ciertamente estos últimos han demostrado un especial talento para convertirse por mérito propio en indecentes, un calificativo que va mucho más allá del simple prefijo, porque define a la persona convertida en delincuente; hecho nada extraño o sorprendente considerando que uno de los más grandes logros del chavismo ha sido la prostitución del individuo.

Son precisamente estos indecentes quienes han hecho de la corrupción, la mentira, la sinvergüenzura, el tráfico de influencias, la asignación a dedo de contratos públicos, el abuso de poder, del robo y hasta del asesinato, una norma. No sólo desdeñan la decencia, sino que actúan de forma inmoral y cínica. Ejemplos tenemos por doquier, militares dedicados al tráfico de drogas con la abierta complicidad del gobierno chavista, torturadores de oficio, y confesos radicales de la “revolución bolivariana”.

… uno de los más grandes logros del chavismo ha sido la prostitución del individuo.

Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que dictan sentencias absurdas para obedecer a los intereses de la élite del régimen, y que además, irrespetan la dignidad de su posición, al reunirse ataviados formalmente para gritar abiertamente y con absoluto desparpajo consignas chavistas dejando claro que lo importante en su ejercicio no es la consecución de la justicia, sino el servilismo.

La decencia en nuestro país está perdida por culpa de sindicalistas que dejaron de representar a los trabajadores para obedecer ciegamente a un Estado-patrono que ha llevado el país a la ruina, y que tiene a la mayoría de los venezolanos viviendo en la miseria. Así como de esos maestros y profesores que usan escuelas públicas y universidades piratas como centros de adoctrinamiento de una pseudocorriente ideológica absurda y distorsionada que beneficia a una minoría en detrimento de la mayoría, que cercena libertades, que vulnera los derechos y no cumple con sus deberes.

Los venezolanos, y hablo en plural porque esa es una responsabilidad compartida, hemos dejado nuestro país en manos de unos populistas indecentes, eso es una desgracia, pero en este momento, lo más peligroso es que en la construcción de un posible futuro, trabaja un liderazgo de oposición que incluye varias manzanas podridas, figuras con reconocido rabo de paja que cercenan la esperanza. Hay quienes afirman que todos tenemos derecho a rectificar, eso no se discute, pero debemos insistir hasta en cansancio en el hecho de que para llevar las riendas de una casa, de una empresa, y en especial de un país, la premisa fundamental tiene que ser la decencia, que, en nuestro caso, ojalá no esté extraviada para siempre.

No es tolerable que el imperio de la indecencia domine en la política”
Emilio Lledó

IRÓNICO: ESTAMOS PERDIDOS

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Dante Garnique / @dantegarnique

Antes de desaparecer de la escena, Anunaki gira sobre sí mismo y mirando directamente a la cámara dice: No podréis recuperar el amor que os he arrebatado.¿Quién se encargará de dibujar sonrisas nuevamente en los rostros de niños desnutridos y sin educación? ¿Cómo recuperar la cordialidad, el saludo fresco de la mañana en la vía pública o cualquier antesala?

Lo absurdo encuentra terreno con frecuencia. Llegar en bañador a una entrevista para el cargo de maestra; trajearse de esmoquin si el puesto es de salvavidas en un club náutico. El uso de la Burka un tema de debate, por lo que significa para algunas sociedades insertas en otras donde su uso no significa nada. Un par de insectos que vuelan en una danza incomprensible a primera vista, aves que escudriñan con sus picos el suelo, mientras se rodean entre sí, con movimientos sin ningún sentido aparente.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos.

Lo interesante, es que en todos esos “inexplicables”, está implícito un proceso de comunicación, en el que también se insertan interacciones casi imperceptibles como el intercambio de miradas entre el lactante y su madre, un apretón de manos o una mutua reverencia, la inclinación hacia el sol de esa pequeña planta dentro de la habitación. Se trata de un tramado de códigos, signos y símbolos que tienen siempre algo que decir.

Uno de estos códigos es el lenguaje, que evoluciona al mismo ritmo que el ser humano para adaptarse, por eso la comunicación entre las personas hace 400 años era tan diferente a la que establecemos hoy día, pues se ha hecho necesario encontrar nuevos significantes para nuevos significados. Pero nuestra capacidad va más allá del código lingüístico, hay otros códigos variables y polivalentes que buscan poner orden en el entramado de interrelaciones propias, de otros, entre otros y con otros, pero el asunto es por demás complejo. El mensaje, cuyo nivel más básico se concentra en el lenguaje hablado y escrito, viene empacado en un sinfín de envoltorios con el poder de alterar la codificación y decodificación del contenido.

Por ejemplo, las posturas corporales agregan contenido a una conversación entre dos personas, así como la indumentaria, los colores, el tono de voz, la mirada, el ritmo, las inflexiones. En una época, el púrpura, representaba la majestad; una toga la academia o magistratura; la heráldica, un cetro, una corona o una banda presidencial, el poder. Pero, las cosas cambian. Desde hace bastante tiempo (20 años aproximadamente) en Venezuela, la investidura de los más altos cargos de poder ha sido trastocada.

Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno

Hace 20 años, era difícil imaginarse a un diputado presentando una moción ante el foro asambleario, luciendo camisa con mangas cortas, mucho menos, haciendo uso de un lenguaje llano y ofensivo. Los términos: “La Bicha y La Moribunda”, sustituyeron al de “Constitución Nacional de la República”. Entre “La Dama” y “La vieja esa”, hay demasiadas diferencias aunque el personaje sea el mismo.

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Hay quienes hablan del Presidente Maduro, quienes hablan del usurpador venezolano y quienes se refieren a él como el dictador de Venezuela. El asunto no es meramente lingüístico, porque ahí subyacen las implicaciones del lenguaje en la conformación de ideas y cultura como elemento cohesionador o de disociación. Es un hecho que el desdén por la investidura y el uso de lenguaje vulgar en el caso venezolano, ha tenido como consecuencia un cambio en la relación ciudadano-Estado.

La política fue (antes de la dictadura Chávez-Maduro) para el venezolano común, una actividad digna. Los líderes políticos de las décadas de los 20’s y 50’s, contaban con el respeto de sus contemporáneos. Fueron esos líderes quienes escribieron la historia venezolana del siglo XX. De hecho, su acción política desembocó en un régimen de emergencia como respuesta a la acumulación de pequeñas fallas que no se corrigieron a tiempo: clientelismo político, populismo, inmediatismo, cortoplacismo, rentismo, provincianismo.

Venezuela abrió sus ojos al mundo y el mundo descubrió a Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX, por su riqueza petrolera. La internacionalización fue resultado de dos hechos fortuitos: el descubrimiento de los yacimientos petrolíferos más grandes del planeta, y al especial atractivo físico de los venezolanos resultado de una mezcla de genes que hace destacar nuestra raza. Pero además, nuestro comportamiento también capturó la atención de muchos. El concepto de amistad del venezolano es único en el mundo, y aunque pareciese irrelevante, esa peculiaridad, habla de nuestra idiosincrasia.

Nuestras relaciones económicas internacionales comenzaron con el intercambio de perlas por objetos carentes de valor comercial entre Caribes y europeos, cuando nadie imaginaba que la riqueza descubierta 500 años más tarde, sería mayor a la de Coche y Cubagua. A pesar de lo siglos, los términos del intercambio siguen dando de qué hablar, como en el caso del embargo de alrededor de 60 toneladas de oro venezolano por parte del gobierno alemán por incumplimiento de pago de compromisos adquiridos en 2016. Un pequeñísimo ejemplo.

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Ahora no son los colonizadores los que sacan provecho, la venta de otras tantas toneladas de oro a Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Dubai, de manera soslayada con intermediación de Uganda, nos da otra pista del tipo de “política monetaria” del narcogobierno, que trastoca todo el deber ser, porque la política es el núcleo de toda sociedad, desde antes de la escritura hasta hoy y lo seguirá siendo mañana; porque ella articula la convivencia, pero en Venezuela, lo del régimen no es la política.

Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX.

El cártel venezolano, es decir, el gobierno en ejercicio ha desarrollado su propio lenguaje “político” y ha redefinido el aparato de poder atendiendo a sus intereses, lo que ha generado en el ánimo colectivo una relación de desapego a la institucionalidad; por no decir una relación de desprecio. Ello implica un ejercicio del poder libre de tutela popular. El krátos venezolano no es, está huérfano de démos.

Lo que existe en Venezuela es un régimen cuyo nombre aún no ha sido escrito. Se trata de una combinación de banda delincuencial involucrada en el negocio internacional de las drogas; pero que se involucraría en cualquier otra empresa ilícita que considerase provechosa. Quizás esto tenga que ver con la procedencia social de la horda que gobierna. Las organizaciones delictivas se fortalecen porque respetan su propia institucionalidad. El narcoestado chavista conducido por Maduro no es ni de casualidad, una organización, es, como ya se dijo, una horda advenida al poder. Probablemente sea eso lo que la conduzca a su destrucción; su nula naturaleza. Su inconsistencia.

Esa es la verdadera razón por la que Venezuela no resurgirá tras la implementación de estrategias de rescate, ya que al parecer, o no hay quien quiera proponerlas o no hay nadie capaz de hacerlo. Venezuela, cual ave Fénix, resurgirá luego de la implosión del Cártel criollo. Sus pugnas despiadadas por el poder y sus desmedidas ambiciones acabarán desgastándolo, así como se agotó el modelo rentista-corporativista del siglo XX. El Chavemadurismo naufragará en su propio mar de estiércol.

El Cártel criollo es sólo un puente útil para la mafia internacional. Los mafiosos venezolanos son guapetones de barrio con poder. Lumpen político. Gente que llegó a donde está, por un accidente de la historia, quienes una vez encumbrados, recibieron apoyo de las mafias transnacionales de la política y el narcotráfico. Esa casta vandálica se deja utilizar a cambio de unas migajas del negocio de estupefacientes. Esto nos da otra idea de la “ideología” del régimen.

Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo.

Así que la propuesta de realizar elecciones en Venezuela solo obedece a una de las siguientes razones: Se es cómplice de la dictadura; se desconoce el problema; se conoce el problema pero se ignora porque produce beneficios; o finalmente no existe el problema. Lo cierto es que la transición venezolana no es institucional, sino cultural. No se trata de cambiar un gobierno por otro, sino de reconstruir las instituciones, la idiosincrasia, la identidad nacional, sin tomar esto en cuenta una la propuesta electoral pierde sentido.

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Estamos en la era de la revolución digital y el mundo de los valores está siendo reseteado, estamos en proceso de reprogramación. Izquierda, derecha, comunismo, socialismo, democracia, nación, Estado, familia, son todos conceptos sometidos a revisión y actualización. Quizás la crisis venezolana se convierta en una coincidencia histórica que nos ponga a tono con la reprogramación cultural del mundo moderno.

Veámoslo desde una perspectiva postmodernista: el New Age. Los seres humamos proyectamos lo que pensamos, las energías deben ser canalizadas apropiadamente, tenemos que enriquecer nuestro mundo interior. Toda crisis es una oportunidad, hay que ver el lado positivo de las cosas. En consecuencia, el universo nos está dando la oportunidad de replantear el concepto de gobierno. Colocarnos a la diestra histórica de Atenas.

Los más escépticos, pueden ver el asunto desde otro punto de vista. Quizás la solución al problema venezolano no se ha encontrado, porque está siendo abordado a partir de una falsa premisa, quizás en Venezuela no exista ningún problema ni nada que reparar, quizás con un llamado a elecciones todo se resuelve. Quizás la venta de oro haya sido la decisión económica más acertada del “conductor” del régimen. Quizás los tres millones y medio de venezolanos que han salido del país, lo han hecho bajo los auspicios de George Soros, y quizás los índices de desnutrición, prostitución infantil y deserción escolar, son producto de una guerra mediática. Irónico. Absurdo.

Es posible que tras nuevas elecciones en Venezuela, toda duda sobre la viabilidad de la democracia desaparezca. Quizás, tras nuevas elecciones, resurja la empresa petrolera más poderosa del planeta, y los Guerreros del teclado, que viven privilegiadamente en el exilio, cual Avengers, o GOT, dando lecciones de “Real Politik” muy necesarias para comprender lo que sucede en Venezuela, descubran que todo es una cyber ilusión.

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Probablemente, después de las elecciones, sea conveniente convocar a una consulta popular para revisar la Constitución y entonces ajustar, entre muchas otras cosas, los períodos presidenciales, para que así, dentro de cuatro o cinco años, dependiendo de la nueva reforma, se pueda convocar a nuevas elecciones, ajustadas a la nueva constitución. En el ínterin, Venezuela se habría procurado el lugar que le corresponde en el siglo XXI. Sí, sería cuestión de uno o a lo sumo, dos períodos presidenciales el tiempo requerido para sacar al país del laberinto en el que se encuentra.

Definitivamente, esta es la solución a los problemas de Venezuela: elecciones periódicas. Campañas electorales, candidatos abrazando niños y ancianos. Esperanza, mucha esperanza y mucha fe. Lo más importante ya se ha logrado: demostrarle a la comunidad internacional que no se requiere de ayudas externas.

Por suerte, aún contamos en Venezuela, con suficientes líderes del siglo pasado, con la experiencia suficiente para crear partidos políticos modernamente antiguos. Y si a alguien se le ocurre comparar la situación venezolana con el Holocausto, no pierdas la calma, siempre habrá un intelectual dispuesto a demostrar que eso es falso y absurdo. Si a los Estados Unidos se le ocurre interesarse por comprender por qué hay tanto ruido en la encrucijada de América, Stanley Kubrick, se lo podría explicar.

En Venezuela ya no vuelan mariposas amarillas. Ya no quedan más jardines. Ya no se escuchan risotadas en los parques. ¿Qué es un parque? ¿Qué es un niño feliz? ¿Dónde vive la inocencia? Hace tiempo ya la gente no se saluda con gentileza, ni siquiera se saluda. Se nos rompió el amor y nadie parece darse cuenta, sólo los anunakis.

Lunes 22.06.2019
A Nicole Mary Kidman.

LA CÁRCEL QUE ES VENEZUELA

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Zeudy Acosta Paredes@zeudyacosta

Venezuela es un país que se desdibuja en cifras. Todo cuanto de ella emana es un conjunto de números abismales, que no necesariamente relucen en torno a su desarrollo. Deudas, inflación, corrupción, pobreza, muertos, eso prevalece. Pero además, quien allí permanece todavía, también es un número de presidiario, porque aun sin cometer delitos, millones de venezolanos están presos; Venezuela es una cárcel.

Recuerdo que por allá en 2012 vi por primera vez la descripción y explicación minuciosa del pranato en Venezuela, publicado en un diario nacional. Habíamos escuchado sobre el tema, pero quizá nos negábamos a aceptarlo del todo. Se trataba de la radiografía  estructural  de una organización delictiva que operaba desde los recintos penitenciarios, que además funcionaba como un apéndice del régimen que otrora lideraba Hugo Chávez y que, en consecuencia, hereda Nicolás Maduro.

... aun sin cometer delitos, millones de venezolanos están presos… 

A más de 50 mil asciende el número de privados de libertad del sistema carcelario venezolano, a los que se suman cerca de mil por razones políticas, los denominados presos de conciencia. Y como si esto fuese poco, la otra parte de los ciudadanos también pueden ser considerada como reclusos, entendida así: los que no tienen los recursos para emigrar (incluyendo a aquellos cuya edad es una máxima limitante, o los enfermos); y los que tienen «casa por cárcel». Y no estoy hablando de aquellos de orden político, sino del ciudadano común, ese que se recoge temprano por la inseguridad, o que no sale por el ineficiente sistema de transporte, por la falta de gasolina, por la ausencia de efectivo, y pare usted de contar; Venezuela es una cárcel.

La crisis que paradójicamente sostiene el régimen dictatorial de Maduro, arrastra consigo diversos elementos relativos al contexto político (la oposición cada vez menos asertiva, no escapa), económico, social, moral y psicológico. «El carnaval de barrotes» que se ha instalado en los 916.445 km2 que delimitan al país es de dimensiones insospechadas, y salir es una titánica utopía. El pranato liderado por Maduro y todos los que le acompañan en esa comparsa de malandros, dentro y fuera de los recintos penitenciarios, se ha ingeniado una estrategia deliberada, criminal y difícil de creer desde otras latitudes.

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Delinquir en Venezuela es de lo más natural y cotidiano, así también se ha traspolado la cruel e inhumana realidad de las prisiones al lado externo, desde dos dimensiones: es un secreto a voces lo que ocurre a nivel interno en términos de asesinados, hacinamiento, violaciones y la eterna disputa entre las bandas organizadas que allí operan por el liderato del tráfico con drogas, armas; sin dejar de lado su responsabilidad en los cuantiosos secuestros y sicariatos en ascenso.

«El carnaval de barrotes» que se ha instalado en los 916.445 km2 que delimitan al país es de dimensiones insospechadas, y salir es una titánica utopía.

Por otra parte, lo que ocurre con los centros penitenciarios no dista mucho de ser parte del acontecer diario de cualquier escenario en el territorio nacional sin distingo de razas color político o religión. En efecto, cuando se habla de las torturas a las que son sometidos los presos políticos en Venezuela en los sótanos del Sebin, cualquiera sea su denominación cromática, conviene destacar que han sido catalogadas por la ONU como uso generalizado y sistemático de fuerza excesiva. Los tratos crueles, degradantes e inhumanos empleados sin pudor y sin distinción, no se circunscriben a este sector.

El odio que los mueve y motiva no encuentra parámetros o límites, porque muy poco les importa aplicar métodos de tortura dura con los apagones y cortes eléctricos, con las largas colas para abastecerse de gasolina o cobrar una miserable pensión. Es una tortura no tener agua, gas, transporte. Es criminal no tener garantías de alimentación básica, ni acceso a la salud; es un atentado negarle la posibilidad de tener un futuro a los niños y adolescentes, por la ausencia de comida, medicinas o seguridad; Venezuela es una cárcel.

En la cárcel que es Venezuela hoy, cada vez es más complicado obtener un documento tan simple como un pasaporte, una suerte de boleta de excarcelación para quienes logran superar el resto de los obstáculos en esta carrera de supervivencia. Es tan complicado que cada vez hay menos autobuses para viajar hacia la frontera (sin contar la inadmisible cifra de alcabalas que se deben sortear pagando vacuna a policías y guardia nacional, por igual). Las embajadas y consulados van esfumándose progtesivamente sin que se puedan gestionar visas (EEUU y Canadá, por ejemplo), la guinda del pastel.

¿Saben por qué les cuento y describo todo esto? No para meter el dedo en la llaga, porque creo que todo es tan abrumador que no nos cuestionamos sobre la realidad, porque ella nos ha ido carcomiendo y conducido como caballos domados con gringolas impedidos para enfocar y sincerarnos, pues son demasiadas fuentes se dolor y quizá sin darnos cuenta, no hemos comprendido la cárcel que es Venezuela.

CUANDO LLORA UNA MADRE

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Zeudy Acosta Paredes@zeudyacosta

¿Cuántos motivos o razones puede tener una madre para llorar? Una madre no es un sujeto común. Tiene, por naturaleza, cualidades que la elevan y distinguen de otros, indiferentemente de su especie. Cuando una madre llora no miente, y cuando son sus hijos la causa de su llanto, no hay consuelo posible.

Venezuela tiene nombre de mujer, es una mujer, una madre con más de dos siglos a cuesta. Ha parido a millones, y tiene un corazón tan noble y bondadoso que ha multiplicado su amor abrigando y adoptando a miles de huérfanos de otras madres del mundo. Es por antonomasia, luz, vida y protección, y en esa condición está dotada de una entrega desinteresada de brazos abiertos, de ojos cerrados y de corazón palpitante.

Venezuela es una madre que ve con honda pena cómo mueren sus hijos en manos de sus propios hermanos, cómo muchos de sus más nobles y prometedores hijos se han ido de casa, en un éxodo sin retorno.

Una madre lo da todo, sin prejuicios, sin mezquindad, sin reservas. Sólo quisiera ser recompensada, amada de la misma forma. Sin embargo, aunque a la madre Venezuela algunos de sus hijos la han querido para bien, la han defendido hasta con la vida; otros cegados y ambiciosos, la han manoseado y maltrecho, la han pisoteado y robado. Venezuela, como una madre dócil y abnegada, incapaz de comprender tanta saña, crueldad y odio, llora en la oscuridad de la noche, en el silencio de sus calles, en la resignación de las almas.

La más excelsa felicidad se le viene transformando en el más agrio y profundo dolor; una sombra de resignación opacan la dignidad, la inventiva, el futuro prometedor. Hay una congoja que va permeando como una hiedra, calando y ganando terreno y, en calidad de espectadora, Venezuela es una madre que ve con honda pena cómo mueren sus hijos en manos de sus propios hermanos, cómo muchos de sus más nobles y prometedores hijos se han ido de casa, en un éxodo sin retorno.

Con su rosario en la mano, la madre Venezuela va contando niños muriendo de hambre, por la ausencia de tratamiento médico, por la indiferencia de unos y de otros. Ve cómo prevalece la adoración del hombre por encima de Dios, y la ambición por encima de la humanidad. Con su rosario en la mano, va llorando por las niñas y adolescentes que se prostituyen para sobrevivir dentro de casa y fuera de ella. Por los hijos que han cruzado la frontera a pie hacia otros países del sur, convertidos en caminantes errantes. Cuenta por cuenta, el rosario seca sus lágrimas por los más pequeños que han quedado solos, porque sus padres huyeron para nunca más volver. Por los jóvenes caídos mientras reclamaban el derecho a la vida.

¿A quién no le conmueve ver a una madre llorar, ver a su propia madre romper en llanto y sin consuelo?

Dicen que cuando se tiene a un hijo, se tiene a todos los hijos del mundo, porque el sentimiento se multiplica al saber y conocer cuánto amor representa, cuánto está dispuesta a hacer una madre por los suyos. Cuando se piensa en el  pesar de cada madre venezolana, porque le ha tocado despedirse de sus hijos en el cementerio, en el aeropuerto, en un autobús vía la frontera, el lamento se multiplica, se viraliza. No hay manera de acostumbrarse a ello.

Una madre es la flor de la sensibilidad, y su llanto no es poca cosa; cuando llora, no es el afán de limpiar sus penas, es la pena misma la que enjuga su dolor. De sus pechos, ya no sale leche; sus manos ya no sirven para cultivar; sus brazos sólo sujetan martirios y en sus hombros la carga que la avaricia conlleva. ¿A quién no le conmueve ver a una madre llorar, ver a su propia madre romper en llanto y sin consuelo

Esta madre hermosa de norte a sur, de este a oeste, está dolida, ha sucumbido. Nos ha tocado abandonar la casa grande, pero no podemos abandonarla a ella. Cada cual puede darse la vuelta no sólo para mirarla de lejos, sino para consolarla, reanimarla, y darle esperanzas y motivos para volver a sonreír.

¿NOS MERECEMOS EL CHAVISMO?

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Belén González / @mbelengg

Más de la mitad de mi vida ha estado vinculada a la política y a los políticos. He visto, escuchado, conversado, rechazado, asumido y confrontado, aunque directamente nunca hice política, si acaso, llegue a ser el adorno en uno que otro evento. Sin embargo, como periodista si me atreví a cuestionar públicamente “lo chueco”, sin importar si los que actuaban en detrimento del colectivo eran griegos o troyanos.

… ni en esto ni en nada se puede generalizar, porque los idealistas, los que tienen vocación de servicio y los genuinamente comprometidos existen…

Esa experiencia me sirvió para enfrentar mentiras enormes, verdades maquilladas, realidades ajustadas al interés de un individuo o grupo, discursos lindos, pero vacíos, mentes intransigentes, gente que se vendía y se compraba, ambiciones desmedidas, afán de figurar y personajes convencidos de su superioridad en todos los niveles. En pocas palabras, descubrí que la mayoría tenía su “rabo e´paja”, como decimos en criollo.

Muchos de esos personajes que alguna vez escuché, entrevisté, conocí o incluso visitó la que fue mi casa, siguen formando parte de la casta política venezolana, la mayoría en el bando de oposición, aunque hay algunos en el chavismo, y otros que están un rato aquí y otro allá, como en la época de la guanábana. Claro, ni en esto ni en nada se puede generalizar, porque los idealistas, los que tienen vocación de servicio y los genuinamente comprometidos existen, y han hecho siempre su trabajo sin tanto espaviento.

Hoy estoy lejos de todos ellos, pero la globalización y la digitalización me permiten seguir sus pasos, escucharlos, leerlos, y lamentablemente confirmar que en sus mensajes aún se dejan colar el interés, las medias verdades, las costuras que, por lo visto, son una marca indeleble. Es triste ver cómo se siguen mezclando el trigo y la cizaña en un campo tan noble y fértil como ha sido siempre Venezuela.

Ciertamente, a estas alturas nada se gana con acusar o victimizar, con dar nombres o fechas; porque lo que siguen siendo capaces de hacer, sólo demuestra lo poco que han aprendido en estos 20 años de disparate y tragedia. Ante tanta puñalada “trapera” disfrazada de crítica y denuncia en redes sociales me pregunto: ¿Será que realmente nos merecemos el chavismo?

De alguna manera, todos somos responsables de la situación en Venezuela, y me refiero no sólo a los políticos de oficio, sino a los ciudadanos, a los venezolanos que se decantan por reaccionar con apatía, escuchar cantos de sirena, o en el peor de los casos, poner precio a sus conciencias. Aunque sin duda, el golpe más duro es que algunos de aquellos a quienes llamamos líderes sigan dando el peor de los ejemplos.

Aunque sin duda, el golpe más duro es que algunos de aquellos a quienes llamamos líderes sigan dando el peor de los ejemplos.

Es comprensible que los venezolanos, abusados en extremo, quieran una solución inmediata, casi mágica, pero que haya gente que atice las llamas para quemar en la hoguera a los que buscan soluciones, es terrible. Han asumido el rol de inquisidores, pero porque les interesa o les conviene, no porque tengan una respuesta; simplemente quieren, como siempre han querido, defender a toda costa su posibilidad de alcanzar una cuota de poder. Ellos van en la comparsa o no hay carnaval, así de simple. Es repugnante.

Algunos amigos que saben de política de verdad, no como yo, me dicen que esos inquisidores de oficio son un mal necesario, pero me resisto a creer que eso sea verdad. Que pena que la política se dibuje como un juego sucio hasta en las series de Netflix. Peco de ingenua, lo sé, pero leer a “opositores” enlodando a Juan Guaidó, a dirigentes desesperados por una candidatura, a partidos políticos intelectualizando sin acción, y esa sospecha de que alguien se robó la ayuda humanitaria, me descompone.

No quiero aceptar que merecemos lo que el país está viviendo, pero si los vicios se mantienen no es viable esperar algo distinto, y sí, me refiero a griegos y troyanos. Decantar es un mecanismo de purificación, pero pocos lo consideran necesario, por eso caímos en un juego macabro donde nadie es dueño de la verdad. Ese obscurantismo es, precisamente, la razón por la que el chavismo sigue ahí, lo merezcamos o no.

VIDA DE MERETRIZ

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

Una mañana cualquiera, entro a mi correo y me percato que en la bandeja de los emails no deseados cohabitan 69. Este número siempre me resulta interesante, pero por circunstancias vinculadas a lo lujurioso, y ese es otro tema.

Creo que cuando hice el contrato con la empresa que ofrece el servicio de Internet, teléfono en casa, tv por cable y líneas de celulares, todo en un sólo paquete – impelable-, firmé la sentencia. Una especie de compromiso o contrato prenupcial.

Ofreces tus datos básicos, nombre y apellido, identificación, dirección y el correo electrónico, pero jamás imaginas que en aquellas letras pequeñitas, parecidas a las 45 hojas que incluye un contrato bancario, por allá en la línea cuatro mil doce, decía: «acepta usted el envío de publicidad y promociones de empresas asociadas a nosotros». Y, aunque no conocía al contrayente, ni estaba enamorada, dije que sí. Como diría Osmel Sousa, «Eres bella, firma aquí», y firmé.

Es evidente que todo esto se ha pensado en la frialdad de una oficina que ya ha estudiado sigilosamente con antelación, la conducta del consumidor y sus defectos, o digamos, sus limitaciones visuales. De manera que, caí en la trampa, y a los pocos días ya tenía abarrotado el correo.

Apenas unos segundos bastan para que el mundo de la publicidad y sus mercenarios, te manoseen la vida, la cojan a su antojo, te besen el cuello

Pero además existe una interconexion entre todo lo que cohabita en esta isla (Madeira). Basta sólo saber tu dirección de email y te atrapa el enjambre de promociones de alarmas para la casa y carros (aunque no tengas), seguros de vida (aunque te estés muriendo), programas para adelgazar, servicio odontológico, todo, absolutamente todo, con promoción incluida. Pueden ofrecerte las cosas más insólitas como créditos que nunca podrás pagar. Nunca faltan aquellos mensajes de oportunidades para ganar dinero ¿y quién no desea llevarse el premio gordo?. Ya he visto alertas de paquetes de FedEx que no han llegado a su destino, pero es lógico, yo no he mandado nada.

Y así se va prostituyendo mi email, de papel en papel, de algoritmo en algoritmo; de cookies en cookies. Basta que lo facilities en determiada circunstancia para que empiece la juerga.

Hace bastante que dejamos de tener vida privada. El más mínimo deseo, la más inocente búsqueda de información devela en redes sociales y todo lo que la globaliza, qué queremos o nos interesa, somos presa de la araña que entreteje la mediatización. Al principio no lo entendía, pero ahora sí. Menudencias de esta era que todo lo puede y todo lo hace, aun sin tu consentimiento. Parece que sin darnos cuenta nos han colocado un chip en la córnea, y mientras le echamos una ojeada a un catálogo, revisas un portal de una agencia de viajes, en el pasillo de un supermercado mientras observas los anaqueles, se activa un rayo fotónico, como el de Mazinger Z que, en vez de neutralizar, ejecuta una multitransferencia con la aldea global.

Apenas unos segundos bastan para que el mundo de la publicidad y sus mercenarios, te manoseen la vida, la cojan a su antojo, te besen el cuello mientras una voz dócil y seductora te dice: compra, es lo que siempre has deseado. Anda que lo puedes pagar a crédito. Si está allí a la vista no es por casualidad, es que te lo mereces.

Me atrevería a pensar que en cualquier parte hay sensores, dispositivos, alguna treta para que incluso mientras conversas, con sólo mencionar una marca, un producto, un servicio, un deseo, la madame del prostíbulo sirva la mesa. No importa cuánto te niegues, cuánto te reserves, no eres dueño de lo que piensas o sientes. Mientras le echas ojo a Instagram, Facebook, YouTube, Twitter o una vitrina, una revista, se te sienta al lado Enrique Iglesias para cantarte al oído: aunque corras, te escondas, no puedes escapar…

ENTRE LA MISERIA Y LA OPULENCIA

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Belén González / @mbelengg

Cuando el chavismo se instaló en Venezuela, tras el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998, muchos esperaban que el fin de la corrupción, que tanto daño hizo al país, y la repartición justa de las riquezas de nuestra tierra se hiciera realidad. Pero esa promesa de los recién llegados al poder se diluyó a tal punto que, a estas alturas, nadie puede creer si quiera, que al menos tuvieron la intención de cumplirla.

Tras más de 20 años, el logro más grande de la revolución bolivariana se describe con una sola palabra: Desgracia. Ciertamente cambiaron los actores, los escenarios y quizás la forma de hacer las cosas, pero para mal. La pobreza se multiplicó trágicamente y se convirtió en miseria, la corrupción de hizo más voraz, y la desesperanza marcó a prácticamente todos los venezolanos de bien.

Pranes, colectivos, bachaqueros, enchufados, boliburgueses, bolichicos… Una gama de calificativos, todos en comunión con la corrupción, la miseria, la descomposición social que ha alimentado el chavismo.

Antes del chavismo, una etapa nefasta para nuestro país que Dios mediante está por terminar, vivíamos en una sociedad capaz de convivir a pesar de las diferencias. El sistema no era perfecto, la gente tampoco, pero ese cambio por el que muchos apostaron nos costó caro; nos costó logros, sueños, solidaridad, paz, esperanza, y por supuesto, las riquezas del país. Con la revolución chavista se inició en Venezuela un periodo oscuro, de profunda descomposición social, que dio origen a una fauna violenta, ambiciosa, sin principios, preocupada únicamente por sí misma. No se trata únicamente de quienes han paseado por distintos cargos de gobierno, sino de esos delincuentes feroces de alta y baja gama reunidos en clanes con un nombre que los distingue, y un delito que los agrupa.

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Comencemos por los llamados “pranes”, un término no tan nuevo que dejó el anonimato en 2011 para convertirse en un vocablo común del argot venezolano. Se usa para identificar a los líderes delincuenciales, en extremo peligrosos, que no sólo gobiernan las cárceles del país, sino que mantienen su esquema de delitos puertas a fueras del penal que los aloja, bajo el amparo de la ministra del sistema penitenciario, Iris Varela.

Están también los asesinos confesos que integran los “colectivos”, resentidos sociales armados por el mismo gobierno chavista, y que ejemplifican a la perfección la violencia de la que es devota la dictadura. Son ya múltiples grupos que operan a nivel nacional bajo el ala protectora de autoridades y gobiernos locales y regionales de todo el país. Fueron creados como “brazo armado de la revolución”, pero han florecido gracias a delitos como el secuestro, la extorsión y el sicariato.

Otro grupo, aunque no violento, y que muchos ante la urgencia han calificado como “un mal necesario”, son los “bachaqueros”, que en realidad pueden calificarse como neocontrabandistas, de alta o baja monta, porque hay quienes negocian por volumen y otros que cobran por deshacerse de lo que les sobra.

En Venezuela vivimos de la miseria a la opulencia, dos extremos entre una mayoría que ya no tienen nada, y estos delincuentes que se llenan los bolsillos cometiendo delitos

Estos operadores que hacen dinero de forma descarada a costa de la carencia de otro ser humano, una absoluta desvergüenza, han sido calificados por el régimen como una “plaga”; se les responsabiliza por la escasez, y hasta se tomaron medidas gubernamentales para detenerlos, pero nada ha funcionado porque la dictadura de Nicolás Maduro ha hecho de la economía del país un circulo vicioso, en el que los niveles de inflación fomentan la reventa de productos de precio fijo. Y ni hablar de quienes viven comercializando dólares en un mercado que es simplemente, un desastre.

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En Venezuela vivimos de la miseria a la opulencia, dos extremos entre una mayoría que ya no tienen nada, y estos delincuentes que se llenan sus bolsillos cometiendo delitos. Dicen que, los llamados “enchufados”, grupo que reúne a quienes gracias a sus nexos con el régimen tienen acceso a bienes y recursos que les garantizan una vida cómoda libre de necesidades, no son delincuentes, pero la verdad es que al vender su dignidad, se integran a la espiral de corrupción que consume al país.

Y lo propio han hecho los “boliburgueses” que, siendo de izquierda de la boca para fuera, se han construido una vida de gustos y placeres, aderezadas con un buen whisky 18 años, sin importarles en lo más mínimo los venezolanos pasando hambre, los niños muriendo en los hospitales, o los inmigrantes que cruzan fronteras a pie buscando satisfacer sus necesidades básicas.

Aunque hablando de corrupción, el premio mayor le corresponde al grupo de los “bolichicos”, quienes dejaron como niños de pecho a los que vivieron de las arcas públicas durante la Cuarta República. Estos descendientes de las otrora familias pudientes del país, venidas a menos por culpa de la Revolución Bolivariana, hoy convertidos en vulgares ladrones, diseñaron y ejecutaron nuevos modelos de corrupción con el respaldo de altos cargos en el gobierno a través de la adjudicación “comprada” de contratos con el sector público.

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Los “bolichicos”, término creado en 2010 por el escritor y periodista venezolano Juan Carlos Zapata para referirse a los jóvenes contratistas del gobierno, obtuvieron en total 12 megacontratos en apenas 14 meses, entre 2009 y 2010, adjudicados sin concurso a la empresa Derwick, dedicada a la construcción de plantas de generación eléctrica, subestaciones, y centrales hidro y termo eléctricas, por PDVSA, Corpoelec y la Corporación Venezolana de Guyana. El monto inicial de estos contratos estaba en el orden de los 2.873 millones de dólares, pero la factura final alcanzó la escandalosa cifra de 5.044 millones, lo que confirma un sobreprecio de más de 2.000 millones de dólares.

La pobreza se multiplicó trágicamente y se convirtió en miseria, la corrupción de hizo más voraz

Entre estos expertos del “guiso”, corresponsables del actual problema eléctrico de nuestro país, están: Leopoldo Alejandro Betancourt López, Pedro Trebbau López, Francisco Convit Guruceaga, Domingo Guzmán López, y Orlando Alvarado. Mientras que entre sus socios se cuentan: Raúl Gorrín, expresidente de Globovisión; Alejandro Andrade, ex guardaespaldas de Chávez y Tesorero Nacional entre el 2007 y el 2010; Mathias Krull, exbanquero suizo; Nervis Villalobos, exministro de Energía Eléctrica; y Diego Salazar, alias “El rojo de oro”, intermediario de PDVSA. Pero la red es bastante mas extensa si nos ponemos a contar a los testaferros, otra actividad muy rentable económicamente en la Venezuela chavista.

Tras robar a placer, buscaron la forma de seguir alimentado su monstruosa ambición, extendiendo sus tentáculos a Estados Unidos y España, abriendo empresas con capitales de dudosa procedencia, comprando caballos pura sangre, y bienes raíces; pero si bien el tuerto es rey en el mundo de los ciegos, en esos países tienen visión 20/20 y por eso los que no están presos, ya están bajo investigación. Les duró poco la opulencia, pero el mal está hecho.

NO ME OLVIDES

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Dante Garnique / @dantegarnique

La tierra se abre y recibe mi semilla.
Recibo yo luego su fruto, sin llanto pero igual que un hijo, lleno de vida.
Pueden ser flores, frutas, hortalizas o a lo mejor, sólo su aroma. Olor a tierra. Olor a ella. Hoy recuerdo, hoy sólo puedo recordar. ¿Quién dijo que recordar es vivir? Para muchos, recordar es morir.

Recordar lo que pudo haber sido pero no es, y que aunque pudiese eventualmente ser, es más probable que no sea; porque no se está donde se debería o donde se desearía. Así es para muchos venezolanos, más de tres millones y medio.

¿Qué nos une, qué nos hace comunes y qué nos diferencia de quienes no son venezolanos? Recordar es morir. Cada día, ¿es acaso un día más o un día menos? Un día más, vivido, pero también uno menos de vida; y cuando esos días transcurren lejos de la tierra, de esa tierra cuyo aroma sólo se puede recordar, ¿son entonces días más de vida, o días menos?

Esta tierra es distinta, no huele igual, pero me regala sus frutos que me saben dulce, pero me amargan. ¡Qué emoción acompañó a mi primera hoja de cilantro cosechada, cuánta nostalgia me produjo!  ¿Dónde está la diferencia al hablar de petróleo o de papas y cebollas, si todos provienen de la tierra?

Mis recuerdos huelen unas veces a mar, a sardinas fritas, pero no a petróleo. La tierra de aquí ensucia la ropa y los zapatos, la tierra de allá se saca con unas sacudidas al secarse. Esta tierra es diferente, pero me brinda sus frutos, se abre a mi, se abre.

Hoy somos nosotros a quienes se nos ve llegar; pero cuando éramos nosotros quienes veíamos a otros llegar, los podíamos diferenciar por sus rasgos comunes. Unos olían a especias, otros a pan, algunos a cemento; pero a nosotros, ¿cómo nos identifican, a qué olemos, a petróleo?

No recuerdo en mi infancia haber salido al jardín de la escuela a plantar alguna flor o sembrar una semilla, pero sí recuerdo las tareas sobre la “riqueza petrolera”.

No me olvides, es la flor que hoy, de manera espontánea me brinda esta tierra que no es mía, que huele diferente, que ensucia diferente.

Hasta hace algunos años, recordar es vivir, era tan sólo una frase usada con cierta frecuencia por una tía vieja, quizás sacada de algún bolero que acompañase sus días de moza. Hoy, es un eco que retumba en mi cabeza cada día cómo una pregunta cínica y mordaz.

¿Qué puedo hacer hoy con mi petróleo? ¿Cuál será la respuesta a mi pregunta ahora que tu “arestín mañanero no me mojará los ruedos”? Te veo tan solita.

Aquí no he podido nunca comerme un chocolate como mantequilla sobre arepa recién hecha, porque aquí el chocolate hay que morderlo fuerte a cualquier hora del día y en cualquier época del año, pero el cacao es el mismo. Hoy sólo puedo recordar sus semillas como otro mucílago de nuestra infancia, el mamón y el cotoperix. ¿Recordar es vivir?

También se recuerda a los muertos, sobre todo a los que no se pudo ver morir por culpa del destierro y la distancia. Los muertos que se ven morir duelen menos que los que no se ven morir.

Esta tierra se abre, se abre a mi y me regala sus frutos, no me olvides.

No me olvides.

Miércoles 22.05.2019
A Dayse Bolívar

MILITARES TRAIDORES Y COBARDES

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Zeudy Acosta Paredes / @zeudyacosta

El sector castrense en Venezuela, siempre ha tenido protagonismo en los asuntos políticos y destinos del país. En efecto, podría calificarse de decisivo (para bien o para mal, éste ultimo casi siempre), y muestra de ello pueden encontrarse en el devenir de su historia. Por ello, resulta incómodo pero razonable, que se insista en que los militares, terminen de plegarse a la Constitución Nacional en esta etapa determinante para el futuro del país, y no continuar siendo el hueso duro de roer.

Golpes, asonadas, rebeliones y conspiraciones han marcado trágicamente a Venezuela entre 1835 y 1992, para ser más exactos veintiún en total, incluyendo la protagonizada por Hugo Chávez y su combo. Todo se traduce a un siglo azotado por uniformes, voces altisonantes, fusiles criminalizando familias, y la bota que marcha aplastando todo a su paso.

En efecto, en la práctica, han sabido subrayar la muerte, por encima de la patria, prevaleciendo el culto al hombre y no a la institucionalidad.

La Armada, Aviación, Ejército y Guardia Nacional (los cuatro componentes de la FANB), es el brazo musculoso, pero estéril y deshonroso del sistema político venezolano. Su rol en pro de la democracia ha dejado siempre un mal sabor. Hay una estrecha relación entre las crisis y los movimientos activos de orden militar, pues parecen estar ligados a una constante intervención, que normalmente no contribuye a la resolución de conflictos, sino de acrecentarlos. Una especie de tradición los conduce a involucrarse siempre en movimientos fuera del orden constitucional de forma abierta o solapada, pero irónicamente, después de golpes militares, ha renacido la democracia.

Ahora bien, fue el Pacto de Punto Fijo, con sus aciertos y desaciertos, el que puso freno a la intervención militar en los asuntos de carácter político. Sin embargo, una vez aprobada la enmienda constitucional del 99, se incorpora a este sector para tener protagonismo -mas allá de ser custodios de los procesos electorales-, otorgándoseles el derecho al voto -como en muchas naciones del mundo-, sólo que en Venezuela se desfiguró por completo la institucionalidad castrense al asumirse y declararse públicamente como una fuerza armada socialista y chavista, que comulgó además con el lema «Patria, socialismo o muerte» en su momento. En efecto, en la práctica, han sabido subrayar la muerte, por encima de la patria, prevaleciendo el culto al hombre y no a la institucionalidad.

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De hecho, asumida la investidura como Primer Mandatario Nacional, Hugo Chávez, no tardó en mostrar su talante como militar, aunque al principio supo enmascararse. Exmilitar y exgolpista, se encargó de ubicar a sus leales uniformados o no, en cargos ministeriales y de importancia capital como PDVSA y el SENIAT. Le siguieron las gobernaciones, las alcaldías, y todo en cuanto pudieran meter mano dura, pero no para reactivar y convertir al país en una pujante nación, sino todo lo contrario, se encargaron de destruir progresivamente – además de la imagen medianamente respetable del hombre de verde-, la industria minera, agrícola, pecuaria y, hasta los servicios públicos como el gas, el agua y la electricidad. Una muestra irrefutable de que “zapatero a su zapato”.

Es así como, los oficiales de más alto rango, están vinculados al Estado narcomilitar, a quienes se les conoce mundialmente como el Cártel de los Soles, muchos de éstos con multimillonarias cuentas en el exterior, mansiones y otras propiedades que sirven como mecanismo del lavado de dólares para lo cual usan a testaferros, y sin embargo, están fichados y muchos engrosan la lista de criminalización en investigación que se gesta desde EEUU. ¿Será esa la respuesta a la no intervención a favor de la democracia?

Eso sí, son valentones cuando se trata de agredir y aplicar el abuso de autoridad con el ciudadano común, pero ya sabemos que a la hora de la chiquita, son expertos en marcar la milla.

Entonces, además de la práctica del matraqueo, el contrabando en las fronteras y las aduanas, de robar flagrantemente en los puestos de registro de aeropuertos internacionales, de generar un gasto desproporcionado para el Estado -incluida ahora la milicia y las hiperbolicas sumas en la compra de equipamientos  que jamás utilizarán, y cuya más reciente aprobación para la adquisición de armas es equiparable a 200 intervenciones quirúrgicas de médula ósea-, y de ser una total vergüenza para la nación en materia de seguridad y defensa, ¿Para qué sirve la FANB?. Por acción u omisión, han respaldado y sostenido a un régimen que ha dilapidado al país, que asesina de todas las formas posibles a niños, jóvenes, adultos y ancianos por igual.

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«A la mala hora no ladran perros» reza el dicho, y esto es lo que nos ocurre en Venezuela, pues en ocasiones puntuales y decisivas han tenido oportunidad de defender y honrar la justicia, la paz y la libertad del pueblo y, en contraposición, defienden a la dictadura rodilla en tierra, literalmente arrodillados, sumisos y sublevados a las órdenes del tirano, frente al que se rinden babeados, desfilan como perfectos aduladores ciegos, sordos y mudos ante la calamidad imperante que también les salpica. Eso sí, son valentones cuando se trata de agredir y aplicar el abuso de autoridad con el ciudadano común, pero ya sabemos que a la hora de la chiquita, son expertos en marcar la milla, como la estampida despavorida que protagonizaron en el acto público donde explotó el dron en la avenida Bolívar. Ya sabemos de su capacidad para la valentía, siempre que se sientan guapos y apoyados, cuando la indefensión ronda.

Por acción u omisión, han respaldado y sostenido a un régimen que ha dilapidado al país, que asesina de todas las formas posibles a niños, jóvenes, adultos y ancianos por igual.

Por tanto, su parasitaria presencia viola flagrantemente la Constitución Nacional, pues se han plegado a un Estado fascista y criminal, como reales traidores y torturadores de oficio, además pagados para ello; no han sido más que batallones de acomplejados, engreídos y serviles sin sentido común ni humanidad. Pero sabemos que esta crisis también los va arrastrando en su aparatoso recorrido, indicando que “la procesión va por dentro”.

Hoy no importa cuántas estrellas o soles lleven las capotas o cuánta presión y amenaza les imprima el régimen. Hoy importa quién desenfunda y dispara a la cabeza o el pecho, quién conduce la tanqueta, quién asfixia con bombas. Quién cierra las fronteras, o quién cobra para que las medicinas y los alimentos entren por los caminos verdes. Hoy prevalece que los perros, tarde o temprano, ladrarán ante los enemigos, ante la maldad, aún disfrazada de ovejas.

TRAGICOMEDIA

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Dante Garnique / @dantegarnique

Mis anotaciones sobre Venezuela, obedecen más a una necesidad personal, que a un requerimiento laboral. Pertenezco o creo pertenecer a una generación a la cual le correspondió asistir a un momento bastante peculiar en la historia del país, y lo que más me asedia es la culpa. La culpa de no solucionar el problema.

¿Y cuál es el problema, a mi entender? Que Venezuela, a pesar de poseer una de las mayores riquezas del planeta; es noticia porque hoy sus ciudadanos, son mendigos de comida, vivienda y de buena voluntad alrededor del mundo. Más de tres millones y medio de venezolanos han salido de nuestro territorio en busca de sosiego. Una dictadura de casi 21 años, no ha acabado con la riqueza; porque la riqueza persiste, esa, está allí. El oro, el petróleo, el coltrán, el potencial turístico.

Quizás lo que sucede es que el problema está siendo tratado desde un punto de vista equivocado.

En 20 años, Santiaga, he oído a historiógrafos decir que el fenómeno venezolano aún no se puede definir porque el caso está todavía en desarrollo. He leído análisis fallidos, a confesión de parte, desde la perspectiva de la teoría de los juegos, teóricos que intentan un análisis utilizando herramientas de negociación y la dictadura sigue allí.

Quizás lo que sucede es que el problema está siendo tratado desde un punto de vista equivocado. Quizás es que se está abordando el tema desde las academias, cuando en realidad se debería estar tratando desde un cuartel de policía, a la luz de SCI y no de GOT. La sociología, la politología, la historiografía, no han podido hallar solución al problema venezolano quizás, porque no se trata de un problema de esa naturaleza, sino de un problema de otro tipo.

Cabe la posibilidad de que el paciente haya sido mal diagnosticado y el dolor de cabeza no se deba a un simple resfriado, sino a un tumor y, por lo tanto, lo que requiere no sea acetaminofén, sino una inmediata intervención quirúrgica.

Desde el 30 de abril hasta la fecha (16 de mayo), se han apuntado armas hacia un nuevo objetivo: el liderazgo emergente. Recientemente, un exministro de defensa de un país latinoamericano exponía que lo que sucede en Venezuela, es que tres generaciones de políticos ven con recelo que un recién llegado pueda borrarlos de la escena, y por ello, esas generaciones de políticos tradicionales estarían haciendo todo lo posible, para que el nuevo liderazgo venezolano fracasase.

Los análisis internacionalistas especulan que si Rusia negocia con EEUU, a cambio de su permanencia en Crimea, que si el problema es que las decisiones se toman en Cuba, o que si hay que resolver primero el problema del ELN, el Hezbola o la deuda que se tiene con China. Son tertulias interesantes para un salón de clases, pero hasta ahora han servido de poco para salvar del hambre y la muerte al pueblo venezolano.

… tres generaciones de políticos ven con recelo que un recién llegado pueda borrarlos de la escena…

El pueblo de Venezuela está siendo exterminado, aunque no con tanques, si con balas y de manera sistemática y con hambre, violándosele desde hace años, valores civiles, políticos, económicos y sociales a través de la escasez y falta de acceso a alimentos y medicinas. Amnistía Internacional, Hambre de Justicia, crímenes de Lesa Humanidad en Venezuela.

Solos, no lo vamos a lograr

Pero la dictadura en Venezuela ha acabado también con la idiosincrasia, el venezolano del 2019 es un individuo aletargado y esquivo de la realidad, esa alegría que lo caracterizaba se ha vuelto un mecanismo de defensa que convierte lo trágico en comedia; pero en el fondo lo que hay es una gran tristeza, el venezolano se ha convertido en un pueblo triste, lo han convertido en un pueblo triste, le han arrebatado su alegría.

Quizás esa culpa que siento, es la culpa de toda una generación, que dice mucho pero que hace poco. Solos, no lo vamos a lograr, elecciones no son por el momento una prioridad. La violencia no es la única salida, un buen bofetón a tiempo no es maltratar al niño, es prevenir conductas impropias en el adulto; pero el engendro venezolano no es precisamente un chiquillo, ya cuenta con veinte.

El amor y el interés se fueron al campo un día, ¿pudo más el interés que el amor que te tenía?

Jueves 16 de mayo 2019
A Dayse Bolívar